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Ponerle nombre y rostro al trabajo de científicas y tecnólogas mexicanas, objetivo del ‘Premio Ada Byron’

Dra. Lilia María Vélez Iglesias, directora general académica de la Universidad Iberoamericana Puebla. / Foto: Pedro Rendón
Pedro Rendón | IBERO

El objetivo del ‘Premio Ada Byron a la Mujer Tecnóloga. Capítulo México’ es ponerle nombre, rostro y apellido a las mujeres que están laborando en áreas de ciencia y tecnología de nuestro país, y mostrarle a las niñas y las jóvenes que están construyendo su vocación “las historias, proyectos e inventos de estas científicas; como mecanismo para enfrentar los estereotipos prevalecientes”, consideró la doctora Lilia María Vélez Iglesias, directora general académica de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Durante el lanzamiento del Premio, acontecido en la IBERO Ciudad de México, la Dra. Vélez relató que, en el país, el arribo de las mujeres a los estudios profesionales en disciplinas científicas y tecnológicas se inició en la década de 1960, con las primeras graduadas en física y matemáticas. Sin embargo, casi seis décadas después la matrícula femenina en estas áreas aún es reducida, pues, por ejemplo, en ingenierías asciende a sólo el 31%, cuando la población total de mujeres cursando estudios universitarios es del 50% en licenciatura y 43% en posgrado.

La poca presencia de mujeres en estas disciplinas queda en evidencia también en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), que en el área de ingenierías tiene apenas 20% de investigadoras; en la de física, matemáticas y ciencias de la Tierra 20.6%; y en la de biotecnología y ciencias agropecuarias 33%. Además, la mayoría de las investigadoras se concentra en seis entidades: Ciudad de México, Morelos, Estado de México, Jalisco, Nuevo León y Puebla, “lo que muestra las múltiples brechas que existen en el territorio nacional”.

Paradójicamente, lo anterior ocurre incluso cuando, según la ‘Encuesta sobre percepción pública de la ciencia y tecnología en México 2017’, más de la mitad de la población considera que debe incrementarse la participación de las mujeres en la investigación científica.

Pero esto no ocurre porque, “la elección vocacional es una construcción sociocultural que está atravesada, entre otros factores, por los estereotipos, los prejuicios y los valores que prevalecen en una sociedad en una determinada época histórica”. Esto significa que la vocación se construye a partir de múltiples influencias y representaciones que prevalecen en las familias, en la sociedad, en los medios de comunicación y en las industrias culturales.

Al respecto, la académica de la IBERO Puebla citó que el estudio ‘Género y medios de comunicación’ sostiene que la todavía limitada presencia de mujeres en áreas científicas y técnicas se explica porque: ‘aunque existan mujeres con potencial de continuar carreras altamente especializadas, no acceden a éstas por ser consideradas carreras de hombres, por la mayor presencia de éstos en los puestos de trabajo, la matrícula y la graduación en las universidades’.

Por ello, “los expertos coinciden en que la invisibilización del trabajo de las científicas mexicanas, y la ausencia de estrategias y mensajes que ayuden a cambiar los estereotipos, impactan negativamente el acceso de más mujeres a este campo”.

Como ejemplo, Vélez Iglesias mencionó que la investigación ‘Mujeres científicas en la prensa: análisis de reportajes de ciencia en diarios de España, México y Costa Rica’ (realizada por Margoth Mena Young), analizó 150 reportajes sobre ciencia en tres periódicos: El País, de España; El Universal, de México; y La Nación, de Costa Rica; y detectó que apenas 21% de ellos tenían como fuente a una científica.

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