Futbol sin apellidos

Futbol sin apellidos

Mariana Solana Filloy

En los últimos meses han aparecido campañas como Hablamos de lo mismo de las Ligas Españolas de futbol o Same City, Same Passion (Misma ciudad, misma pasión) del Manchester City, cuyo objetivo es posicionar al futbol femenil como futbol, sin apellidos, ni diferenciaciones.

Es común que, en medios de comunicación, en pláticas cotidianas y en las mismas instituciones deportivas como la FIFA, se hable de futbol y de futbol femenil o del mejor futbolista y la mejor futbolista femenil (si es que se llega a hablar de ella), haciendo distinción entre uno y otro como si se tratara de dos mundos distintos.

Hace unos días, la FIFA compartió a través de su cuenta de Twitter una nota felicitando por su cumpleaños al futbolista que, con 109 goles, tiene el récord de mayor número de anotaciones con una Selección Nacional. La mayoría de los comentarios eran positivos y aplaudían la hazaña, pero entre ellos se encontraban algunos haciendo alusión a Abby Wambach, jugadora retirada de los Estados Unidos, que hasta ahora sigue teniendo el récord de más goles anotados con una Selección Nacional, con 184 anotaciones. El mismo día la FIFA modificó el tweet reconociendo a Wambach.

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Foto tomada de Wikimedia Commons

Para muchos éstas pudieran parecer quejas ilógicas y sin fundamento, pero ¡ojo!, el problema no es la felicitación al jugador por lo que logró, que claramente es digno de reconocerse, sino la invisibilidad en la que se mantiene al deporte femenino, en este caso al futbol.  

Cuando, por ejemplo, Leonel Messi logró su quinto Balón de Oro en 2015, todas las portadas deportivas lo posicionaron como el primer futbolista en lograrlo. Messi es un crack –y lo digo desde mi camiseta merengue–, pero alguien ya lo había logrado antes: Marta Vieira da Silva, delantera de la Selección Nacional de Brasil desde hace casi 20 años, lo consiguió en 2011, y en 2018 alcanzó su sexto reconocimiento.

El problema es que se entiende que “futbol” es el de los hombres, el de Cristiano Ronaldo, Messi o el Chicharito, el otro, es “futbol femenil” y ese es aparte. Esta invisibilidad está presente en todos los ámbitos del deporte, en los espacios dentro medios de comunicación, en la agenda de la FIFA, en los patrocinios, en los bonos y hasta en los espacios de juego.

Yo soy seguidora del futbol. De todo el futbol, el que juegan las mujeres y el que juegan los hombres, y debo decir que uno requiere mucha más dedicación que otro. Para ver un partido varonil basta con prender la televisión o poner la transmisión en línea de algún canal deportivo, lo más complicado podría ser que sea pago por evento, pero con ir a algún restaurante o bar se puede solucionar.

En cambio, ver el futbol femenil implica la búsqueda de algún sitio web, porque son casi nulas las transmisiones en televisión de paga y aún más en televisión abierta. Más de una vez he tenido que llevar mi computadora a reparar por virus, ya que normalmente las transmisiones son por páginas no muy confiables. Normalmente tengo que abrir dos servidores distintos, porque a la mitad de partido es probable que uno deje de funcionar, y en varias ocasiones no hay manera de verlos y debo conformarme con seguir el resultado en Twitter.

Eso es seguir el futbol femenil. Es hablar de la UEFA Champions League y que te pregunten si eso existe para mujeres; es comentar que viene el Mundial y que te respondan “pero ya pasó, fue en 2018”. Es de valorarse que algunos canales transmitan los partidos de la Liga Mx, y se agradece que la liga de Estados Unidos (NWSL) tenga transmisión en línea, pero aún falta mucho más.

Algunas investigaciones indican que menos del 10% de los espacios en medios deportivos se destina al deporte femenil y se habla de números similares en la asignación de presupuestos para la operación de los equipos femeniles. El pretexto que se utiliza siempre es “nadie lo ve”, “no venden”. Pero, ¿60 mil 739 aficionados en el partido Atleti vs Barca es no vender?, ¿39 mil 027 en el partido Juventus vs Fiorentina significa que nadie lo ve?, ¿41 mil 121 espectadores en la final de la Liga Mx Tigres vs Monterrey es un a nadie le importa?

¿Qué han tenido en común estos “fenómenos”? Que ha habido un esfuerzo por dar a conocer los eventos, se han hecho campañas publicitarias, movimientos en redes, entre otras cosas.

El futbol femenil merece y necesita espacios en la programación televisiva, en las noticias deportivas, en las redes sociales, las discusiones de las Federaciones, en las asignaciones de presupuestos, pero también en las ofertas de actividades extraescolares de las escuelas, en los libros y caricaturas infantiles y, sobre todo, en nuestras conversaciones cotidianas sobre deporte.  

La responsabilidad de abrir paso al deporte femenil, no puede ser sólo de las deportistas que una y otra vez nos demuestran su pasión, talento y amor a lo que hacen, es una tarea de todas las personas reconocer y valorar esos esfuerzos.

El deporte es a la vez reflejo y motor de cambio de la sociedad, apoyar el deporte femenil no es cosa menor o tarea para después, es uno de los caminos para fomentar la equidad y sobre todo formar nuevas generaciones en donde lo “femenil” no sea un apellido, sino parte del mismo deporte y la misma pasión.

*Foto de portada tomada de Wikimedia Commons

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