Hellboy (2019) ¿Una gran decepción?

Hellboy (2019) ¿Una gran decepción?

Foto tomada de YouTube
Héctor Jesús Cristino Lucas

Hablar de Hellboy, la obra definitiva del escritor y dibujante estadounidense Mike Mignola, es hablar, indudablemente, de puro orgasmo visual. No sólo se trata de una serie de cómics capaces de manejar con excelentes resultados los géneros del horror, la fantasía y hasta la ciencia ficción; es, de hecho, y como la ha definido el propio Alan Moore: “Un pasaporte a un rincón del cielo de los cómics que nunca querrás abandonar”.

El cómic publicado en agosto de 1993 por la editorial independiente Dark Horse con el primer título, Seed of Destruction, se convirtió de inmediato en una obra de admiración y respeto por otros creativos como Clive Barker o Frank Miller. Incluso hasta llegaron a llamarle “Novela gráfica” debido a la calidad de sus historias, y por ser dirigidas –entre otras cosas– a un público adulto como obras de la talla Watchmen o 300.

Sin embargo, el éxito mundial, ese que lo llevó a convertirse –ahora sí– en un referente inmediato para el mundo del cómic y de las novelas gráficas, vino después, cuando un mexicano amante de estas obscuras y tenebrosas historias se atrevió a llevarlas directo a la pantalla grande sin importar que esto fuera una tarea tan difícil como –francamente– suicida.

Es decir, muchos le atribuyen el éxito del actual fenómeno de Cine de Superhéroes a películas como Spiderman (2002) de Sam Raimi, pero pocos reconocen que este éxito, de hecho, está compartido por el mismísimo Guillermo del Toro gracias a cintas como, número uno: su magnífica Blade 2 (2002) con Wesley Snipes –perteneciente al universo Marvel, por cierto–; y número dos: a la ahora tan venerada Hellboy (2004) junto a Ron Perlman que cada vez se convierte en un clásico instantáneo del mundo del cine.

Basado parcialmente en el primer número de la saga, Del Toro nos cuenta los orígenes de este demonio “justiciero” rescatado por la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal y las posteriores represalias que los antagonistas nazis traerían en el siglo XXI.

Y con el rotundo éxito de esta cinta vino una secuela, cuatro años más tarde, que volvió a acrecentar tanto el éxito del Hellboy de Mike Mignola dentro del mundo del cómic, como el talento del mexicano en la industria del cine. Porque si bien estas primeras adaptaciones eran destacables y asombrosas al extraer este universo de sus páginas, también es cierto que tenían mucha cosecha de Del Toro.

Hellboy II: The Golden Army (2008) es prueba de ello, ya que retoma todas las características de Mignola pero las lleva a un rumbo totalmente intimista para contar una historia nueva, sacada de su propia imaginación. De hecho, resulta una «secuela espiritual” de su galardonada Pan’s Labyrinth (2006) donde sus dos nuevos protagonistas –un par de elfos del mundo subterráneo– son llamados por los otros reinos como “el príncipe Nuada y la princesa Nuala”.

Sea como sea, el éxito que cosechó esta secuela era perfecta para una tercera parte y cerrar así el universo Hellboy en una preciada trilogía que, por años y años, los fans pedían a gritos. Lastimosamente –aunque no sé si para bien o para mal– esto jamás se llegó a cumplir.

Nuestro paisano se dedicó mejor a otros proyectos luego de esta entrega. A la magnífica Pacific Rim (2013) sobre el género de monstruos gigantes; a la romántica Crimson Peak (2015) sobre las clásicas historias de fantasmas y, por supuesto, a su propia versión del monstruo de la laguna negra que terminó convirtiéndose en la ganadora a Mejor Película en 2018: The Shape of Water. Pero jamás una tercera parte. ¡Maldita sea, jamás una tercera!

El proyecto se barajeó por años y la luz verde jamás se encendió. Incluso Mignola la esperaba, pero Del Toro abandonó la esperanza desde 2017. Desde entonces, el proyecto cambió de manos y lo que sería una tercera entrega pasó a convertirse en 2019 en un reboot completo de la franquicia.

La nueva Hellboy sería dirigida esta vez por un desconocido –aunque interesante– director inglés de género, alabado por algunos pero criticado por otros, Neil Marshall. Y sin importar lo que algunos académicos digan, lo cierto es que ha sabido abordar el horror, la fantasía y la ciencia ficción a través de películas honestamente recomendables.

No por nada su sangriento y emblemático debut que tuvo en el 2005 con The Descent, sobre seis amigas atrapadas en una profunda caverna con seres monstruosos, lo volvieron un referente inmediato del horror contemporáneo. ¿O qué me dicen de su infravalorada Doomsday (2008) sobre una estrambótica distopía postapocalíptica que mezclaba con excelentes resultados los conceptos de Mad Max 2: Road Warrior (1981) de George Miller con Escape From New York (1981) de John Carpenter?

Marshall, aunque ha cargado desde siempre la despectiva etiqueta de ser un cineasta más enfocado al cine Gore o de Serie B, debemos reconocer, ha sabido traer propuestas frescas e interesantes; conceptos hilarantes y hasta transgresores que van mucho más allá de ser simples productos ordinarios para ver un domingo por la tarde.

Y fue por su trayectoria y sus alocadas películas que este ansiado reboot, de aquel emblemático personaje, cayó directito a sus manos.

Lo que nadie esperaría, por supuesto, es que la crítica fuera tan cruel y voraz con ella tras su estreno. Porque desde entonces no ha hecho más que ir cosechando terribles críticas que la han hundido sin piedad en un pozo húmedo lleno de nauseabunda y apestosa mierda.

Jhonny Oleksinski de New York Post la calificó como: “Horrible, desagradable y para nada divertida”. Phil de Semlyen en Time Out se refirió a ella como: “Arrogante, incoherente e innecesaria”. Y Vince Mancini del portal Uproxx se limitó a decir simplemente que “Es lo que Glenn Dazing (líder de The Misfits) ve en su cabeza cuando garabatea en un cuaderno”.

Pero, ¿qué diablos? Pareciera que todas las críticas hacia Hellboy (2019) estuvieran hablando de la peor película jamás filmada en la historia del cine.

Y aún con toda esta tormenta encima, quiero que se tomen un tiempo, respiren profundo, volteen a ver por la ventana y reflexionen un poco. Estoy a punto de decirles algo de verdad muy importante y no quiero que lo ignoren: ¡NO LES CREAN! ¡NO LE CREAN A NINGUNO!

No sé cómo ni por qué, pero todos estos críticos vienen de una dimensión paralela en donde Hellboy de Neil Marshall ha sido dirigida por el mismísimo Tommy Wiseau con un carismático Ed Wood haciendo de demonio.

¿Saben una cosa? Me importan tres pepinillos en conserva si alguien está en completo desacuerdo conmigo. Lo afirmo ahora y lo volvería a hacer: Esta controvertida película que todo el mundo critica y hunde en los abismos, es una genialidad de proporciones tan épicas que ni siquiera sé por dónde diablos comenzar a halagarla.

¿Qué tal por lo evidente? La interpretación de David Harbor (Stranger Things), éste increíble agente que lucha contra las fuerzas de lo paranormal no sólo es lo mejor que tiene la película, ¡es la película!

Y creo que la mayoría de las críticas negativas que ha recibido este reboot ha sido justo por esto. Hay demasiados puristas casados con la actuación del mítico Ron Perlman como Hellboy, que no aceptan ni permiten que otro más lo haga. Y lo entiendo. Este fascinante actor ha hecho un personaje tan emblemático que es difícil superar, pero evitemos las comparaciones y convengamos que el viejo Hellboy no era más que la versión de Del Toro.

El de ahora ni siquiera es el de David Harbor ni el de Neil Marshall. ¡Señores!, este es el Hellboy de Mike Mignola; desde el fascinante maquillaje, la completa caracterización en el vestuario hasta la increíble actuación. Esos gestos, ese carisma, esa sarcástica y desquiciada personalidad. Lo irreverente, lo poco ortodoxo, ¡todo! Ese es el Hellboy de los cómics. ¡El Hellboy de los cómics!

Y si seguimos con Milla Jovovich, interpretando a la antagonista de la trama, la cosa mejora y mejora sin consideración. Habrá quienes digan que es un personaje poco desarrollado, sin gran historia ni profundidad, pero la maldad de esta estupenda villana, tan sólo esto, deja por los suelos a todo lo que hayamos visto de la casa Marvel o DC con antagonistas que sólo hablan y hablan para parecernos “malévolos”. ¡Esto sí que es ser un súper villano!

También he leído críticas tan devastadoras en cuanto a la construcción de narrativa que me causa demasiado lío entenderlas. Algunos dicen que son un montón de escenas pegadas a la fuerza que no tienen ni pies ni cabeza, pretendiendo atiborrar la cinta de cientos de referencias a los cómics sin propósito alguno. Pero nada más lejano a la realidad.

La película sí está construida por constantes –aunque muy jodidamente entretenidos– flashbacks, pero sólo cumplen con una única y maravillosa función: explicar los orígenes de los protagónicos para agilizar la historia en pos de un espectáculo visual que es perfecto como un puñetazo directo a las corneas de cualquier espectador. No importa si eres uno experimentado.

Lo digo enserio. Pocas veces vas a mirar algo como esto en el cine; pocas veces alguien se atrevería a tanto; pocas veces disfrutarás de una desquiciada montaña rusa que se mueve de un lado a otro y te retuerce las tripas de paso.  Aquí entre nos, te escribo riendo como un lunático. Esto no es ninguna Deadpool (2016) cualquiera. Esto es lo que deja en pañales a Deadpool mientras Hellboy le orina el rostro y le pedorrea hasta el alma.

Neil Marshall ha contado con múltiples productoras para regalarnos este malviviente tesoro visual que van desde la Summit Entertainment –La La Land, John Wick–, pasando por la poco conocida Lawrence Gordon Productions hasta llegar a la mismísima Dark Horse Entertainment. ¿El resultado? Una calidad visual asombrosa con diseños de criaturas y escenarios que, al menos en un 95 %, son excesivamente únicos. No podía creerlo.

En la misma semana que vi esta película también vi Shazam (2019) de David F. Sandberg, y he de decir que no hay ni puta comparación. Ese increíble talento para crear monstruos; estas abominaciones de la talla Lovecraft, ha dejado en pañales a cualquier otra cosa que hayamos visto desde las versiones de Del Toro. Qué creatividad, qué locura de ingenio. ¡El maquillaje, el maldito maquillaje! Cuando vean a la espantosa Baba Yaga y a su grotesca guarida lo entenderán. Esto es de pura y dura categoría.

¿Y qué me dicen de su gloriosa banda sonora? Distintos compositores han saltado en cada adaptación dejando un importante estilo de acuerdo con la cinta. En la versión de 2002, Marco Beltrani le dio un tono más serio, que evocaba al cine negro o detectivesco; en la de 2008, Danny Elfman lo volvió más mítico. Pero ahora, Benjamin Wallfisch, transformó al filme en una suerte de bestia imparable que se acerca más a la naturaleza del verdadero Hellboy.

Sé que van a decirme que no estoy siendo objetivo; que soy un débil de sangre y que cualquier cosa que lleve violencia es un deleite más que aprobado por mí. Pero nada de eso. Si hay una cosa que esta Hellboy tiene y que es de admirarse sobre su escatológica esencia, es que es fascinante a la hora de ser inventiva. A diferencia de la actual Pet Sematary (2019), que es simple y descafeinada, esta película sí tiene chispa, tiene alma.

Esto se nota a simple vista por la pasión y dedicación que le han puesto en cada escenario y diseño, pero también por la cantidad de referencias al cine de terror que tiene esparcidas por todo el metraje. De repente vemos a un Neil Marshall que rinde honor y tributo a Predator (1987) de John McTiernan; a The Thing (1982) de John Carpenter; ¡a Santo vs Las Mujeres Vampiro (1962) de Alfonso Blake! Es una deliciosa carta de amor a los entendidos del género.

Ladren lo que ladren, Hellboy de Neil Marshall es una genialidad que pese a su fracaso en taquilla y crítica –hasta con un 15% en Rotten Tomatoes– está destinada a convertirse en una auténtico clásico de culto en el futuro. Y no sólo lo anticipo yo, la propia Milla Jovovich escribió en su cuenta de Instagram:

“El primer fin de semana siempre es estresante y con Hellboy sucedió igual. Trabajas muy duro para hacer algo divertido y entretenido y debes asimilar las críticas negativas de los críticos de cine, pero así es el mundo del espectáculo […] Todas mis películas más increíbles han sido masacradas por ellos […] ¿Zoolander? Vapuleada. ¿Juana de Arco? Desastrosa. ¿Resident Evil? Ni siquiera la mencionemos. De cualquier manera, cada una de ellas es ahora una película de culto. Y ésta también lo será. Recuerden mis palabras […]”.

Con esta declaración sólo resta preguntarse una simple y llana cosa: ¿Es Hellboy (2019) realmente una gran decepción? ¡Pff! Para nada. Los críticos de esta generación recuerdan mucho a los que destrozaron en su momento a Friday the 13th de Sean S. Cunningham o a The Rocky Horror Picture Show de Jim Sharman sin considerar que en un futuro las cosas cambiarían drásticamente.

Tiempo al tiempo, Neil Marshall… ¡que el culto está asegurado!

Sinopsis:

“Hellboy está de regreso y está que arde. Llega una historia llena de acción con el legendario mitad demonio y mitad superhéroe, llamado a la campiña inglesa para luchar contra un trío de gigantes alocados. Allí descubre a la Reina Sangrienta, Nimue, una antigua hechicera resucitada, sedienta de venganza por una traición pasada. De pronto, atrapado en un encuentro entre lo sobrenatural y lo humano, Hellboy ahora está empeñado en detener a Nimue sin provocar el fin del mundo”.

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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