Marcando el paso

Marcando el paso

Foto tomada de Wikipedia
Mariana Solana Filloy

El pasado lunes 14 de abril se llevó a cabo la edición 123° del Maratón de Boston, uno de los más importantes y reconocidos dentro de esta disciplina. Forma parte de los World Marathon Majors, junto con las competencias de Tokio, Nueva York, Berlín, Londres y Chicago.

Es famoso por distintas razones, una de ellas es su antigüedad. Es el maratón con más años a nivel mundial y también se cree que es uno de los más difíciles debido a sus desniveles y pendientes. Otra razón, no tan agradable, es que en 2013 fue el blanco de un ataque terrorista que acabó con la vida de 3 personas e hirió a más de 280. Sin embargo, el año siguiente, con el movimiento “Boston Strong” se le dio nueva fuerza y sentido a esta competencia. Ahora, cinco años después, todavía se ven corredores con playeras con ese lema; se hicieron conmemoraciones a las personas que fallecieron y en las entrevistas a los voluntarios se recuerda el evento siempre con un espíritu de fuerza y unidad.

En esta ocasión, el número oficial de participantes fue de 30,234; entre ellos 16,550 hombres y 13,684 mujeres. Pero no siempre fue así. Aunque bien el maratón se ha celebrado anualmente desde 1897, las mujeres tuvieron permitido participar en 1972. Se consideraba que correr esta prueba era un desgaste físico inigualable que las mujeres no podrían tolerar.

La inclusión de las mujeres en la prueba fue resultado de un movimiento iniciado por Kathrine Switzer. En 1967, Switzer se convirtió en la primera mujer en correr en Boston; se inscribió con sus iniciales para que los organizadores no se dieran cuenta de que era una mujer. Durante la carrera atrajo la atención de los medios, pero también de los organizadores. Jock Semple, co-director de la carrera, intentó sacarla. Tom, novio de Switzer, así como otros corredores la defendieron y ella pudo seguir en la competencia. El momento fue fotografiado y se ha convertido en una de las imágenes más emblemáticas de este histórico maratón.

Después de terminar esa carrera, Switzer, junto con muchas corredoras más que se unieron a su movimiento, organizaron más de 25 competencias promoviendo la participación de las mujeres en maratones. Utilizaron los datos de esas carreras, así como información que les proporcionaban atletas europeas, para presionar al Comité Olímpico Internacional solicitando que la prueba de 42 km para mujeres se incluyera en las Olimpiadas. Sus esfuerzos tuvieron resultados y, en 1984, la prueba empezó a formar parte del programa de los Juegos Olímpicos.

En esa primera participación de las mujeres en el Maratón Olímpico, la ganadora fue Joan Benoit de Estados Unidos quien, con un tiempo de 2h 24:52, se llevó el primer oro olímpico en esa prueba. Algunos años antes, Benoit había ganado el Maratón de Boston, lo que le permitió atraer la atención de la Federación Deportiva de entrenadores de alto rendimiento. Este año se cumplen 40 años de ese triunfo y Joan, ahora de 61 años, lo celebró en grande, corriendo y terminando el Maratón de Boston 2019.  No sólo lo terminó, lo cual es de admirarse a cualquier edad –más a los 61–, sino que lo hizo tardando tan solo 20 minutos más que en las Olimpiadas de 1984. Hace unos años la misma Switzer, precursora de este deporte, volvió a correr en Boston.

Mujeres como ellas han marcado el paso para las demás. Gracias a su tenacidad e impulso, el día de hoy el número de mujeres que participa es muy cercano al de los hombres e incluso la pista del atletismo femenil se ensancha y recibe cada vez más atención y apoyo.

En esta edición del Maratón las ganadoras fueron Manuela Schár de Suiza, con un tiempo de 1:34:19 en la competencia en silla de ruedas y Worknesh Degefa de Etiopía se impuso con 2:23:31 en la maratón regular.

Shalane Flanagan, maratonista y ahora cronista del Maratón, comentó en su transmisión que estos eventos son un semillero de historias. En las redes sociales se pueden ver imágenes de personas terminando la competencia de rodillas, otros conmemorando la vida de alguien más, algunos cumpliendo una meta personal tras años de preparación, y muchos ejemplos más. Se pueden ver también las calles llenas de espectadores que no paran de aplaudir y animar a quien pasa frente a ellos, cientos de voluntarios que desde días antes comparten sus horas, esfuerzo, cansancio y presencia constante, bajo la lluvia, bajo el sol, durante el día y la noche para hacer posible estos eventos. Son ellos quienes reciben a esos últimos participantes que completan la prueba en casi ocho horas, cuando muchas de las cámaras ya se fueron y las premiaciones se han terminado.

Siempre he admirado a quienes corren un maratón, me parece que su esfuerzo físico es inmenso, pero lo es más su capacidad mental. Pero más allá de eso, siempre he admirado el Maratón como evento en su conjunto. Me parece una clara muestra de cómo los deportes son más que una actividad física con tiempos y medallas, son reflejo y motor de la sociedad; son una vía para unir lazos, para conmemorar vidas e historias, para pelear batallas, inspirar y, sobre todo, olvidar de dónde viene el otro o qué representa, simplemente para darle un aplauso y una palabra de aliento reconociendo su esfuerzo y su lucha, sea cual sea.

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