Godzilla: The Planet Eater ¡El rey está aquí!

Godzilla: The Planet Eater ¡El rey está aquí!

Foto tomada de Youtube
Héctor Jesús Cristino Lucas

Créeme, si eres un fan –un verdadero fan, quiero decir– de este mítico Kaiju, y por alguna razón no has mirado la épica trilogía de la TOHO Animation sobre el rey de los monstruos… ya puedes empezar a considerarte un traidor.

Yo sé que la mayoría está esperando con ansias la secuela Godzilla: King of the Monsters, pronto a estrenarse este año con Millie Bobby Brown (Stranger Things) y Vera Farmiga, pero venga, tampoco es para tanto.

Aun así, quiero dejar en claro una cosa: es sólo el Godzillade los norteamericanos. No voy a alzarme en contra de la madre patria gringa ni mucho menos, pero lean bien lo que escribo mientras miran ese tráiler: ¡Es el Godzilla de los norteamericanos! Que no los deslumbren un par de explosiones, unos cuantos rugidos y unas lucecitas LED parpadeantes.

Admito que el último reboot estrenado en el 2014 no estuvo tan mal. Mentiría si les dijera que no me agradó lo suficiente como para esperar con ansias ésta secuela. Noté una auténtica preocupación por hallar la fórmula nipona y entregarnos un legado por lo menos interesante que, he de admitir, fue de nivel. Pero, luego de ver la discreta trilogía de parte de la TOHO y ser testigo de semejante trabajo, ¿cómo decirlo?… ¡la perspectiva del mundo sí que te cambia!

La primera entrega dirigida por Hiroyuki Seshita y Kobun Shizuno, Godzilla: Planet of the Monsters (2017), fue un interesante giro de frescura que no había tenido ésta franquicia en años. Intentaba mezclar el estilo de aquella mítica ciencia ficción de los años cincuenta; en el cine: con la emblemática primera cinta de Gojira (1954) de Ishiro Honda, y en la literatura: con la postapocalíptica Crónicas Marcianas (1950) de Ray Bradbury.

Una espeluznante distopía que planteaba el destierro de la humanidad como especie dominante y la posterior huida del planeta como una desesperada táctica de supervivencia. Aunque también, el retorno del hombre, junto a otras razas intergalácticas, como un último grito de lucha antes de la extinción.

La siguiente entrega, Godzilla: City on the Edge of Battle (2018), dirigida de nueva cuenta por Seshita y Shizuno, no sólo fue una digna secuela que mejoró la intensidad de la trama, sino que también desarrolló personajes y agregó otros tantos mientras expandía su universo con todo y sus reglas.

La cinta intentó traer de vuelta el mítico concepto del personaje “Mechagodzilla” como un poderoso recurso de batalla, pero evitó transformarse en una cinta más del montón con los típicos enfrentamientos entre robots y monstruos. En cambio, tomó la esencia de esta destructiva arma y la llevó a un nivel que podía ser comparado más a la ciencia ficción del tipo body horror japonés, muy Tetsuo: The Iron Man (1988) o Meatball Machine (2005).

Y cuando pensabas que estas películas no podían mejorar –si de casualidad pensabas eso– aparece la tercera entrega en la plataforma de Netflix.

Godzilla: The Planet Eater (2019) no sólo es el cierre definitivo de esta nueva e interesante trilogía por parte de la TOHO Animation; es el cierre perfecto.

Detente un instante. Piénsatelo bien. ¿Qué tan difícil es poder hablar de trilogías perfectas con cierres perfectos en nuestros tiempos? ¡Complicado, querido Padawan! Incluso la mismísima Star Wars: The Return of the Jedi (1983) de Richard Marquand genera controversia hoy en día, porque cientos de fans aún no pueden decidir si el final con los Ewoks fue perfecto o no.

The Lord of the Ringsde Peter Jackson, perfecta, de acuerdo. Incluso las últimas entregas de The Planet of the Apes. Pero hablar de buenas trilogías no es sencillo. Se nos olvida que no debe ser una gran película o dos… sino tres. Ni Christopher Nolan con su famoso Caballero de la Noche puede presumir de esto teniendo a Batman Begins (2005) como comienzo.

¡Pero, Dios mío, Hiroyuki Seshita y Kobun Shizuno, ustedes sí que pueden!

Lo que me encanta de estas películas es que han sido capaces de revivir el horror; ese perverso y retorcido horror que había antes en las películas niponas de Gojira y que fueron perdiéndose poco a poco. Exaltarlo como la amenaza definitiva y el castigo de la humanidad por todos los errores que ésta ha cometido. Una clara alusión a la bomba atómica y al egoísmo puro.

Godzilla: The Planet Eaterno sólo es la prueba, es la única verdad. Y lo digo en serio. No puedo hablar de la misma forma del Godzilla (2014) de Gareth Edwards, aunque mucho se acercó.

Esta trilogía es aterradora y fascinante a la vez. Percibes la esencia de un auténtico clásico que no pretende imitar la fórmula sino moldearla; llevarla a otro nivel. ¿Recuerdan cómo era antes? Es decir, ¿cómo ésta criatura era capaz de infundir un terrible horror por todo aquello que representaba? El horror del hombre por acabar con su propio karma, los múltiples intentos por detenerlo y ese limbo sin fin donde todo parecía inútil.

Gojira de 1954 era espeluznante justo por eso. La trilogía de la TOHO lo es por la misma razón. Podremos esperar con ansias las películas americanas con toda la pasión que queramos, pero en el fondo sabemos que no se siente igual.

Godzilla: The Planet Eater es un recordatorio ya no de un legado fílmico, sino de una crítica; un discurso contestatario elegante y sofisticado como ninguna película ha sabido recuperar.

Nuestro paso por el mundo ha sido un desastre tan grande que los escasos medios que podían salvarnos han fracasado, y lo único que nos queda, para bien o para mal, es encomendarnos a algo más grande e incomprensible como lo sería el concepto de Dios.

La última entrega ha elaborado un discurso tan extravagante que sobresale en gran medida de las dos películas anteriores. Recuerda mucho a los relatos de Howard Phillips Lovecraft y a la interesante filosofía que manejaba. A través de su cosmogonía, aquello que no era posible explicarse, lo que el hombre consideraba magia o hasta religión, en realidad era ciencia avanzada a eones de tiempo de la propia humanidad.

Lovecraft decía: “Los hombres de ciencia sospechan algo sobre ese mundo, pero lo ignoran casi todo. Los sabios interpretan los sueños, y los dioses se ríen”.

Cuando éste hablaba de entidades cósmicas y milenarias, tan devastadoras y eternas como Nyarlathotep o Yog-sothoth, no se refería específicamente a seres mágicos venidos de las tierras de Oz, mas a criaturas de otros planos que obedecen a otras leyes físicas. Que se rigen y que funcionan más allá de la comprensión humana, y que, a nuestro parecer –a nuestro burdo y limitado parecer–, sólo podrían ser percibidos como dioses.

El Godzillade The Planet Eatercierra justamente con esto. Una criatura incomprensible. Tan lejana y paradójica que nuestro intelecto es primitivo como para entenderla.  El horror viene después, cuando al ser tan insignificantes frente a éste gran problema, no nos queda otro remedio que llamar a algún dios para hacerle frente. Eso sin importar que éste último reclame nuestra vida a cambio.

No es un concepto descabellado si se piensa bien. Dentro del movimiento cyberpunk, específicamente con esas películas de animación japonesa, se ha usado mucho esta interesante ideología. Ghost in the Shell (1995) de Mamoru Oshii o Akira (1988) de Katsuhiro Otomo, por ejemplo, han sabido explicar con detalle que conceptos como la religión y la ciencia, aparentemente lejanos uno del otro, en realidad son visiones distintas de una misma cosa.

El cierre que plantea Godzilla: The Planet Eater no es exagerado ni mucho menos. No pretende envolverte en una fantasía sin sentido con simples y descafeinados enfrentamientos entre monstruos gigantes. Ofrece, en cambio, un interesante choque de corrientes y pensamientos que incluyen filosofía, ciencia y misticismo, mientras recuerda los horrores de una criatura como lo fue y sigue siendo el gran Gojira, aunque lejos, muy lejos del concepto fílmico.

Más allá de esto, es una potente crítica ya no sólo social ni política con alusión a la bomba atómica, también lo es existencial y desoladora, sin pretender alcanzar moralejas sentimentalistas. Es realismo puro y escabroso. Hiroyuki Seshita y Kobun Shizuno le han devuelto el auténtico apelativo de “Rey de los monstruos” a este mítico Kaiju con esta mítica trilogía. Y lo han hecho muy bien con The Planet Eater, que ya es cita obligada para los entendidos del rey.

Porque sí… ¡el rey está aquí!

Sinopsis:

“La humanidad, sus aliados alienígenas y Godzilla están a punto de llegar a su fin cuando la poderosa entidad Ghidorah llega a la Tierra”.

*Foto de portada tomada de Youtube

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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