El Observatorio meteorológico y sismológico de la BUAP, más de un siglo...

El Observatorio meteorológico y sismológico de la BUAP, más de un siglo funcionando

Foto: Marlene Martínez
Aranzazú Ayala Martínez

@aranhera

En diciembre de 1876, el Observatorio Meteorológico y Sismológico de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) abrió sus puertas, aunque inició labores oficialmente el 1 de enero de 1887, tres meses antes de que el de la Ciudad de México empezara a funcionar. Desde entonces, han generado y archivado datos de clima, comportamiento meteorológico y actividad sísmica.

Miguel Ángel Rosas Burgess es el encargado del Observatorio central, ubicado frente a la iglesia de la compañía en el centro histórico de Puebla. El lugar funciona en un tercer piso, y tiene una colección de instrumentos antiquísimos que miden desde las precipitaciones hasta la humedad, la velocidad del viento y la evaporación causada por los rayos solares.

Foto: Marlene Martínez

El Observatorio, cuando pertenecía al entonces Colegio del Estado, fue parte del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), y generó datos de manera ininterrumpida desde 1877. Hasta 1974, los datos generados por el Observatorio de la BUAP eran los que utilizaba el SMN; a partir del año siguiente, el Servicio empezó a generar sus propios datos en su estación, pero sigue archivando los que le manda diariamente la universidad.

Rosas explica que los datos históricos que tiene la BUAP sirven, por ejemplo, para hacer una investigación seria y más profunda de cambio climático o de comparativas y comportamiento de fenómenos meteorológicos con un rango de tiempo mucho mayor, permitiendo ver las modificaciones y comportamiento de las variables meteorológicas.

Además del servicio meteorológico, el Observatorio tiene también una estación sismológica con sedes en Tecamachalco, San Nicolás de los Ranchos y en el edificio Carolino. Específicamente, la estación que está en Tecamachalco nutre de información al Servicio Sismológico Nacional, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La estación en San Nicolás de los Ranchos, cerca del volcán Popocatépetl, cuenta con una alerta sísmica que avisa 45 segundos antes de una actividad sísmica, pero no dice de qué intensidad será.

Otra de las funciones del Observatorio es dar el servicio de consulta meteorológica que, aunque lo da el SMN, ellos también ofrecen. Sobre todo lo dan a constructoras que hacen edificios altos; y quienes más se los piden son los deportistas para saber el estado del tiempo durante algún juego o partido.

En la estación central trabajan cuatro meteorólogos y un ingeniero electrónico que le da mantenimiento a los aparatos y se encarga principalmente de la parte meteorológica.

Foto: Marlene Martínez

Asimismo, otra de las labores del Observatorio es dedicarse a la difusión y divulgación de la ciencia, y por eso tiene sus puertas abiertas para ofrecer visitas guiadas a escuelas o universidades que quieran conocer el acervo histórico del sitio, así como aparatos que tienen más de un siglo funcionando a la perfección.

Entre los artefactos que tienen funcionando están un heliógrafo de hace cien años, que mide la cantidad de luz generada por el sol en todo el día, por horas, sin importar si llueve o está nublado. También tienen un amemógrafo, que informa la dirección y velocidad del viento, y un abrigo meteorológico, que es una especie de casa para pájaros con distintas aberturas que mide el aire en condiciones estables, normalizando la velocidad del viento, para tener así una medición exacta. Una de las reliquias del Observatorio es un barómetro francés, donado por Porfirio Díaz, que ya no funciona pero está en exhibición por su valor histórico.

Miguel Ángel hace un llamado a todas las personas interesadas a acercarse y contactarlos para seguir compartiendo el conocimiento que desde hace casi 150 años se genera y acumula en el Observatorio.

El responsable del sitio cuenta que en el temblor de 1999 se perdió una buena parte de los aparatos y documentos que tenían. Aunque algunos sí pudieron ser rescatados y siguen funcionando, otros están intactos por fuera pero ya no sirven para hacer mediciones, y algunos más quedaron destrozados bajo los escombros.

Pese a esa pérdida, todavía hay una habitación entera con documentos antiguos que dan cuenta del clima y la actividad sísmica de Puebla.

Más allá del servicio sismológico y meteorológico, Miguel Ángel Rosas dice que el Observatorio es un museo viviente. Se ha mantenido vigente durante casi siglo y medio, 142 años de trabajo sin parar. Ahí no hay vacaciones, siempre hay alguien de guardia revisando el comportamiento de los cielos y de la tierra.

*Foto de portada: Marlene Martínez

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