Amor romántico, el disfraz de un modelo de dominación de la mujer

Amor romántico, el disfraz de un modelo de dominación de la mujer

Foto: Marlene Martínez
Ámbar Barrera

@AstroBruja_

Las mujeres hemos sido configuradas socialmente para el amor, hemos sido construidas por una cultura que coloca el amor en el centro de nuestra identidad (…) Las mujeres vivimos el amor como un mandato.

Marcela Lagarde

La Sirenita da su hermosa voz a cambio de caminar y el reloj comienza a correr en su contra para hacer que el príncipe se enamore de ella. A punto de que el príncipe prefiera a la bruja, como en todas las películas clásicas de Disney, el amor triunfa y al final el príncipe se casa con la Sirenita, quien nunca volverá al mar con su familia.  

En el cuento original la Sirenita no sólo pierde la voz, sino que con cada paso que daba sufría el dolor de mil cuchillos en sus piernas. Y el príncipe eligió a la bruja, por lo que la Sirenita terminó convirtiéndose en espuma de mar.

Igual que en este cuento (y en muchos otros de amor romántico), la historia de las mujeres termina siendo muy distinta al escenario de “felices por siempre” que imaginaron. La mujer nunca es el objeto del afecto amoroso como lo es el hombre (el príncipe). Es la mujer la que se desborda en sostener la relación, a cambio de la mínima (y a veces nula) correspondencia masculina.  

La mirada desde el feminismo sobre el amor y las relaciones amorosas -un tema sobre el que ha habido una amplia reflexión- concluye que existe una construcción del amor desigual, desgastante y hasta violento para las mujeres, a la que se le ha llamado amor romántico.

La socióloga feminista Jessica Techalotzi Zontlimatzi, explicó en entrevista para LADO B, que hay autoras feministas como Brigitte Vasallo que prefieren llamarlo amor Disney, pues el término se relaciona con la idea del romance y el afecto en un sentido más general.  

Hablar del amor Disney es también hablar de todo este imaginario que nos han enseñado a través de las telenovelas y cuentos de hadas, que siguen la línea argumental de una mujer que espera que ese sujeto, ese príncipe azul que generalmente es de un status económico más alto, la salve de su contexto, pues ella está rodeada de mujeres malvadas que la tratan muy mal.

Para ser claros, el amor romántico o amor Disney es un modelo sentimental hegemónico que determina la forma de relacionarnos con los otros en la que existe una jerarquía.

Techalotzi explica que si viéramos esta jerarquía en una pirámide, en la cima estaría el amor de pareja (heterosexual), y en el siguiente nivel estaría el amor de familia, que implica relaciones sanguíneas. Más abajo las relaciones de amistad, y aún más abajo cualquier otro tipo de amor, hacia las mascotas, el trabajo, etc.

De acuerdo con Jessica Techalotzi, quien hizo una investigación sobre este tema, la conclusión de las teóricas feministas fue que el amor romántico es una forma de dominación hacia las mujeres, al perpetuar un modelo que jerarquiza al hombre por encima de la mujer.

El amor no es algo natural. Ellas (las teóricas) cuestionan lo que se dice sobre el amor como una mera cuestión química, pero dicen que no es algo que brote, sino que es una construcción social que depende de la cultura, del momento histórico, etc.

El amor se aprende de manera desigual

¿Cómo se posiciona el sujeto del amor? El sujeto del amor suele ser el hombre, lo que habla de una educación desigual en el amor. Las mujeres son las que entregan todo, ya sea como parejas o madres. Además, para las mujeres existe una presión social mayor para conseguir pareja, que para los hombres. Y posteriormente, la presión está en mantener esas relaciones pese a lo que sea.  

Marcela Lagarde, antropóloga feminista, propone en su libro Claves feministas para la negociación en el amor, pensar en una biografía amorosa y cuestionar qué tanto se ha dado en esas relaciones, si se ha recibido lo mismo, por qué se ha decidido amar en esos precisos momentos, si fue porque se sentían obligadas, o no, entre otras cosas.

Esta autora, igual que otras, plantea que la imposición del amor va variando a lo largo de la vida de una mujer y es diferente en cada etapa, aunque en general se busca que el máximo objetivo, la culminación de ese tipo de amor, sea el matrimonio.

¿Y después de casarte que? –cuestiona Techalotzi— el final del cuento es ahí, pero en la realidad, el amor es para siempre, una implicación simbólica que dicta que aunque vivas en la infelicidad, tienes que quedarte.

El amor romántico entonces, también invisibiliza y naturaliza muchos tipos de violencia.

Muchas mujeres nos podemos quedar atrapadas en relaciones violentas, aguantando todo por amor. Olvidándonos de nosotras mismas, de nuestros sueños, de nuestra autonomía… todo por este ideal del amor.

La propuesta, dice Techalotzi, es que no haya un modelo que nos diga cómo amar, ser, desear, sino “construir claves con las que relacionarnos de manera más libre y equitativa con otras personas, no solo en pareja sino con otros”. Sobre todo porque las prácticas del amor romántico pueden llevarse a otras esferas. El más evidente es el de la relación de la madre con el resto de la familia, que se traduce en entrega total y sacrificio, lo que esconde violencia y desigualdad.

El amor romántico incluso se ha servido de la recolección de mitos de culturas como la griega para alimentar el modelo. Por ejemplo, a los griegos también se les debe la creencia de que los sujetos amados son las personas bellas, atractivas (“atraen el amor”).

En ese sentido, el feminismo también cuestiona a los sujetos de amor. Techalotzi explica que quien cumple con los estándares de belleza son los sujetos de amor y quienes no, no son sujetas de deseo ni de amor.

Además de pensar en nuestras biografías amorosas y cuestionarlas, Techalotzi también propone darle la importancia necesaria a las redes afectivas en general. Estar en pareja no debería implicar el aislamiento de amigos y familia. Fortalecer esas redes afectivas es importante porque son las que nos sostienen.

Foto: Marlene Martínez
El amor desde la psicoterapia

Rubí Cervantes, psicóloga lesbofeminista, se dedica al acompañamiento de mujeres desde la psicoterapia individual y grupal en El Taller A.C., y la mayoría llega buscando solucionar algún tema relacionado a sus relaciones de pareja.

Hemos sido educadas para tener y mantener una relación de pareja todo el tiempo o lo que tenga que durar y tener que estar siempre felices, y cuando no se logra viene la dificultad para las mujeres —dice Rubí Cervantes en entrevista para LADO B—. Esto repercute en su estado de ánimo, en sus actividades e incluso en su salud física y sexual.

De acuerdo con Cervantes, hay varios obstáculos frente a los que estas mujeres se enfrentan. El primero es que a veces llegan buscando ayuda no sólo para ellas, sino también esperando que sus parejas puedan cambiar, sin embargo el proceso es individual y si la pareja no tiene intenciones de llevar su propio proceso o construir desde acuerdos en común, es muy complicado transformar.

Rubí Cervantes explica que hay que entender que para construir se requiere de la otra persona, de su participación. Y cuando no pasa, las mujeres sienten que tienen que hacer un doble esfuerzo, desempeñar las funciones que el otro no está cumpliendo.

Otro de los problemas es que esas ganas de construir se sustentan a partir de esa idea tradicional del amor.

Hay cosas que no se negocian y se da por hecho que tienen que cumplirse porque es lo que tenemos que hacer las mujeres en una relación. En parejas homosexuales es muy similar.

La negociación

En esta idea del amor, son “servicios” los que brindamos a nuestras parejas, y no está mal si a cambio recibimos lo mismo, o sea, que no implique que me duela el brindar mi cariño, comprensión, tiempo… porque estamos recibiendo lo mismo de la otra persona.

En la experiencia de Rubí Cervantes, llevar el tema de las relaciones de pareja al ámbito público, incluso así, en terapia, es un gran logro, pues estos asuntos suelen mantenerse en lo privado. Lo único aceptable es mostrar la felicidad, las relaciones funcionales, amorosas, pero la violencia, la tristeza y las discusiones se mantienen en lo privado la mayor parte del tiempo, lo que hace que las mujeres terminen por aislarse.  

Por ejemplo, Cervantes ha visto cómo hay chicas que abandonan los procesos grupales si no terminan las relaciones con sus parejas, sobre todo después de reconocer dinámicas violentas. Sin embargo, la invitación de Rubí como psicoterapeuta es que siempre habrá acompañamiento, sin importar lo que decidan.

Que quieras casarte y tener una familia, no significa que seas una alienada del patriarcado. No. Lo que propone el feminismo es entender que nosotras siempre les vamos a acompañar en todo lo que decidan, pero que sean decisiones libres y que ese ejercicio, cualquiera que sea que estén realizando, es porque lo quieren hacer y no porque existe una estructura y un mandato de que eso es lo que tienen que hacer. Y también entender que eso que se desea puede cambiar con el paso del tiempo, no tienen que quedarse con una sola idea de manera permanente.

Una de las estrategias durante la psicoterapia es no dejar de contar, compartir con otras mujeres lo que pasa en nuestras relaciones para tender redes de apoyo y para darnos cuenta que no sólo nos pasa a nosotras, sino que también le pasa lo mismo (o muy similar) a otras mujeres. En conclusión, para llegar al punto de negociar con la pareja, Rubí explica que se necesita estar fortalecidas, pues estas son dinámicas que no estamos acostumbradas a hacer

—Es importante decir que regularmente ellas ya contaban con esas fortalezas, no es que las adquieran en la terapia, pero la idea del amor romántico, las situaciones de violencia y el sistema patriarcal, hace que olvidemos que tenemos esas fortalezas.

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