La BUAP limpia aguas residuales de hospitales

La BUAP limpia aguas residuales de hospitales

Foto: Marlene Martínez
Aranzazú Ayala Martínez

@aranhera

Las aguas residuales de los hospitales son unas con los más altos índices de sustancias dañinas para la salud de los seres vivos, y generalmente su tratamiento no es hecho correctamente para evitar la contaminación.

Ante esta problemática Claudia Mejía Morales, alumna del posgrado en Ciencias Ambientales de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), hizo el proyecto “Tratamiento fotoquímico aplicado al agua residual de un hospital de la ciudad de Puebla”, con la guía del investigador Fernando Hernández Aldana, del Centro de Química del Instituto de Ciencias (ICUAP).

En entrevista con LADO B, Hernández Aldana explicó que la justificación del trabajo fue que las aguas residuales son una fuente muy específica de contaminantes y sustancias peligrosas que no sólo arriesgan la salud de las personas sino que pueden influir de manera importante en el desequilibro de comunidades biológicas.

El investigador puso como ejemplo que las aguas residuales de un hospital pueden llegar a ser hasta 15 veces más tóxicas que aguas residuales de negocios o casas habitación ya que tienen una alta cantidad de residuos de los medicamentos que utilizan los pacientes.

Otro de los problemas que impulsó la realización del proyecto fue que hoy en día es la misma norma que rige el manejo de aguas residuales hospitalarias que de otras descargas, y los científicos concluyeron que debería existir una legislación más específica tomando en cuenta también la existencia de microorganismos en los patógenos desechados en el agua.

El proyecto consistió en dar un tratamiento fotoquímico que disminuyera la toxicidad del agua. Un sistema fotoquímico es, de acuerdo con Hernández Aldana, una simulación del sistema con el que la atmósfera y aguas residuales se autodepuran. Mediante este procedimiento se generan radicales libres, que oxidan a los contaminantes orgánicos que pasan de tener una actividad biológica tóxica a transformarse en componentes que tengan sustancias menos dañinas.

La toxicidad del agua residual se determinó utilizando moscas como biomonitores. Los biomonitores o bioindicadores son plantas, animales u hongos, individuales o en un grupo de especies, que mediante su presencia indican información sobre el impacto de algunas prácticas en el medio ambiente o sobre el estado del medio ambiente o un ecosistema en particular.

En el caso de la investigación de la BUAP se tomaron en cuenta el índice de supervivencia, la frecuencia de mutación y la proporción sexual de las moscas como biomonitor. Para determinar la purificación del agua se analizó mediante un espectómetro de rayos UV y un espectómetro de emisión atómica para determinar la composición química del agua.

Inicialmente mediante el método de cromatografía se logró separar e identificar 32 gases de diferentes compuestos orgánicos. Posteriormente después del tratamiento fotoquímico quedaron sólo 10 compuestos.

Pese a los buenos resultados a la fecha la BUAP no ha podido dar un seguimiento del trabajo por el cambio de dirección en el hospital. Entre los planes de la investigación destacaban el cultivo de plantas y la detección de ciertas anormalidades físicas que éstas pudieran tener en etapas de su crecimiento y mediante estos cambios monitorear el riesgo de las aguas residuales.

Para Hernández Aldana el objetivo principal de estas investigaciones que se cree consciencia no sólo en la ciudadanía sino en las autoridades encargadas del manejo y gestión de las aguas residuales, y que los tomadores de decisiones se informen de los posibles daños que este tipo de cuerpos de agua pueden generar.

Una de las conclusiones del trabajo es que es necesario que se hagan normas específicas para cada tipo de usuario y que éstas incluyan los niveles máximos permitidos de los contaminantes, que actualmente están fuera de la legislación.

Otro de los puntos que enfatizó el investigador es que en la química ambiental se recomienda que las aguas residuales se traten en las propias industrias de origen. Idealmente cada lugar debería tener su propia planta de tratamiento de aguas residuales, y no como ocurre hoy en día con plantas incompletas con capacidad limitada y sólo tratamientos primarios que no aseguran que toda el agua sea tratada adecuadamente antes de vertirse en un río.

*Foto de portada: Marlene Martínez

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