Texto y fotos: Nicole Pedrini

Desde 2014, refugiados que escaparon de la Guerra Civil en Siria, y también personas provenientes de Afganistán, Iraq y otros países del Medio Oriente, han intentado alcanzar Idomeni: frontera entre Grecia y la República de Macedonia. Estos dos países forman parte de la ruta balcánica; ruta que la mayoría de los refugiados deciden recorrer para alcanzar Europa central.

En 2015, la República de Macedonia decidió cerrar sus fronteras para detener la migración masiva, dando acceso a pocos, solamente, de nacionalidad siria. El año siguiente, Idomeni se había transformado en un enorme campo de refugiados hospedando a más de 8,400 personas. Éstas fueron divididas, a la fuerza, en diferentes campos gubernamentales alrededor de Idomeni y la ciudad de Tesalónica. Dichos campos fueron organizados dentro de estructuras abandonadas: fábricas, supermercados y hangares, donde organizaciones como el Alto Comisariado de las Naciones Unidas para Refugiados (UNHCR, por sus siglas en inglés), la Cruz Roja y Save the Children trabajaban en respuesta a la emergencia humanitaria.

En 2017, supe de ésta situación y contacté a la asociación FIRDAUS, una organización de voluntarios independientes que se dedican a crear actividades para niños en los campos; brindar ayuda médica; y recolectar fondos para comida, ropa y artículos de higiene.

Visité dos veces Vasilika, el campo en donde se hospedaban 1,200 personas en espera del permiso para poder continuar su ruta. Junto a otros voluntarios y algunos residentes del campo, tratamos de crear un espacio limpio e higiénico que pudiera recibir a niños y mujeres embarazadas. Los migrantes vienen desde lejos, viajan por años para llegar hasta ahí y muchos lo hacen habiendo perdido familiares o amigos durante el camino. Por eso, en Vasilika, se encontraban muchos menores de edad que llegaban totalmente solos, sus familias se habían quedado atrás.

La ruta es muy peligrosa: algunos mueren ahogados tratando de cruzar el mar, otros de deshidratación en el desierto y muchos a manos de la mafia que controla las fronteras de todo el camino hasta llegar a Grecia. Bastantes llegan al campo heridos y enfermos.

Durante esos días de voluntariado, tuve el permiso de los coordinadores y la policía presente en el campo para tomar fotografías. La única condición: que fuera con el celular para no ser invasiva. Gracias a eso, estas fotos pudieron ser compartidas en escuelas y universidades de la Suiza italiana, creando consciencia entre los jóvenes y brindando mayor información sobre la crisis migratoria ya que, hasta este momento, los medios de comunicación europeos han compartido información que fomenta el racismo. Hay pues una confusión grave y equivocada en la percepción social entre los jóvenes occidentales. Tan sólo en 2018, en Europa se realizaron más de 400 manifestaciones neo-nazistas.

Estas fotos cuentan pequeños instantes de un enorme acontecimiento que está cambiando a todo un continente. Son segundos que representan todas las historias de los millones de migrantes que, justo en este momento, están siendo forzados a abandonar su propio país para poder salvarse y vivir en libertad.

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