#MeTooMX: la culpa la tiene el patriarcado

#MeTooMX: la culpa la tiene el patriarcado

Samantha Páez

@samantras

Me estreno en esta columna hablando de un tema muy polémico y que otras personas ya abordaron en bastos textos publicados en medios de comunicación o sus redes sociales. Me estreno hablando del #MeTooMx, pero en especial del #MeTooPeriodistasMexicanos. ¿Por qué hablar de este tema? La primera razón que encuentro es que me siguen sorprendiendo la cantidad de casos y la cantidad de violencia que sufrimos las mujeres en los medios de comunicación. La segunda razón son las respuestas que han dado muchos de los acusados, los comentarios de algunos onvres sobre que no se respeta la presunción de la inocencia y que, lamentablemente, hasta abrieron una cuenta para violentar a las mujeres.

Antes de que me extienda contando todo lo que leo, veo y siento respecto al tema, déjenme dejar algo claro: la culpa la tiene el patriarcado. Sí, como leen, el patriarcado es el único culpable de que las mujeres que trabajamos en los medios de comunicación publiquemos nuestros testimonios en redes y no hagamos una denuncia formal; también tiene la culpa de que cualquier editor, reportero, fotógrafo o jefe de redacción crea que es “muy normal” acosar, hostigar o abusar sexualmente de sus colegas. Y sin duda es el patriarcado el responsable de que haya personas defendiendo a capa y espada a los agresores.

Hablemos sobre el patriarcado. Éste, según Marta Fontenla, puede definirse como un sistema de relaciones sociales y políticas, donde los hombres de manera individual o colectiva oprimen a las mujeres, las despojan de poder decidir sobre sus cuerpos y sus productos, ya sea con medios pacíficos (como la persuasión o la propaganda) o mediante el uso de la fuerza. Dejo por aquí su artículo completo, que es una belleza.

Entonces el patriarcado implica la opresión de las mujeres, así como la expropiación de su trabajo y cuerpo. En los medios de comunicación la opresión de las mujeres se nota: de los 25 grupos mediáticos más influyentes del país solo hay una mujer entre los dueños y otras tres mujeres tienen participación en 42 empresas mediáticas familiares. Además, el Monitoreo Global de Medios 2015 dice que en México cuatro de cada diez noticias son generadas por mujeres y sólo dos de cada diez fuentes consultadas son mujeres también; sin embargo, los temas en donde se coloca a las mujeres como centro de la noticia apenas representan el 11%.

Y esta discriminación –sí, por qué no llamarla así– se refleja también en los contenidos de los medios de comunicación. En 76% de las noticias que se analizaron para al Monitoreo Global de Medios 2015 se refuerzan los estereotipos de género, sobre todo en la información referente a Ciencia y salud; Social y legal; Política y gobierno, y Economía.

En Puebla, desde el Observatorio de Violencia de Género en Medios de Comunicación (OVIGEM), hemos diagnosticado que sólo el 2% de las temáticas abordadas por las televisoras locales están vinculadas al género. Asimismo, en el pasado proceso electoral se cubrió en un 11% menos de las candidatas que a los candidatos, y más de la mitad de los medios digitales titula las notas de feminicidio como si fueran un espectáculo o ficción policial.

No es de extrañarse que con medios de comunicación donde hay poca participación de las mujeres y poco interés en los temas que nos conciernen también se violente a las colaboradoras.

Aunque no hay cifras claras de cuánta es la violencia que vivimos las mujeres periodistas al interior de las redacciones, una encuesta del colectivo Periodistas Unidas Mexicanas (PUM) nos da una idea de la magnitud: siete de cada diez trabajadoras de los medios que participaron fueron blanco de algún tipo de agresión sexual en su entorno laboral. Los agresores son en un 63% compañeros o empleados de la misma empresa, 49% un superior jerárquico y 26% alguna fuente de información.

La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016 también dice que una de cada cuatro mexicanas mayores de 15 años sufrió algún episodio de violencia en su entorno laboral; principalmente en las instalaciones del trabajo (79.1%), donde la violencia fue 47.9% sexual, 48.9% emocional y 3.7% física.

A través de la cuenta de Twitter @PeriodistasPUM se hicieron públicos 291 testimonios de violencia contra trabajadoras de los medios de comunicación, donde 192 personas: reporteros, editores, fotógrafos, columnistas y directivos de los medios, fueron acusados por diferentes tipos de violencia. En un comunicado el PUM dijo que de los casos que se retomaron en sus redes, en 33 de ellos sí hubo una denuncia formal por parte de la víctima y sólo en uno de esos casos se logró una orden de restricción.

Este último dato nos lleva a otro punto: la culpabilidad del patriarcado sobre las pocas denuncias de mujeres que sufrieron violencia.

En el Diagnóstico cuantitativo sobre la atención de la violencia sexual en México, de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), se señala que de 2010 a 2015 se integraron en total 83 mil 463 averiguaciones previas por delitos de violencia sexual en las entonces procuradurías de Baja California, Coahuila, Colima, Chiapas, Chihuahua, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Nuevo León, Puebla, San Luis Potosí, Sinaloa, Tamaulipas, Tlaxcala y Yucatán, así como en Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas (Fevimtra).

Estamos hablando de unas 16 mil denuncias por año.

Si se toma en cuenta que la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2014 estimó que el 94% de los delitos sexuales no se denuncia, los casos de violencia sexual llegarían a las 299 mil al año. Muchísimo más de lo pensado.

Entonces, ¿qué hace que esas 299 mil personas –la mayoría mujeres– no denuncien? Según Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, nueve de cada diez mujeres violentadas no solicitaron apoyo, ni presentaron alguna queja o denuncia por los hechos porque:

  • Se trató de algo sin importancia que no afectó
  • Miedo a las consecuencias o amenazas
  • Vergüenza
  • No sabía cómo o dónde denunciar
  • Pensó que no le iban a creer o que le iban a decir que era su culpa

En el ámbito laboral es donde más mujeres no denunciaron por miedo a las consecuencias o amenazas. Hubo muchas historias de mujeres que la colectiva PUM no publicó debido al miedo de perder el empleo, a la venganza del agresor, al juicio social o a algún otro tipo de represión laboral (que no te quieran contratar en algún medio por “revoltosa” o “feminazi”, por ejemplo).

Y a esto le agregamos que en la Unidad de Investigación Especializada en Delitos Sexuales de la Fiscalía poblana, donde se tendrían que denunciar los casos de acoso y hostigamiento sexual, la atención dura cinco horas en promedio mientras que en otras unidades es de máximo 90 minutos, según un informe del Consejo Ciudadano de Seguridad y Justicia de Puebla. Además, para iniciar una carpeta de investigación pasan hasta 15 días; conllevando todo un proceso de revictimización por el cual pasan las mujeres. Pues claro que menos ganas nos dan de denunciar.

Entonces, ¿quién debe dar solución al problema? En primer lugar, las empresas, porque es su deber prevenir la violencia laboral. Incluso, la Ley Federal del Trabajo prevé multas de hasta 5 mil salarios mínimos por tolerar o permitir actos de acoso u hostigamiento sexual. Ya lo explicó la abogada feminista Estefanía Vela, vean este hilo. Pero también las autoridades deben de actuar. Hasta ahora sólo la Fiscalía de Michoacán abrió una carpeta de investigación por las denuncias hechas por trabajadoras de los medios.

De hecho, una de las exigencias de los diferentes movimientos del #MeTooMX es que se investiguen los casos; que las secretarías de Gobernación, del Trabajo, de Educación, de la Función Pública, Institutos de las Mujeres, Juntas de Conciliación y Arbitraje, Poderes Judiciales y Legislativos, entre otras instituciones, se involucren para erradicar la violencia sexual contra las mujeres.

Y, de manera personal, creo que otra de las cosas que debemos hacer las y los periodistas es escribir de estos temas siempre dando voz a las sobrevivientes, señalando las fallas del sistema, con ética, responsabilidad y evidenciando cómo es que el patriarcado tiene la culpa de que estas prácticas persistan.

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