La democracia muere en la oscuridad

La democracia muere en la oscuridad

Foto tomada de PxHere
Cuauhtémoc Cruz Isidoro

@cuau_cruz

En un país democrático –o que aspira a serlo–, el papel de la prensa es fundamental tanto como contrapeso al poder político, como en la formación de ciudadanos. Acceder a información plural y oportuna no es una concesión del Estado, sino un derecho humano que tiene que ser garantizado desde y por el Estado mismo.

Defender el derecho a la información es defender uno de los pilares del sistema democrático. No fue gratuito –literalmente– que en plena transmisión del Super Bowl LIII –uno de los eventos con más rating–, el The Washington Postdecidiera difundir un promocional en reconocimiento a la labor periodística. “Saber nos da poder. Saber nos ayuda a decidir. Saber nos mantiene libres. La democracia muere en la oscuridad”, apunta el diario en cuyas páginas apareció el famoso caso Watergate.

Es sabido que, en nuestro país vecino, son constantes las confrontaciones entre el Presidente Donald Trump y diversos medios de comunicación críticos a su administración como el The New York Times, CNNe incluso el propio Post, con calificativos como fake news. La prensa, sobre todo la crítica, puede ser incomoda al revelar debilidades, errores o abusos de poder por parte del Estado. Para el Relator Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Edison Lanza, “el periodismo debe ser el guardián de la democracia”.

En México, hace unos días, nuevamente, se dio un episodio de confrontación entre el gobierno federal y el periódico Reforma, después de que el diario revelara la existencia de un departamento en Houston, Texas, propiedad de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, que no había sido publicado en su declaración patrimonial; situación que se atribuyó como un error de la Secretaría de la Función Pública. En la conferencia matutina, previa a la respuesta de la exministra, el Presidente reaccionó así:

“Ya sabemos que no nos ven con buenos ojos, pero nosotros tenemos que dar respuesta a todos los cuestionamientos, aunque vengan del conservadurismo y de los que se callaron como momias durante el periodo neoliberal, durante el neoporfirismo; que no les pidieron nunca la declaración de bienes patrimoniales a Salinas, ni lo tocaban ni con el pétalo de una rosa, pero, en fin. Eso es otro asunto, lo que corresponda a nosotros es aclarar todo, transparencia que es una regla de oro de la democracia”.

A dicho escenario de descalificaciones como “conservadurismo”, “prensa fifí” o de información “volada” o “calumnias” contra algunos medios, se suman también las agresiones virtuales de las que han sido víctimas algunos periodistas, sobre todo mujeres, que cubren las conferencias matutinas. Esto no sólo a través de los comentarios durante las transmisiones en vivo vía Facebook, sino que, en algunos casos, dichas agresiones han llegado hasta los perfiles personales de los y las reporteras, lo cual ha generado un clima de intimidación y hostigamiento contra los periodistas.

Limitar la labor periodística, ya sea mediante descalificaciones o agresiones físicas o digitales, afecta el derecho a la información de la sociedad. El respeto a la libertad de expresión, también es, utilizando las palabras del presidente: “una regla de oro de la democracia”. En su más reciente informe “Libertad en el mundo”, la organización Freedom House, otorgó a México la categoría de “Parcialmente libre” y una calificación de 3, en una escala de a 1 a 7, donde el primero es más libre y el segundo, menos libre, tanto en materia de Derechos Políticos, como en Libertades civiles. En materia de libertad de prensa, ésta misma organización ha catalogado a nuestro país como “no libre”.

Ante este escenario, será importante que exista, por parte del gobierno federal (y de gobiernos de los diferentes niveles), una tolerancia más amplia a la crítica, y que el debate se dé a partir de datos e información, en otras palabras, transparencia, y no desde las descalificaciones, las cuales únicamente acrecientan el clima de polarización existente en nuestra sociedad y a partir del cual se dan las condiciones para las agresiones y el hostigamiento contra los periodistas.

Diría el Post: “La democracia muere en la oscuridad”. Nos toca a las audiencias y a los periodistas cuidar que la oscuridad no se apodere de nuestra democracia.

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