De aquellos polvos... estas élites
Aquí un breve recorrido por la historia de las élites poblanas: de la aristocracia colonial a los eventos de la high-class en las páginas de sociales
Por Klastos @
28 de marzo, 2019
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Alfonso Gómez-Rossi

Desde la época colonial, la alta sociedad poblana estuvo conformada por personas nacidas en la península ibérica: sus hijos, nietos y, en algunas ocasiones, bisnietos. El estatus del padre daba a sus vástagos un brillo particular, que se iba diluyendo cuanto más lejano era su parentesco con el fundador de la dinastía.

Pocas son las familias poblanas que pueden enorgullecerse de haber estado en el candelero de la élite social desde la Colonia. La familia más reconocida en este grupo es la de los Velasco (con s, no con z), que traza su árbol genealógico al Virrey Luis de Velasco el joven; presume la nobleza de su sangre, aunque la fortuna familiar se haya diezmado considerablemente desde la Revolución.

Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón, virrey de la Nueva España entre 1550 y 1564. Imagen tomada de: https://es.wikipedia.org/wiki/Luis_de_Velasco_y_Ruiz_de_Alarc%C3%B3n

Otra familia que también puede trazar sus orígenes patricios a la Colonia es la de los Pérez Salazar, cuyo fundador migró de Sevilla en el último tercio del siglo XVI y era probablemente de origen sefardí, siendo su apellido paterno Carmona, pero cambió para identificarse con el linaje materno que era hidalgo, de los Pérez Salazar.

Otros linajes coloniales cuyos vástagos aún son reconocidos como parte de la vieja guardia son los de Ovando y los Ascué. Entre los descendientes de esa aristocracia colonial, muchos están en la ciudad de México, ya que esas familias entroncaron con políticos, embajadores, empresarios y miembros de la clase media mexiqueña. Aquí en Puebla, sus retoños por vía materna se encuentran en los negocios textiles, ranchos, notarías, así como en las cámaras de comercio.

Las familias viejas de Puebla que se remontan al porfiriato generalmente descienden de súbditos españoles, originarios en su mayoría de la cornisa cantábrica (particularmente Asturias, Cantabria y País Vasco), que fueron arribando a partir de 1880. La mayoría de los asturianos que hicieron fortuna provenían de la región de Llanes y se dedicaron a la explotación de haciendas, fábricas textiles, molinos y bancos. Aunque la Revolución destruyó muchas de esas fortunas, durante la presidencia de Miguel Alemán (1946-1952), surgió una plutocracia poblana que se enriqueció a partir de la Segunda Guerra Mundial y la producción de textiles para las tropas aliadas.

No es un secreto que Alemán veía con buenos ojos el crecimiento económico y particularmente el incremento de su fortuna personal.  Durante su presidencia comenzó el ascenso del grupo Puebla, que incluía a Rómulo O’Farrill, Gabriel Alarcón, Anacarsis y Alejo Peralta y, principalmente, Manuel Espinosa Yglesias, considerado en la década de los 70 “el hombre más rico de México”.

El grupo Puebla fue bautizado así por los que sabían de esos temas en la Ciudad de México, para distinguirlo de otro grupo de provincia, el Grupo Monterrey. Lo nice, a partir de 1950, era ser pariente de alguno de estos empresarios poblanos exitosos, ya que significaba convivir con las altas esferas de la Ciudad de México y presumir en provincia de sus vínculos con la “gente bien” de la capital. El apogeo de este grupo llegó con la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) quien, aunque había sido ridiculizado por su aspecto físico por la élite poblana, era admirado por su política conservadora y su represión a las “fuerzas comunistas que querían desestabilizar al país”. Las bodas de sus hijos, los Díaz Ordaz-Borja, sirvieron para reafirmar el estatus de la élite poblana a nivel nacional, pero también simbolizó el ocaso de su influencia.

Junto al grupo Puebla, el ascenso económico y social de la colonia libanesa había comenzado en la década del 30.  El compadrazgo de Ávila Camacho significó que durante el siglo XX los intereses libaneses serían identificados con los del PRI, hasta el extremo de que la unión de política y fortunas familiares determinó que, para la década del 70 y 80, se asumiera que “los únicos ricos en Puebla eran los libaneses”. Sin embargo, la salida de Díaz Ordaz del poder en 1970 y la expropiación bancaria de 1982, la cual afectó directamente a Espinosa Yglesias, simbolizaron la decadencia económica de las élites poblanas a nivel nacional.

Maximino Ávila Camacho, gobernador de Puebla de 1937 a 1941. Imagen tomada de: https://www.animalpolitico.com/2011/04/los-pecados-capitales-y-los-politicos-lujuria/

Los problemas laborales que se generaron a partir de las políticas económicas de las décadas del 70 y 80, junto con la decadencia de la industria textil a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) en 1992, hicieron que las altas esferas económicas de Puebla dejaran de invertir en la industria y prefirieran hacerlo en propiedades inmobiliarias que les dejaran rentas y no les generara problemas con el gobierno, obreros y sindicatos.

Casi siempre se enfatiza el rol del hombre en la élite poblana por el capital que crea o amplía a través de su vida; por el apellido y la identidad cultural que otorga a la familia, pero es la mujer quien determina la relevancia de su familia dentro de los círculos sociales. Esto no ocurre solo en Puebla, es una construcción normativa de la cultura Occidental. Es la mujer casada  la que proporciona el estatus a sus hijos, al garantizar que son los hijos legítimos de su marido y que no se coló el hijo de otro señor por ahí. . Esto podrá sonar paradójico en un país que se considera machista pero la realidad es que el estatus identitario que proporciona la mujer refuerza esta ideología.

Algunos titulares de las revistas de corazón en Puebla. Imagen: Klastos

La esposa en la élite cae en la categoría de la mujer que juega el rol de la virgen, es decir, alguien que no está ahí para la diversión del hombre, está para ser la madre de los niños y garantizar que aprendan códigos de conducta apropiados que los hagan permanecer en esa élite. El hecho de que la mujer de alta sociedad no sea vista generalmente como un objeto sexual sino como una mujer decente se puede constatar en las revistas del corazón, donde la vida social se reduce a eventos que generalmente involucran a la Iglesia católica: bautizos, primeras comuniones, bendiciones de negocios o bodas son parte indispensable de la crónica de sociales poblana desde hace más de un siglo, ya que es la garante de que el orden perdure de una generación a otra, al simular que la sociedad poblana es estática y no ha sufrido cambios de generación en generación.  

Como el lector habrá notado en esta brevísima narración, han existido grupúsculos que se han caracterizado por manejar el poder económico y social de nuestra ciudad. Estas familias, que definidas correctamente son miembros de la plutocracia local, han sido interpretadas por los habitantes de la ciudad como una aristocracia sin título.

La “nobleza” que se ha admirado en esta ciudad desde la independencia la otorga generalmente el descender de un grupo étnico que haya cruzado el Atlántico y que sea de tez clara. Pero ser descendiente de algún inmigrante no es suficiente para llegar a ser reconocido por la élite. Existe un círculo de personas que se casan, socializan y hacen negocios entre sí. Fuera de ese grupo están las “personas conocidas” por ellos.

Entrar al grupo de élite se logra por descender de alguno de los titanes de la industria textil, de la banca, de los molineros, de los hacendados del porfiriato y, desde el gobierno de Maximino Ávila Camacho, de algunos políticos. El matrimonio es el gran igualador entre los diversos círculos de la gente bien. En ocasiones, como ocurrió con los vástagos de la colonia libanesa y española, una ceremonia religiosa unió a familias que en el fondo tenían intereses similares de preservar o aumentar las ganancias y el poderío familiar.  

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Alfonso Gómez-Rossi es profesor y administrador del Instituto Universitario Boulanger. Colaborador en Encuentro Cultural, Netas Poblanas, Contigo Puebla y Sabores de Puebla. Explora la construcción de identidades a partir de los estudios Queer.

 

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