México pierde su Mussolini

México pierde su Mussolini

Foto: Es Imagen | Archivo Lado B

Andrew Paxman* | Arena Pública

@APaxman

En su biografía clásica Mussolini, Denis Mack Smith avanza la tesis de que el fascismo italiano no fue tanto una ideología, sino una táctica para alcanzar el poder. Sobre un cambio de rumbo, en 1919, escribe: “los fascistas habían fallado como movimiento izquierdista, pero podrían tener mayor suerte como derechistas”.

Esto es sólo un momento, entre muchos, cuando la carrera del dictador italiano nos podría hacer pensar en la de Rafael Moreno Valle Rosas, uno de los más célebres “chapulines” de la época de la alternancia, quien dejó el PRI por el PAN cuando el primero le negó una candidatura para el senado en 2006.

Al consultar el capítulo sobre el ex gobernador poblano que escribió Ernesto Aroche en el libro Los gobernadores, uno encuentra otros paralelos:

Ambos, Benito Mussolini y Rafael Moreno eran muy ambiciosos, planificando desde su juventud volverse líderes. En su exageradamente publicitada autobiografía La fuerza del cambio, Moreno admite que, desde joven, ser gobernador de Puebla “se convirtió en un objetivo de vida”.

Los dos suprimieron la democracia electoral. El italiano cultivó un estado totalitario durante 21 años. El poblano cultivó un cacicazgo durante seis años (conteniendo cualquier disconformidad en el congreso del estado), lo perpetuó casi dos años más a través de su títere Tony Gali y estuvo a punto de extenderlo por otros seis con la ayuda de su esposa (elegida en medio de una ola de violencia y fraude). Una vez más, Puebla iba a ser un baluarte político-económico para las aspiraciones presidenciales de Moreno Valle en 2024.

Leer también: Puebla, democracia en duda: reventar la elección.

Los dos suprimieron la libertad de la prensa. Mussolini, periodista antes de que fuera político, conocía bien el poder de la palabra. Moreno instituyó el notorio “tripack”: Si un medio no lo apoyaba, sufría un boicot publicitario no sólo de su gobierno sino también del Ayuntamiento de Puebla y de la universidad estatal. Ambos otorgaron grandes subvenciones a diarios que festejaban sus actos.

Los dos utilizaron el espionaje telefónico para monitorear a congresistas. En el caso del poblano, esto fue confirmado al New York Times por directivos de la empresa italiana que le vendió el equipo. En cuanto a críticos de menor rango, ambos líderes convirtieron a muchos en presos políticos, más de cien en el caso poblano.

Los dos creyeron que la violencia era una medida aceptable con fines políticos. Por supuesto, hubo una gran diferencia de grado, pero Moreno sí forzó la aprobación de una “Ley Bala” que permitió a sus fuerzas policiacas una mayor libertad en el uso de las armas. Y la crítica de que era una táctica para contener la protesta social se vio afirmada, poco después, cuando un niño de 13 años murió tras ser golpeado por una lata de gas lacrimógeno durante una marcha.

Los dos eran llamativamente vanidosos. Mussolini solía rodearse de fotos de sí mismo y vetaba los retratos periodísticos que no le gustaban. Moreno también vetaba fotos que le disgustaban y cada año gastó cientos de millones del erario para promover sus logros, a menudo con imágenes que presentaron su sonriente cara.

Los dos aún compartieron una cierta semblanza física, algo notable cuando parecían estar contemplando su propia grandeza.

Moreno Valle, Mussolini
Compara esta foto de Moreno con esta de Mussolini.

No todo su legado era desafortunado. Por ejemplo, los dos promovieron obras monumentalistas, como la Estación Central de Milán y el Colosseo Quadrato de Roma, o el Museo Internacional del Barroco y el remodelado Estadio Cuauhtémoc en Puebla. Que resultaron edificios bellos y de renombre, no quita del hecho de que también resultaron monumentos al ego de quien los impulsó … mientras gran parte de su pueblo seguía siendo pobre.


*Profesor de historia y periodismo del CIDE. De origen inglés, es coautor de El Tigre (2000; reeditado en 2013), biografía de Emilio Azcárraga Milmo. Fue reportero radicado en México durante los años 90. Luego obtuvo una maestría de Berkeley y un doctorado de la Universidad de Texas. Su biografía más reciente, En busca del señor Jenkins: Dinero, poder y gringofobia en México, trata del empresario norteamericano radicado en Puebla, William Jenkins (1878-1963). Ahora está investigando la biografía de Carlos Slim.

**Texto publicado originalmente en el sitio Arena Pública.

NO COMMENTS

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.