El PAN sorprendido y el nombramiento de un Michael Corleone

El PAN sorprendido y el nombramiento de un Michael Corleone

Juan Manuel Mecinas

@jmmecinas

Acción Nacional pasa por un momento único: la posibilidad real de llegar al poder en Puebla. Se trata de un escenario que, como no estaba en sus planes, lo toma desprevenido y sin idea de cómo sacar el mayor de los provechos.

En 2010 formó una alianza con el PRD y otros partidos con el único objetivo de sacar al PRI de Casa Puebla. Lo logró; sin embargo, eso no le dio acceso a la silla principal de Los Fuertes. Fue el viejo PRI, con una careta distinta, quien triunfó aquella noche de 2010. Para que la cuña apretara tenía que ser del mismo palo y la receta para echar al PRI de Marín vino de un PRI transformado en PAN, liderado por Rafael Moreno Valle. Esa transformación morenovallista del PRI al PAN se gestó en poco tiempo: solo cuatro años. Moreno Valle pasó de ser líder priista del congreso en 2006, a ser Senador por el PAN y Gobernador. Todo en 4 años; maravillosamente rápido.

Foto tomada de Museo Internacional del Barroco

Los panistas que se quejan del morenovallismo fueron quienes le abrieron la puerta a Rafael porque era el único antídoto disponible que podía vencer a Marín. Cualquier otro abanderado del PAN no hubiera logrado unir a las distintas fuerzas políticas ni hubiera derrotado a la maquinaria marinista. Fue la tuerca perfecta en el engranaje multipartidista, y a partir de entonces se convirtió en el mandamás autoritario que todos conocieron.

Desde ese momento, el PAN solo ha olido las mieles del poder. Moreno Valle no fue un gobernador panista, sino morenovallista. Sus allegados eran de todos los colores y sabores, e incluso, muchos eran abiertamente antipanistas.

Con la muerte del cacique, Acción Nacional tiene por vez primera la posibilidad de proponer un candidato que quiera impulsar una agenda panista. Si ello implica que algún morenovallista pueda jugar ese papel, esa  cuestión está por verse. Lo cierto es que el helicóptero que se desplomó en la víspera de Navidad y en el que murieron los Moreno Valle también fue el helicóptero que de pronto le entregó al PAN el poder que no tenía: la influencia de poder y la posibilidad de gobernar el Estado. Desde 2010, sus siglas indican que es el partido del hombre en el poder, pero todos sabemos que el morenovallismo distaba mucho de ser panista o liderar una agenda de centro derecha. El morenovallismo era más cercano a Peña Nieto que a la dirigencia del PAN, sobre todo cuando Anaya lideró el partido. Dicho de otro modo: Moreno Valle / Gali / Alonso gobernaban el Estado, pero el PAN no recibió sino migajas de los éxitos pasajeros del morenovallismo.

El accidente en el que murieron los Moreno Valle resultó ser una ventana para Acción Nacional porque, súbitamente, puede ganar el partido (a nivel local) así como también ganar la gubernatura. Moreno Valle, como casi todos los virreyes mexicanos llamados gobernadores, no se preocupó por consolidar a su partido, sino por controlarlo. Así, el partido político del gobernador, a nivel local, no tiene ni pies ni cabeza. No hay rey al que rendirle y, por ende, no hay agenda. Moreno Valle era el sol, por lo que el Luis XIV de la política poblana dejó un partido huérfano e inútil. Ya no hay razón para levantarse porque nada deciden, en nada influyen y su voz cuenta poco.

En ese escenario, Acción Nacional –el partido nacional– tendrá que decidir quién será su abanderado para las elecciones extraordinarias no a partir de la figura del cacique, sino de quien puede conjugar los intereses de los distintos grupos que políticamente se cobijan bajo las siglas del partido fundado por Gómez Morín. Tendrá que sopesar entre el panismo tradicional –aún poco eficiente– y el morenovallismo huérfano –de maquinaria respetable–.

Los trascendidos dicen que hay dos bandos. En uno de ellos Rivera Pérez y Aguilar Coronado aventajan como panistas y antimorenovallistas. Son quienes levantan la mano y sostienen que pueden ganar el Estado, pero a quienes no se les conoce triunfo alguno sin el cobijo del morenovallismo. Por otra parte, Banck y Moya quieren liderar a los morenovallistas para jurarle lealtad a Acción Nacional y demostrar que el grupo puede unirse a partir de los intereses que fincó su exjefe. Cualquiera de las opciones carece del respaldo de sus contrapartes y ahí está una de sus mayores debilidades.

Rivera y Aguilar son identificados con el Yunque y las fuerzas rancias del panismo poblano que nunca ha podido convencer al electorado para darles un voto de confianza. Por lo que, sin la maquinaria morenovallista, se ve lejano un triunfo sobre la criticada, pero aún intacta, imagen lopezobradorista que pesará en el electorado. A Banck y a Moya lo que los separa es una cuestión distinta: es dinero, son intereses, egos, apoyos, liderazgos. Dentro del grupo de Moreno Valle saben lo que es vivir a la sombra de un cacique y no quieren repetir la experiencia, mucho menos si a la aventura debe aportarse dinero que ya no tiene como fin último que su jefe se siente en la silla principal de Los Pinos. Los intereses de los morenovallistas ahora son otros. Nunca les ha gustado compartir el poder, pero tal vez sea el momento en que deban dejar los despachos del palacio y proceder a batirse en los campos de la política. Su jefe se ha ido y no hay quien luche. O nombran un Michael Corleone o cada quien se retira con tres canicas en la bolsa, señal de que el botín fue jugoso, pero pudo ser mejor. Un nuevo Michael Corleone tiene ventajas y desventajas. Puede hacer que los negocios sigan beneficiando a todos, pero también puede cortar la cabeza de más de un Fredo.

La historia está por escribirse y seguimos lejos de una democracia.

*Foto de portada tomada de Museo Internacional del Barroco

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