Cultura oportunista

Cultura oportunista

Susana Sánchez Sánchez

@multiplesvoces

El 28 de diciembre de 2018 leí que Esteban Fuentes de María pintó “Caída de dos aves azules” como homenaje a la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso, y a su esposo el senador, Rafael Moreno Valle (quienes fallecieron en un accidente aéreo el 24 de diciembre de 2018). Dado que era 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, la noticia acerca del homenaje parecía una broma periodística mordaz, pero llegó el 29, el 30 y el 31 de diciembre y el homenaje no era una tomada de pelo.

Foto tomada de Esteban Fuentes de María

Entre los medios poblanos que ocupan tener una sección periodística diaria dedicada a la cultura sólo se rescatan dos de formato impreso: La Jornada de Oriente y Milenio, de hecho fue el primer diario el que dio la primicia. En redes sociales se pitorreaban de Esteban Fuentes de María, los más doctos en la escena de las artes plásticas eran irónicos con la calidad a nivel artístico de la obra; otros, algunos reporteros que ni por error cubren la sección de cultura, también opinaban y lanzaban vituperios en contra del joven artista; yo, mortal e ignorante en el área de las artes plásticas, vi el polémico cuadro y me acordé de mis años mozos de reportera de cultura –no puede evitar recordar los cuadros que luego veo en el Barrio del Artista o las manzanas de Martha Chapa–.

Hasta ahora no entiendo cuál es el escándalo ante el hecho de que alguien pinte aves como homenaje a dos políticos muertos. En las Galerías del Palacio Municipal, en octubre y noviembre de 2018, estuvo la exposición fotográfica “Un pueblo en campaña”, del fotoperiodista del semanario de Proceso, Germán Canseco, cuyas fotos hacían referencia a la campaña de MORENA, partido al cual pertenece la presidenta municipal actual y quien estuvo presente en la inauguración. Hasta donde tengo entendido, la fotografía también entra en las artes plásticas, ¿por qué, entonces, no habrá salido la comunidad artística poblana a cuestionar la calidad de la obra de Canseco? Insisto: ¿Qué hay de aberrante y escandaloso en que alguien monte una exposición de fotos de campaña política y otro pinte palomas en homenaje a unos políticos muertos? Como dicen por ahí: “En gustos se rompen géneros”. Es decir, a usted le puede parecer hermoso tener un cuadro de La última cena en su comedor mientras a mi me puede parecer fatal y por eso tengo un póster de El origen del mundo. ¿No existe pues un Derecho a los beneficios de la cultura* y otro a la libertad de expresión? ¿Por qué se encrespa la comunidad artística con unas palomitas?

Si la bronca no es en sí Esteban Fuentes de María y el choro mareador para justificar por qué pintó las palomas; los choros mareadores los tienen otros artistas plásticos más para justificar lo que presentan ante el público. Valdría la pena investigar por qué unos tienen más impacto mediático que otros.

Lo que a mí me gustaría compartirles, gracias a mi incipiente paso por el periodismo poblano y que siempre resultó una suerte de laboratorio social –primero para viborear a mi propio gremio, pero también para observar a los artistas–, es que los artistas son o adquieren un lugar en su gremio, son reconocidos, no siempre por el hecho de ser artistas o no estrictamente por eso, se posicionan gracias a la misma comunidad artística. Es decir, si la gran mayoría dice que alguien es fregón, aunque la calidad de su obra diga lo contrario, varios artistitas terminarán diciendo que es un fregón, ¿hay detractores de los dizque fregones? ¡Claro! Pero esos detractores suelen andar solos o pertenecen a grupos marginales (en el sentido de que sus obras no tienen el sello de una institución de prestigio, gubernamental o comercial, aunque quizás sus obras tengan la calidad artística), en pocas palabras, son las voces de los artistas que menos importan. Esteban Fuentes de María tiene esa carta gremial en su contra, incluida la de los artistas marginales.

Hay otros artistas que son artistas, aunque no los respalde su gremio ni la calidad de su obra. Hay artistas que son creados gracias a su capital familiar o social, bien porque alguno de sus papás o los dos tienen un apellido que pesa dentro de algún círculo de poder, generalmente económico, político o mediático. Esteban Fuentes de María, seguro tiene un capital social alto, en mi pueblo les llamamos: “hijos de papi” (o “mami”, para este caso). Hay artistas quienes gozan de contar con ambas cartas, son casos extrañísimos, pero los hay, pues tienen el respaldo gremial y social-político-económico.

Creo que lo cuestionable no son en sí las palomitas que pintó el joven sino cómo Esteban Fuentes de María logró exponer en el Museo Barroco de Puebla; ya sabemos que no cuenta con el respaldo gremial, así que queda el apellido y los contactos políticos y económicos. Lo que pintó, ¿es un acto oportunista y de mal gusto por la situación política que atraviesa Puebla? Quizás, pero en el mismo tenor habría que juzgar la exposición fotográfica “Un pueblo en campaña”, del fotoperiodista del semanario de Proceso, Germán Canseco, en las Galerías del Palacio ¿Tiene el fotógrafo respaldo gremial? Parece que sí, por lo menos en el periodístico (no sé si en el artístico) ¿Es suficiente para que expusiera fotos de la campaña morenista, en las Galerías del Palacio, justo en octubre y noviembre de 2018, no tan alejado a la toma de protesta de la presidenta municipal? Sin duda, fotos de una campaña disfrazadas de un discurso artístico de foto documental, fueron suficiente para el Ayuntamiento de Puebla; tanto como las palomitas de Esteban Fuentes de María para el Estado de Puebla.

Tome en cuenta que los “artistas” bribones y oportunistas jamás brillan por sí solos, siempre necesitan de buenas relaciones públicas en los círculos políticos, económicos y mediáticos, a los cuales no es sencillo acceder. La gente puede decir misa, mientras alguien esté respaldado por esos círculos parece que no hay quién lo quite.

Lo que sí podemos hacer como ciudadanos es cuestionar hasta el hartazgo a ambos niveles de gobierno, en torno a la priorización de los capitales políticos, económicos y mediáticos del “artista” antes que a la trayectoria artística o a la calidad artística-cultural de lo que van a difundir entre sus ciudadanos; máxime cuando se supone que en ambos niveles de gobierno hay gente especializada en la difusión de la cultura y en ese escenario, el de la difusión, tendríamos que estar contemplados todos nosotros y nuestra multiplicidad cultural, la cual no puede reducirse a gustillos partidistas, de políticos en turno o de pago de favores de los funcionarios públicos que llevan la batuta de las instituciones culturales.

Pero no se agüite, por fortuna las propuestas artísticas locales se mueven en otros horizontes. Estaría bien que de vez en cuando recorra otros espacios más allá de los institucionales.

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