La cartilla moral 1: crisis, regeneración o moralina

La cartilla moral 1: crisis, regeneración o moralina

Martín López Calva

Para Magüicha, por la consulta que inspiró este tema.

“En las situaciones de crisis hay al mismo tiempo, degeneración y regeneración ética”

Edgar Morin.El Método VI. Ética, p. 85

La semana pasada el presidente López Obrador entregó en un acto público en el Estado de México los primeros diez mil ejemplares de la reedición de la Cartilla moral que Alfonso Reyes escribió en 1944 a petición del entonces Secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet y que, según una muy buena nota de la periodista Nayeli Reyes de El Universal, tuvo un tiraje de diez millones de ejemplares que nunca fueron distribuidos por razones que se desconocen.

Foto tomada de Secretaría de Comunicaciones y Transportes

Según la misma nota en la que la periodista entrevista a dos investigadores de la UNAM expertos en el tema, la cartilla original contenía catorce lecciones que buscaban orientar a los mexicanos sobre temas como el individuo, la familia, la sociedad, el derecho, el Estado, la cultura y la escuela. Además, lo cual era bastante adelantado para su tiempo, el gran escritor mexicano exhortaba a amar y respetar al planeta –“a las especies animales y vegetales”–, como una exigencia moral.

Esta primera entrega que hizo el presidente es parte de un programa amplio en el que, a través de la Secretaría de Educación Pública (SEP), se distribuirán millones de ejemplares de la Cartilla moral en todo el país. La introducción de esta nueva edición está firmada por López Obrador.

“La difusión de la cartilla moral de Alfonso Reyes es un primer paso para iniciar una reflexión nacional sobre los principios y valores que pueden contribuir a que en nuestras comunidades, en nuestro país, haya una convivencia armónica y respeto a la diversidad y a la pluralidad”.

Nayeli Reyes. «La cartilla moral que AMLO desempolvó«. El Universal. 19-01-2019.

Este programa ha causado una enorme polémica, por lo que considero importante dedicar un par de semanas de esta Educación personalizante a analizar desde mi perspectiva, como investigador del área temática de Educación y valores, el análisis de esta iniciativa del nuevo presidente; hoy, desde una visión general, y la próxima semana, abordando el contenido de la cartilla.

El primer cuestionamiento que surge ante una iniciativa como esta se centra en la pregunta acerca de si el Estado tiene derecho a intervenir en el terreno de lo moral que, según la perspectiva liberal que sustenta la tradición de las democracias occidentales, es exclusivo del ámbito personal y familiar.

¿Es lícito que el gobierno busque incidir en el ámbito de la moral o debe abstenerse y dejar que cada individuo y cada familia o comunidad decidan con absoluta libertad los valores conforme a los cuales quieren vivir?

En reiteradas ocasiones he abordado aquí el tema de la crisis moral en la que vive el país, a la cual he señalado como central y de urgente atención por su incidencia en todos los demás ámbitos de nuestra convivencia social. La manera en que he propuesto abordar esta crisis no es en términos de inmoralidad o falta de valores sino entendiendo la situación desde lo que plantea Adela Cortina como “desmoralización social”, es decir, como una crisis del deseo de vivir y de convivir humanamente.

Asumiendo esta perspectiva no podemos pensar que la moral sea exclusivamente individual. Si existe una crisis de desmoralización social quiere decir que, además de la moralidad individual que se decide en el ámbito privado y familiar, existe también una moral social que nos involucra colectivamente como ciudadanos. Ambas están ligadas.

Desde la visión de la “ética planetaria” –que es uno de los sustentos de la Educación personalizante–, se entiende la ética como una dimensión humana compleja que incluye una auto-ética que se define desde la libertad personal; una socio-ética que tiene que ver con los valores de convivencia social, y una antropo-ética que se plantea como el reto de construcción de la convivencia constructiva de todo el género humano.

Esta manera de entender la ética trasciende la visión individualista liberal que considera lo moral como exclusivo del ámbito privado y prescinde de la dimensión sistémica de los valores y decisiones desde una idea que se expresa en la muy usada frase: “mi libertad termina donde empieza la de los demás”. Esta idea es errónea y simplificadora puesto que toda decisión libre individual afecta de una u otra manera la libertad de los demás, dado que nuestras libertades están tejidas en una red compleja y dinámica por el hecho de ser “animales sociales”.

A partir de esta visión compleja y ante la urgente tarea de revertir la crisis de desmoralización que vive la sociedad mexicana considero positivo que el gobierno, por primera vez desde la meramente discursiva “Renovación moral de la sociedad” planteada por el ex-presidente De la Madrid en su campaña, busque generar una “reflexión nacional” sobre el tema de la moral pública que, si se maneja desde una visión abierta y plural, puede contribuir a la regeneración de la convivencia social desde ciertos valores fundamentales en común.

 

“No podemos prescindir de ideas rectoras, de ideas-fuerza, pero podemos intentar entonces verificar que no nos embauquen, examinar el camino que nos hacen seguir. Entre estas ideas rectoras e ideas-fuerza está la idea de libertad. Y cuando somos poseídos por ella, nos permite adquirir libertades”

Edgar Morin. El Método VI. Ética, p. 309

 

Si bien la Cartilla moral de Reyes es un documento escrito hace ya 75 años y responde a una realidad y cosmovisión distinta a la del cambio de época que hoy vivimos, si se usa como se plantea en la introducción ya citada: “como un primer paso” para “iniciar una reflexión” que busque la definición de ciertos principios y valores generales que “contribuyan a una convivencia armónica” en el marco de la “diversidad y la pluralidad” de la sociedad mexicana, puede ser un instrumento para iniciar la reconstrucción ética que requiere la sociedad mexicana actual.

Porque el documento de Reyes plantea algunas ideas rectoras o ideas-fuerza de las que, como dice Morin, no podemos prescindir; que pueden servir como punto de partida –revisando las que siguen siendo pertinentes, como por ejemplo las del respeto a la naturaleza– para elevar el deseo de vivir humanamente de los ciudadanos de este país.

Sin embargo, como plantea el mismo pensador francés, podemos y debemos verificar que no nos embauquen intentando utilizar la Cartilla moral, o cualquier otro instrumento del discurso oficial, como medio de indoctrinación que pretenda homogeneizar a la sociedad mexicana y ponerla al servicio de una sola visión del mundo acorde con los intereses políticos del gobierno en turno. Porque una de las ideas-fuerza fundamentales es la de la libertad y debemos dejarnos poseer por ella para adquirir libertades en nuestra vida cotidiana.

“La moralina (recupero el término de Nietzsche) es la simplificación y la rigidización éticas que conducen al maniqueísmo y que ignoran la comprensión, magnanimidad y perdón. Podemos reconocer dos tipos de moralina: la moralina de la indignación y la moralina de la reducción. Una alimenta a la otra”

Edgar Morin. El Método VI. Ética, p. 61

 

Si bien es plausible que el gobierno actual se ocupe de la crisis moral que aqueja a la sociedad mexicana, dado el discurso maniqueísta prevaleciente –del que hablamos un poco la semana anterior– y la antigüedad del texto elegido para iniciar la campaña, existe un riesgo de caer en la moralina. Esto es, en la simplificación y rigidización de la visión ética, producto de la indignación y de la reducción que parecen dominar hoy la escena pública.

Utilizar de manera prescriptiva y dogmática la Cartilla moral, desde un enfoque de inculcación o enseñanza de valores en lugar de someterla a discusión y utilizarla como disparador de la reflexión ética, contribuiría sin duda a la moralina y llevaría al fracaso este intento de elevar la moral de nuestra sociedad.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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