¿Orientación o desorientación vocacional?

¿Orientación o desorientación vocacional?

Foto tomada de PxHere
Lic. Mariana Solana Filloy

Hace unos días un alumno universitario que se encuentra con dudas vocacionales me decía: “A mí nadie me preguntó nunca si quería estudiar la universidad y yo nunca me he preguntado para qué la estoy estudiando. En la escuela me pusieron fecha límite para decidir mi carrera y elegí lo que mejor me sonaba”.  Este comentario me hizo pensar acerca de los procesos de Orientación Vocacional que se están viviendo en las escuelas, qué se hace y no se hace. Les comparto mi reflexión al respecto.

En 2016, un informe del Instituto de Investigaciones en Psicología Clínica y Social (IIPCS) de la UNAM indicaba que alrededor del 40% de los alumnos que ingresan a la Licenciatura consideran que eligieron la carrera equivocada.  Unos años antes, académicos de la Universidad de las Américas Puebla afirmaban que en México al menos 30% de la población universitaria cambia de licenciatura durante el primer año de estudios debido a una mala elección de carrera.

Este es el escenario que nos encontramos en la Educación Superior. En contraste, en el Nivel Medio Superior podemos observar que la mayoría de las instituciones de bachillerato, tanto públicas como privadas, en nuestro país cuentan con modelos o espacios de Orientación Vocacional. Pero ¿qué es o debería ser la Orientación Vocacional?

La Orientación Vocacional se define como un proceso de ayuda en la elección de una profesión, la preparación para ella, el acceso al ejercicio de la misma, la evolución y progreso posterior (Smith, 1998).

Miller (1992) la entiende como un conjunto de prácticas destinadas al esclarecimiento de la problemática vocacional. Se trata de un trabajo preventivo cuyo objetivo es proveer los elementos necesarios para posibilitar la mejor situación de elección para cada sujeto.

Correa J. (2015) la define como un medio por el cual se puede ayudar a definir la elección profesional de una persona.

Estas tres definiciones tienen algo en común: ponen toda la intención y atención de la orientación en la decisión final, en la elección de la licenciatura a estudiar o el camino a seguir. Este es normalmente el sentido que se ha dado a dicho proceso, y no puede decirse que esté mal, pero ¿es éste su único sentido? ¿No se debería ver al estudiante más allá de su papel como “futuro universitario”?

Al reflexionar sobre el comentario de mi alumno me pregunto si el sentido del proceso de Orientación Vocacional no debería ser, más bien, hacer las preguntas detonantes que guíen a la persona a la revisión de sí mismo, al análisis de sus intereses, habilidades, contexto, herramientas, etc., para entonces tomar una decisión lo más certera posible sobre su futuro. La elección debería ser el producto del proceso de trabajo personal y no el centro de éste.

Me parece que cambiar la concepción es necesaria; entender que el hecho de que la orientación está enfocada a la elección hace que se pierda de vista lo que hay más allá. No se trata de si estudias Derecho o Administración sino de cuál es tu Plan de Vida, cómo te imaginas en un futuro, cómo te percibes a ti mismo.

Para muchos jóvenes la elección de carrera es una de las primeras decisiones cruciales en su vida, la orientación debe ser también un modelar cómo tomar decisiones y hacerse cargo de estas. Los jóvenes se encuentran con muchas opciones de carrera, opiniones de padres, amigos y maestros, expectativas puestas en ellos, un contexto laboral y económico complicado. La Orientación debe dar las herramientas para gestionar todos estos elementos y darles su peso justo, sin que se ahoguen las propias opiniones, expectativas y sueños.

Hay muchos factores externos que se involucran en la decisión y que podríamos –deberíamos– discutir a fondo como la pertinencia del momento de elección de carrera, el contexto socioeconómico que rodea estas elecciones, la organización del Sistema de Educación Superior, etc. La realidad, por el momento, es que la organización de nuestro Sistema Educativo exige que estudiantes de 17 o 18 años decidan su rumbo profesional. Es nuestra labor como orientadores hacer de éste un proceso de verdadera comprensión de uno mismo; de escucha de los propios intereses y gustos; de construcción de metas y objetivos claros, así como de formación sobre cómo tomar decisiones. Debemos ser detonadores de reflexiones y dudas para caminar entonces a decisiones un poco más certeras y fieles a cada persona.

El mismo alumno me comentó unos días después: “Pensé que venir a orientación era hacer preguntas, pero ya vi que tu chamba es hacerlas y la mía responderlas”. Me parece que ese es el rumbo que debe seguir nuestra labor.

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