El Complot Mongol: la nueva película que busca ganarse “a codazos” un...

El Complot Mongol: la nueva película que busca ganarse “a codazos” un espacio en cartelera

Foto: Manu Ureste
Manu Ureste | Animal Político

@ManuVPC

En un cantina de la calle Dolores, en el corazón del barrio chino de la Ciudad de México, donde los letreros de neón todavía anuncian entre dragones y coloridas sombrillas de papel los nombres exóticos de restaurantes y mercados, Sebastián del Amo, director de la película Cantinflas que fue nominada en 2015 al Oscar como mejor cinta extranjera, toma asiento en una mesa, y pide al mesero que le sirva un agua mineral.

Se trata de una cantina añeja. De esas de películas del cine de oro mexicano. Con su larga barra de madera con forma de ‘L’, una caja registradora del siglo pasado, anuncios de marcas de coñac que dejaron de existir, y un cantinero que ríe con desgana cuando responde que en ese lugar no sirven café.

En definitiva, una cantina de barrio. Popular. Que Sebastián eligió para rodar aquí varias de las escenas de su última película: El Complot Mongol. Una “pinche intriga internacional”, como la cinta se autodefine en el tráiler, basada en la novela del mismo nombre que Rafael Bernal publicó en 1969, y con la que Del Amo, después del éxito de Cantinflas, busca abrirse de nuevo un espacio en la cartelera compitiendo “a codazos” contra los Avengers de la todopoderosa industria Marvel.

O como el propio Del Amo los define con sorna: “los superhéroes en mallitas y mamados de gimnasio, que avasallan todas las salas de cine”.

Para ello, el también director de El fantástico mundo de Juan Orol asegura que cuenta con dos armas potentes.

La primera, una trama delirante y vertiginosa situada en los años 60 en la Ciudad de México, en la que, en plena Guerra Fría, estadounidenses y soviéticos están convencidos de que China trata de aprovechar una inminente visita del presidente estadounidense a México para asesinarlo.

Para impedirlo, la policía judicial tiene al hombre indicado: Filiberto García, detective de la vieja guardia, que, apoyado por un tándem imposible de agentes de la CIA y el KGB, aprovechará sus contactos en el misterioso barrio chino de la capital mexicana para frustrar el atentado.

Y la otra, un gran elenco actoral, en el que figuran Bárbara Mori -en el papel de ‘Martita’-, Eugenio Derbez -como el villano-, Roberto Sosa -como ‘El Licenciado’-, Xavier López ‘Chabelo’ -como El Coronel-, y Damián Alcázar dando vida a Filiberto García, el clásico anti-héroe del género de gabardina y sombrero de ala ancha, cuya imagen de tipo duro y gatillero con charola contrasta con  su sentido del humor, y con una visión ácida la sociedad mexicana, de la que se expresa con frases tan vigentes hoy como: “En México no importan las leyes, importan los cuates que tienes”.

A lo House of Cards

Ya es mediodía, y las mesas de la cantina están aún vacías. El mesero, un tipo que lleva 30 años de oficio, trae con desgana una bandeja y deja el agua mineral sobre la mesa de madera vieja por el paso de las décadas.

-¿Por qué hacer una película basada en una novela de los años 60?

-Porque es un clásico de la novela negra mexicana -responde Del Amo, mientras se acomoda los lentes redondos sobre la nariz, y luego se atusa ligeramente la playera negra que viste-. Mi madre me regaló el libro cuando tenía 13 años, y me cambió la vida porque me descubrió el placer de la lectura. Además, el ambiente que recrea es mucho mi historia personal. Porque a toda esta zona no solo llegó el exilio chino, sino también el exilio español de la Guerra Civil, en el que está incluido mi familia.

-Pero a largo de los 50 años que va a cumplir la primera edición de El Complot Mongol, ya salieron películas, obras de teatro, cómics, e incluso radio novelas. ¿Qué va a aportar ahora tu película?

-A diferencia de otras adaptaciones, como la del 78 protagonizada por Pedro Armendáriz, esta película busca rescatar el espíritu tragicómico del personaje central, Filiberto García. Para quien aún no conozca la novela, hay que decir que tiene todos los rasgos típicos de la literatura negra, como el antihéroe otoñal, la mujer fatal, la intriga, y un desenlace trágico. Pero lo que la hace una gran historia es que te partes de la risa leyéndola, porque lo que el personaje piensa de muchas cosas no coincide con su apariencia dura y áspera. Te das cuenta de que, en realidad, es un ñoño cursi. Y ese carácter tragicómico es parte fundamental en esta nueva adaptación.

Para lograr lo anterior, Del Amo explica que hizo “una apuesta en cámara más lúdica”, a partir de la cual buscó crear una “intimidad” con el público, para que el espectador camine por la trama de la mano del detective García.

-Para tener esa intimidad tenía dos caminos -plantea el cineasta-. Uno, recurrir a la voz en off, que es un recurso clásico del cine negro, pero también recontravisto, y que, además, sentía que le daba mucha solemnidad al personaje. Ya sabes: “la noche fría caía lentamente sobre la ciudad -dice entre risas imitando una voz en off grave-”. Pero, claramente influenciado por la serie House of Cards, me pareció mucho más interesante que el personaje central le hablara al espectador sin nada de por medio. Y elegí esa opción.

-Es decir, que es un thriller de espías, pero también una película para reír…

-Es para un público muy amplio -recalca Del Amo-. La gente que quiera ir al cine a divertirse, comer palomitas, y ver a los actores más populares en papeles muy diferentes a los que están acostumbrados, se va a divertir. Y la que quiera ir al cine para hacer una análisis más profundo de la adaptación al cine de este clásico de la novela negra, de las decisiones estéticas, y de la actuación, también van a tener mucha tela de donde cortar.

Pero, además de pasar un buen rato, la película también busca otros objetivos, añade Del Amo. Por ejemplo, “revitalizar la novela” de Bernal, y que los jóvenes se acerquen a ella, como lo hizo él cuando tenía 13 años.

-Y claro, la gran esperanza es que le vaya bien a la película -dice y encoge los hombros-. Porque si le va bien, lo que puede suceder es que se abra el thriller como género a los señores del negocio del cine en México.

-¿Por qué? -se le inquiere para cambiar ligeramente el tema de la entrevista-. ¿Cree que no se está apostando lo suficiente en este tipo de películas?

-Está claro que la apuesta es a la comedia romántica, y un poco al terror, que puede ser más barato y chapucero, aunque hay gente que le gusta eso.

Sobre este punto, se plantea a Del Amo que, tal vez, es complicado que los productores en México le apuesten a películas arriesgadas, o a géneros que no venden tanto, por la competencia que existe en la industria con la llegada cada semana de producciones faraónicas de Hollywood.

El director escucha el comentario. Se mesa el bigote y la barba de chivo y cruza las manos sobre la mesa, mientras rechaza amablemente al enésimo vendedor de lotería que atraviesa la puerta de la cantina, que está franqueada por dos leones chinos, en busca de unos pesos.

-A mí lo que me molesta es el discurso victimista de: ‘es que no nos ponen en cartelera’. Pues sí, wey, el espacio en los cines se gana a codazos. Porque siempre vas a tener un pinche blockbuster gringo en la cartelera. Entonces, ¡claro que vas a salir a cartelera en una situación de desventaja! Pero ese espacio, insisto, hay que ganárselo a codazos.

-Sí, ¿pero cómo se hace eso?

-En mi modesta opinión, debe haber un balance en el cine mexicano. Lo que no es sustentable es tener este cine mal llamado de autor, que, vale, gana festivales en Tombuctú, pero que no tiene ningún impacto en su mercado natural, que es México. Porque muchas de esas películas no tienen casi distribución. Y por mucho que el gobierno apoye con fondos, pues no es sostenible que una película que, en promedio cuesta 26 millones de pesos en México, regrese cero pesos, o casi nada, a la inversión.

Del Amo toma del vaso y se ajusta la gorra negra sobre la cabeza.

-Y por otro lado -continúa-, en cuanto al cine comercial, pues hay que hacer apuestas un poco más arriesgadas en lo estético, lo visual, y en lo temático, para ir haciendo cada vez películas más inteligentes, y no quedarnos con el pastelazo fácil, tipo La boda del perico. Porque, si no, acabará pasando lo que ya sucedió con géneros que fueron muy exitosos, como el melodrama ranchero, que a base de abusar una y otra vez de él se terminó agotando.

Y añade más.

-Te pongo un ejemplo: yo celebro el éxito en taquilla de No manches Frida. Pero este mismo año va a salir otra película donde, otra vez Omar Chaparro, se enamora de nuevo de Martita Higareda. Por eso digo que no está habiendo apuestas arriesgadas en el cine mexicano. Todas son: la boda de mi amigo, del primo, o de la secretaria de la oficina -suelta un carcajada-.

Pero, claro, matiza el cineasta, tampoco se trata de irse a los extremos con eso de arriesgar. Porque si no se hace ninguna concesión con el público, recalca, y la película se filma muy bonita en blanco y negro, pero la historia es “una diarrea mental”, pues nadie irá al cine a verla.

-Es cosa de encontrar un balance -redondea la argumentación-. Porque ahí es donde va a estar el crecimiento del cine mexicano.

-¿A pesar del éxito de Cantinflas, ha tenido que seguir abriéndose paso a ‘codazos’?

-Cantinflas fue un éxito de taquilla en todo el mundo. Pero después de eso no es que vengan corriendo a buscarme. Lo que me permitió es que, si voy a una productora, por lo menos me escuchan, aunque luego me batean igual -ríe-. El éxito de Cantinflas estuvo muy bien, pero la lucha por sacar adelante cualquier proyecto continúa igual.

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