The Mule. El longevo melodrama de un Eastwood conocido

The Mule. El longevo melodrama de un Eastwood conocido

Foto tomada de YouTube
Héctor Jesús Cristino Lucas

No sé ustedes, pero cuando veo a Clint Eastwood en pantalla, espero con ansias que alguien desenfunde una pistola y comience a disparar. ¿Y han notado que siempre es así?

Es difícil resistirse al rey del viejo oeste; difícil ignorar al fetiche de Sergio Leone, cuando lo único que viene a ti es una banda sonora que grita sin piedad ¡Ennio Morricone, Ennio Morricone!, cada que aparece. Pero descuiden, que ser justos con el buen Clint es reconocer su maestría más allá del Spaghetti Western. Es aventurarse a reconocerle ya no sólo como un buen actor –tan emblemático como mítico– sino como un artista tan completo y tan versátil.

A sus 88 años, el renegado “Harry El sucio” ha ofrecido una serie de dramas y thrillers tan variados –tan humanos y descarnados a veces– que han sabido quedarse como pueden en la historia del cine. Ya sea por la magnífica dirección o sus espléndidas actuaciones, admitamos que se ha ganado la crítica y la aceptación de la mismísima Academia de diferentes maneras.

A través de Mystic River (2003), por ejemplo, cuyo mezquino thriller sobre aquello que experimenta un padre luego de perder a su hija en un crimen imperdonable, no sólo quiebra y destroza al espectador más duro con la actuación que hizo ganador de un Oscar a Sean Penn; también logra con su banda sonora –compuesta por el propio Eastwood– atacar en los momentos más oportunos.

O de Million Dollar Baby (2004), por supuesto, drama motivacional sobre una mujer treintañera cuyo sueño es llegar a ser una boxeadora profesional pese a los obstáculos y limitaciones de esta sociedad tan corrompida. Lo cual la hizo acreedora al galardón de Mejor Película en los Academy Awards 2005.

Volviéndolo así, una suerte de cineasta norteamericano destacable aunque, paradójicamente, poco reconocido en su faceta de director.

Aunque también es cierto –y esto hay que admitirlo– que sus últimas cintas suelen sobre exagerarse como obras magnas mega imperdibles para el séptimo arte, como Gran Torino (2009), calificada por algunos críticos como “el thriller definitivo anti-racismo de la Historia”. ¿O qué me dicen de Jersey Boys (2014), como un drama musical biográfico “espléndido” para algunos pero que peca a veces de sentimentalista, mientras se regodea en el común denominador de los clichés básicos del tan amado cine norteamericano?

Pero no me malentiendan. No es que odie a estas películas. Pasa que son tan buenas que solemos olvidarnos de esos detalles repetitivos; de la fórmula efectiva a la cual nos han venido acostumbrando; del drama y el sentimiento encontrado a través de arquetípicos personajes de la cultura americana que si bien se repiten y se repiten, terminan funcionando pese a todo.

Algo así ocurre con su más reciente película. Diez años después de Gran Torino, donde lo vimos dar todo de sí en la gran pantalla, regresa y repite la fórmula con un drama basado en hechos reales donde recupera prácticamente todas sus proezas… pero también todas sus flaquezas.

The Mule, vuelve a contar tanto con la dirección, la producción y la actuación de Clint Eastwood para narrarnos la historia real de Leo Sharp. Nada menos que un veterano de guerra estadounidense mejor conocido como “El Tata”, que llegó a traficar –con sus 88 años– cocaína para el Cartel de Sinaloa en México y el propio Chapo Guzmán a través del servicio de “Mula” –transportista de droga– durante toda una década.

La historia de Sharp es francamente impresionante, y luego de conocer a detalle su historia tras los artículos publicados por el propio The New York Times desde 2014, por supuesto que valía le pena que alguien con maestría la llevara a pantalla grande como un thriller dramático.

The Mule no sólo está compuesta por una gran historia y un gran personaje perfectamente bien construido; contiene una poderosa crítica social que hace recordar –una vez más– uno de los problemas más grandes entre dos naciones que, a pesar de que se jactan de ser distintas, comparten los mismos males desde hace años. Una radiografía asombrosa de los problemas sociales, políticos y económicos de Estados Unidos con México, pero visto a través de un ciudadano norteamericano común.

Razón por la que termina siendo un thriller dramático sencillo y fácil de digerir pese a todo.

Estamos tan acostumbrados a relacionar el tema del narcotráfico fronterizo con disparos interminables y acción desenfrenada, que esta propuesta es hasta fresca. Incluso si tratamos con cineastas de corte contemplativo, tan elegantes y asombrosos como Dennis Villeneuve y su potente Sicario (2015), esto termina en un baño de sangre y venganza que rompe la retina a su manera.

En el caso de la apacible The Mule, el suspenso y los giros de tuerca evocan fuerza, furia y coraje, es cierto… pero los contiene sólo y exclusivamente para el desarrollo de sus personajes. Este, a diferencia de muchos otros thrillers sobre narcotráfico y crimen, busca la humanización azotadora, y de ahí ataca; la biografía antes de la acción; y de ahí ataca.  Es la soltura del cine de Eastwood que encanta al espectador.

The Mule es capaz de mostrar cualquier conflicto –de cualquier índole o carácter– sólo y exclusivamente por medio de espléndidas actuaciones que son furia necesaria para saltar del drama emotivo y humanizado, al horror social y descarnado de cualquier otro género.

Podemos criticarle al directos los clichés básicos del cine norteamericano a la ya reconocible Gran Torino, como a esta película sobre el veterano norteamericano y sus alienadas visiones de esta América ilógica y dividida socialmente que hasta parece el mismo personaje en ambas cintas… pero convengamos que toda flaqueza se distorsiona cuando Eastwood se para frente a la pantalla, aún con sus 88 años, y te convence firmemente que su talento mejora cada vez más con el tiempo.

Leo Sharp, nombrado en esta versión como Earl Stone, es probablemente el mejor personaje de toda la película. No sólo el más construido, sino el más creíble y humanizado que roza con elegancia entre la etiqueta de “antihéroe” únicamente por Clint Eastwood. De ahí, su posible contraparte: el agente de la DEA, Colin Bates –interpretado por Bradley Cooper– intenta construirse y desarrollarse de la misma manera, pero es casi inútil. Palidece tanto, que lo hace ver más como un novato irreconocible frente a este gran protagonista.

Y he ahí el problema también.

Es decir, tampoco exageremos esta crítica en pos del academicismo barato. Pasa que ciertas películas, al contener una dosis de melodrama bien logrado, ya son consideradas automáticamente por algunos críticos como obras magnas tan dignas como insuperables.

The Mule, temo decir, sufre el mismo mal de The First Man (2018) de Damien Chazelle. Un súper drama biográfico tan bien construido bajo las reglas y lineamientos del cine norteamericano, que termina siendo una buena película… pero jamás destacable.

La principal crítica cinematográfica de The New York Times, Manohla Dargis, mencionó algo parecido respecto a este film y tiene toda la razón: “Debido a que la película nunca construye algo más grande, Eastwood termina buscando significado en un vacío”.

Aunque la historia real de “El Tata” es buena y contiene en sus entrañas un personaje excelente para llevarse a pantalla, temo decir que se contiene y se regodea sólo y exclusivamente en su protagónico. No hay más aspiración que esa. No se llega, ni se pretende llegar tampoco a ningún otro camino, haciendo del sentimentalismo y el drama clásico un conflicto entretenido… pero, lamentablemente, ya descafeinado.

The Mule tiene un buen relato que contarte y lo hace bastante bien, de eso no hay duda. Es un thriller sentimentalista con cierta carga de crítica social que complace y convence hasta al más exigente del séptimo arte. No para reclutar nuevos fanáticos, pero sí para seguir encantando a los entendidos de nuestro “Harry El sucio”, tanto en actuación como en dirección.

Esta película, con todo y sus proezas; con todo y sus flaquezas, se vuelve sin problemas un nuevo Gran Torino, llena de fuerza y autoridad, aunque menos emblemática. Nada menos que en el longevo melodrama de un Eastwood ya muy conocido… aunque claro, no por eso menos efectivo.

Sinopsis:

Un hombre de 88 con problemas económicos acepta trabajar transportando droga para un cartel mexicano en Illinois. Con el dinero fácil que obtiene trata de ayudar a sus familiares, pero un agente de la DEA le sigue la pista”.

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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