Alita: Battle Angel. La promesa del mañana

Alita: Battle Angel. La promesa del mañana

Héctor Jesús Cristino Lucas

Ya sabes lo que dicen… cuando la macro industria de Hollywood se atreve a adaptar un anime o un manga existe hasta un 60% de probabilidad –aunque no hayas visto nada– de que todo termine en un auténtico desastre. No importa si se trata de Zack Snyder o del mismísimo Steven Spielberg, al ser adaptaciones americanas, el 60% ya viene por default.

Pasa que, al igual que con el tema de los videojuegos, a los norteamericanos no se les ha dado muy bien eso de llevar las obras japonesas al terreno del live action. ¡Bah! ¿Para qué soy tan políticamente correcto ahora? Han sido una completa mierda.

Un Dragon Ball Evolution (2009) de James Wong que, pese a ser aprobado por el propio Akira Toriyama, se convirtió de pronto en el perturbador estigma de un “Hollywood maldecido por la cultura nipona”. Y me quedo corto.

¿Recuerdan la escena de pelea que tuvo Goku vs los Bullies? Aquí está la versión con Ultra Instinct.

O un Ghost in the Shell (2017) de Rupert Sanders con Scarlett Johanson interpretando a la Mayor Motoko Kusanagi, que a pesar de capturar el estilo cyberpunk de la obra original, no lo hizo así con su trasfondo; convirtiéndola en una película visualmente asombrosa, pero sin propósito ni alma alguna.

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Venga, que ni siquiera Netflix con todo y sus enormes logros a través de la plataforma: con Stranger Things (2016) o Bird Box (2018), con Black Mirror (2011) o Bright (2017), pueden presumir de esto teniendo a la espantosa Death Note (2017) de Adam Wingard entre su selección.

Pero eso ya es cosa del pasado. Luego de este 2019, la ley del 60% por default ha pasado de ser una realidad inminente a una simple leyenda urbana… o al menos esa es la sensación que te provoca Alita: Battle Angel, la más reciente película del cineasta texano Robert Rodríguez.

Este cineasta es un sujeto interesante; un mega cinéfilo y hasta frikique ha demostrado, a través de sus alucinantes producciones, una maestría cuanto menos “fresca y diferente” a la del resto: capaz de embellecer la Serie B con sus zombies radiactivos en Planet Terror (2007) y hacer de algo tan desquiciado, como From Dusk Till Dawn–una road movie de horror, thriller y vampiros–, un divertido clásico instantáneo.

Ya desde su alocada trilogía debut “Western exploitation mexicano” –El Marichi (1993), Desperado (1995) y Upon a Time in Mexico (1992)– el texano era una promesa del mañana. ¿Hoy? La promesa sigue vigente y la corazonada de los fans era cierta… él era el indicado para esta interesante adaptación.

Y, por si fuera poco, James Cameron, el cineasta detrás de las dos mega producciones más taquilleras de toda la historia, Titanic (1998) y Avatar (2009), funge como un importante guionista y productor que no sólo eleva la película a un nivel asombroso de efectos especiales, sino que los vuelve lo suficientemente revolucionarios como para hacer de esta Alita un referente.

No es casualidad entonces que ahora se hable de un excelente trabajo de adaptación como no ha habido antes. El proyecto llevaba gestándose desde principio del nuevo siglo. Tras leer el manga Hyper Future Vision GUNNM –mejor conocido como Alita: Ángel de combate– Cameron quedó tan fascinado con el concepto cyberpunk que terminó comprando los derechos de la obra de Yukito Kishiro.

Sin embargo, el proyecto pasó por tantos altibajos y diversas manos –incluyendo las de Guillermo Del Toro–, que el desarrollo formal de esta película no comenzó hasta pleno 2013.

Durante todo este retraso, Cameron nunca nos entregó una adaptación oficial, pero sí una serie de televisión inspirada en el manga. De hecho, cualquiera que haya visto la popular Dark Angel (2000) podrá corroborar que mucho de los conceptos utilizados en GUNNM, como el cyberpunk o el crimen futurista, vuelven a utilizarse en esta épica aventura de acción con Jessica Alba como una versión norteamericana de Alita.

No obstante, lo que pocos saben es que el desarrollo de la serie terminó ayudando mucho a que la actual adaptación de Alita se concretara muy bien. Tratar algo como GUNNM… bueno, no es algo tan sencillo. Aunque eso es algo que ya deben saber muy bien los norteamericanos.

El manga de Yukito Kishiro alcanzó una popularidad tan grande desde su publicación en la revista antológica Business Jump, allá por inicios de los 90, que se realizaron hasta 9 números, originalmente. Y ya para 1993, dos OVAS que, si bien no gozaron del éxito esperado, terminaron convirtiéndose en auténticos filmes de culto.

Alita de Robert Rodríguez, en cambio, ha tomado todo el legado –tanto del manga como de las OVAS– y los ha moldeado en un interesante grito de innovación y frescura que, ¡por el amor de Dios, ya era necesario tener!

El texano ha logrado lo que ninguno: hacer una live actionbasada en un manga que funcione. No sólo que sea lo suficientemente apegada al concepto original –porque de esas ya hemos tenido suficientes–.

Ha traspasado tan bien la esencia y el universo del manga que es auténtica la experiencia de estar dentro de un número de GUNNM.

Ya no se diga de los efectos especiales, que unen la tecnología revolucionaria usada en Avatar (2009), con la captura de reconocimiento facial (Fusion Camera System) de filmes actuales como War for the Planet of the Apes (2017) o Avengers: Infinity War (2018). ¿El resultado? Una rocambolesca adaptación que le va como anillo al dedo a Robert Rodríguez. Todo su estilo, tan grotesco como exagerado, está ahí. Y eso es un deleite.

El diseño de personajes es el punto más grande que tiene a su favor, acercándose lo más que puede a la versión nipona sin morir en el intento, mientras que las actuaciones, de gran parte del elenco al menos, transforman la película en un aceptable drama de ciencia ficción que funciona pese a todo.

¿Qué mejor cuando tienes a Christoph Waltz o a Jennifer Connelly encabezando el reparto? Lo mismo para Rosa Salazar, que aquellos que sean fanáticos de la actriz por su participación en la saga Maze Runner, van a amarla de verdad.

La recreación del universo está lograda. Aquel futuro narrado en GUNNM, donde el hombre ha alcanzado la inmortalidad a través de la ciencia y la tecnología, regresa ahora a la pantalla grande para hacerlo de la misma manera que lo hacía su mangaka: sin meterse en temas tan controversiales como el alma o la eternidad –aunque tiene sus momentos–, y ofrecernos así una historia de acción descarnada y crítica social, que hasta resulta transgresora.

El manga de Kishiro destaca, además de por tratar temas filosóficos, por ser un retorcido espejo de la realidad que insinúa, a manera de distopía, que aún en este “mejorado universo cyberpunk”, paradójicamente, no se han resueltos nuestros problemas de clases sociales… sino que son más grandes y evidentes.

Esto puede notarse a través de la utópica y soñada ciudad de las nubes: Salem, a la que sólo los ricos y afortunados pueden viajar hasta allí, mientras que aquellos, los marginados, deben sufrir entre los despojos que quedan de nuestro mundo hasta sufrir el olvido. Algo que el mismísimo Blomkamp volvió a utilizar a manera de homenaje en su fantástica Elysium (2013).

Pero el asunto está así: Robert Rodríguez y James Cameron, frente a todo pronóstico, lo lograron.  Han hecho el mejor live action basado en un producto japonés como no se había visto nunca… ¡PERO! Tampoco era tan difícil.

Una serie de fracasos enseñan más que una maldita serie de victorias. Y esto no lo digo por ser un aguafiestas moralista, ya que me considero muy fan de esta saga, sino porque Alita: Battle Angel (2019), a pesar de ser un producto destacable, dista mucho de ser perfecta. No es ningún santo grial tampoco.

Si hay que ser justos, debemos mencionar sus flaquezas, que son muchas.

El romance que tiene la propia Alita con Hugo, por ejemplo, no termina de cuajar en esta versión. Tanto Rosa Zalazar como Keen Johnson están totalmente desconectados y no logran transmitir ningún sentimiento importante, como de hecho las propias OVAS lograban pese a su corta duración.

Si bien las actuaciones son muy buenas por parte de la mayoría, en muchas ocasiones el conjunto carece, no sé cómo decirlo… “de suficiente chispa”. Hay un grave problema que transforma a la mayoría en alucinantes corazas de diseños y efectos que no simpatizan lo suficiente con el espectador. Aunque esto pronto desaparece en pos de las luces y explosiones, claro.

Otra cosa. Y esto sí que es muy molesto para un verdadero fan: la contundente falta de identidad definida en la que se debate la película una y otra vez. Y no me refiero al elemento “Alita como manga japonés”, sino al elemento “Robert Rodríguez como un loco de la Serie B”. Esta película retoma la violencia, y después se la guarda. Quiere ser repulsiva, pero luego no tanto. ¿Por qué no seguir una misma línea y ya?

Y no me malentiendan. La otra ocasión alguien me dejó un comentario diciendo que yo consideraba a Dragon Ball Super: Broly una suerte de estafa porque no contenía la suficiente violencia que yo esperaba, reduciendo así toda la genialidad del anime en su contenido gráfico. Pero NO. Dragon Ball Zno sería lo que es sin uno de sus elementos más indispensables: lo descarnadamente violento de su naturaleza. Por Dios, si era su esencia ontológica; era algo que lo hacía ser Dragon Ball Z y eso no es reducirlo, ni mucho menos.

Con Alita: Battle Angel (2019) pasa lo mismo. No logra transmitir ese repulsivo y violento halo como en el manga o las OVAS. A veces sí que lo intenta, pero en otras ocasiones es absurdamente tímida… como con la escena del perro y su molesta elipsis. ¿O es que acaso nadie recuerda lo que ocurre con el pobre perrito dentro del anime? Robert Rodríguez, aunque nos ha entregado joyas de violencia extrema de la talla Grindhouse, aquí es políticamente correcto. Tú te esperarías algo más que una simple clasificación B.

Alita: Battle Angel no es una joya del siglo XXI ni es el santo grial de los más frikis, que quede claro, pero debido a toda esa basura repulsiva que hemos recibido por años de la madre patria gringa, podría decirse que es la Citizen Kane de las adaptaciones live action de anime o manga.

¿Qué les parece? No suena tan mal. Alita: Battle Angel demuestra que aún queda mucho por trabajar dentro de este escabroso y minado campo norteamericano, pero también que Robert Rodríguez y James Camerón han hecho hasta lo imposible por volverla la promesa del mañana. ¡Porque eso es para muchos frikazos! Repitan conmigo: ¡La promesa del mañana!

No nos decepciones Robert.

Sinopsis:

“Cuando Alita se despierta en un mundo futuro que no reconoce sin poder recordar quién es, es acogida por Ido, un compasivo ciber-doctor que se da cuenta de que en algún lugar del núcleo de este cyborg abandonado se encuentran el corazón y el alma de una joven con un pasado extraordinario. Mientras Alita aprende a orientarse por su nueva vida y las peligrosas calles de Ciudad de Hierro, Ido intenta protegerla de su misterioso pasado mientras que su nuevo amigo, Hugo, un chico de la calle, se ofrece a ayudarla a desencadenar sus recuerdos.”

*Foto de portada tomada de Youtube

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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