Civilización del espectáculo y formación artística

Civilización del espectáculo y formación artística

Foto tomada de PxHere
Martín López Calva

“Porque la raíz del mal […] está en una cultura que ha hecho de la diversión el valor supremo de la existencia, al cual todos los viejos valores, la decencia, el cuidado de las formas, la ética, los derechos individuales, pueden ser sacrificados sin el menor cargo de conciencia”.

Mario Vargas Llosa. «La civilización del espectáculo«. El País

 

Es bastante conocido el libro La civilización del espectáculo, publicado por el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa en el año 2012. En esta colección de ensayos, el escritor peruano se ocupa de analizar las características del paso de la cultura “elitista, erudita y excluyente” de la modernidad, a la cultura de masas del mundo globalizado y mediado por las nuevas tecnologías de información y comunicación.

La principal característica de esta nueva cultura de masas es “que busca […] divertir, hacer posible la evasión fácil, nace con el predominio de la imagen y el sonido sobre la palabra, a través de la pantalla”, de modo que, como afirma Vargas Llosa en este ensayo antecedente del libro (publicado en el diario español El País en junio de 2007), todos los viejos valores se pueden sacrificar o son subordinados a la diversión, misma que se vuelve el valor supremo de la existencia.

En esta nueva cultura todo se mira desde la óptica del espectáculo: la política se vuelve una continua comedia y los políticos se convierten en estrellas mediáticas sin importar el contenido de sus propuestas y acciones; la convivencia social y hasta la vida privada se someten a esta búsqueda continua de entretenimiento sin ningún límite ético.

En la civilización del espectáculo, la imagen y el sonido se imponen a la palabra, la apariencia se entroniza por encima de la esencia de las cosas, la forma eclipsa al contenido y el fondo de la existencia.

«La civilización del espectáculo tiene sus lados positivos, desde luego. No está mal promover el humor, la diversión, pues sin humor, goce, hedonismo y juego, la vida sería espantosamente aburrida».

Mario Vargas Llosa. «La civilización del espectáculo«. El País

 

Sin embargo, esta civilización tiene, como afirma el mismo autor, sus lados positivos como la promoción del humor, la diversión, el goce, el hedonismo y el juego que evitan que la vida se vuelva tediosa y pesada. El problema, señala este ensayo, es la absolutización de estos elementos y el olvido de todos los demás aspectos que le dan peso y sentido a la existencia evitando que se banalice lo importante de ese conjunto de significados y valores que, más bien, deben orientar una vida humana que valga la pena ser vivida y que honre la gran herencia cultural que la humanidad ha construido por siglos.

Desde mi punto de vista existen otros elementos positivos que ha traído consigo la civilización del espectáculo y me parece que van más allá de la diversión, el goce, el hedonismo y el juego, aunque están relacionados con ellos. Se trata de la revaloración de la creatividad humana y la capacidad de innovación que nace de este dinamismo humano fundamental. Así como también el resurgimiento del interés por las artes visuales y escénicas, por el mundo del diseño, por la música, el teatro y el cine que, si bien están filtrados por criterios de mercado –inevitables en el mundo actual–, no dejan por ello de ser aspectos positivos para equilibrar el predominio de la ciencia, la tecnología y la productividad que fueron el eje de la civilización racionalista de la era moderna.

En efecto, nunca como hoy podemos ver en nuestro contexto tanto interés de los adolescentes y los jóvenes por el mundo del arte y la creciente demanda de estudios universitarios en el campo de la gastronomía, la música, el teatro –especialmente el musical–, el cine y aún las disciplinas circenses, las artes visuales y otras disciplinas artísticas por parte de las nuevas generaciones.

Recuerdo que en la conferencia magistral del Dr. Gustavo Fischman, experto en Educación de la Arizona State University, en el marco de las VIII Jornadas Nacionales de Investigadores en Educación y Valores, realizada en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en el año 2010, mencionó que en una investigación realizada con universitarios de nivel equivalente a nuestras licenciaturas en los Estados Unidos, ellos señalaban que la universidad no les enseñaba cosas útiles para la vida, como el canto, el baile y la música.

Esta queja de los jóvenes que podría parecer poco seria, fue validada por la realidad en la profunda crisis económica vivida en ese y otros países en el año 2008, en el que según estudios sobre el impacto de esta caída de la actividad productiva en los diversos sectores, mostró que el área que menos resintió este fenómeno fue precisamente la de las actividades relacionadas con el espectáculo: el teatro, la música, el cine, la televisión, etc.

“El arte, entendido desde una dimensión pedagógica, es una actividad de desarrollo subjetivo del conocimiento y las potencialidades humanas; esta subjetivación es la forma en que el individuo asume el conocimiento como propio, que lo hace ser reflexivo y le permite actuar sobre sus estados físicos mentales y espirituales […] En pocas palabras se trataría de ‘el modo en que un individuo actúa sobre sí mismo’”.

José Miguel Mora Muñoz y Sonia Osses Bustingorry. «Educación Artística para la Formación Integral. Complementariedad entre Cultura Visual e Identidad Juvenil«. SciElo

El sábado pasado tuve la oportunidad de asistir a una de las funciones del musical Newsies, montado por el área de formación artística del bachillerato del Instituto Oriente. Hace un par de semanas una amiga compartió con mucho orgullo un número solista interpretado en otra obra de teatro musical por su hija. Cada vez se generaliza más este tipo de actividades artísticas en distintos colegios públicos y privados y año con año se puede constatar –como lo hice yo como espectador en Newsies– que el nivel de profesionalismo y de calidad es progresivamente mayor.

Independientemente de que los alumnos que participan en estas actividades lleguen a dedicarse profesionalmente al arte en su futuro o que estudien cualquier otra profesión, la actividad artística es una parte muy relevante para su formación integral. Ya que visto pedagógicamente es una actividad de desarrollo subjetivo del conocimiento y de las potencialidades humanas que va a incidir en la forma en que cada persona actúa sobre sí misma en el mundo que le toca vivir.

Para los alumnos participantes en las actividades artísticas que forman parte del currículo escolar, estas experiencias son muy importantes para su desarrollo individual y de trabajo en equipo; mientras que para el resto de la comunidad de alumnos, profesores y padres de familia se convierten en oportunidades de construcción de una convivencia escolar sana y colaborativa.

Ojalá este interés y entusiasmo que se derivan de la cultura propia de la civilización del espectáculo puedan fomentarse más y desarrollar una formación artística de calidad que ocupe un lugar de la misma importancia que la formación en asignaturas académicas porque, como afirman los investigadores José Miguel Mora Muñoz y Sonia Osses Bustingorry en su artículo “Educación Artística para la Formación Integral. Complementariedad entre Cultura Visual e Identidad Juvenil”: “Las asignaturas artísticas son una fuente de desarrollo innegable; su orientación debiera estar puesta en el desarrollo integral del sujeto, vinculando los aspectos cognitivos y subjetivos, ya que, para lograr aprendizajes significativos, el estudiante debe tener la capacidad de subjetivar los contenidos, hacerlos suyos; apropiarse del conocimiento es un acto subjetivo”.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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