Blackkklansman no es otra historia de tolerancia racial
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
31 de enero, 2019
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Héctor Jesús Cristino Lucas

Foto tomada de Youtube

Parece que es lo de hoy. Es cierto: un año más, una historia de tolerancia social que se añade a la lista. Una más. ¿El ritual? El mismo: un estreno asombroso en festivales y no pasa mucho para que el público las ame. Conquistan la crítica, conquistan Cannes y se llevan todo en los Globos de Oro. Mientras, en Hollywood –ese Hollywood que a veces, solo a veces, sabe lo que hace– las nominan y, en muchas ocasiones, olalá… ellas ganan.

Estas historias –consideradas Mejores Películas año tras año–, es cierto, parece que son lo de hoy. Nada menos que una estrategia barata que permite disuadir a la crítica y entrar en las tan ansiadas nominaciones a los Academy Awards con críticas sociales y discursos de tolerancia y respeto para añadirse al estante de “lo políticamente correcto”. Pero no nos confundamos tampoco. No es que sean lo de hoy, sino que siempre lo han sido.

La respuesta común ante este tipo de discursos es que las películas de protesta social –véase, de crítica a la intolerancia de minorías, por ejemplo– se hacen no como productos de una moda pasajera que ciertos cineastas usan para acercarse al elogio de la crítica especializada, sino, más bien, como un interesante archivo fílmico que sirve únicamente para resaltar que todos esos conflictos sociales de los que tanto se han hablado, luego de tantos años, siguen muy vigentes.

Felipe Cazals, en el tema de los linchamientos a mano propia en México, por ejemplo, a través de una película tan emblemática y contestaria como Canoa (1976) no sólo expuso el retroceso social de un país sumido en ignorancia, inseguridad y psicosis colectiva, hizo también que quedara grabada como una problemática meramente atemporal tras algunos casos similares que, luego de 40 años de ser expuestos, aún continúan viviéndose en nuestro país.

Eso es lo que transforma a Canoa en una película vigente. En una película cuyo encanto radica en recordar a gritos que los problemas siguen ahí; que en realidad nunca se han ido.

Incluso en los pasados galardones, dos películas ganadoras tocaron fibras sensibles a través de sus historias.

En el tema de la tolerancia a las minorías –que parece ya una crítica recurrente en el cine actual–, Guillermo Del Toro logró el Premio a Mejor Película a través deThe Shape of Water(2017). Una historia de época que, lejos del romance y la ciencia ficción, resultó un bello cuento sobre la nula aceptación que algunos sectores de la sociedad han sufrido desde épocas inmemoriales. He aquí que la figura del monstruo fuera la máxima metáfora del marginado –del homosexual, de los afroamericanos o de las personas con diversidad funcional– en una década tan complicada como lo fueron los años 60.

Jordan Peele, en cambio, a través de una aterradora película de horror como lo fue la magnífica Get Out (2017), ganó el Oscar a Mejor Guión Original satirizando el problema del racismo a través de una ingeniosa y divertida trama de humor negro como lo sería la odisea que vive un joven de color al conocer a la familia blanca de su novia.

Que cada año una nueva película de problemática social sea el furor entre los festivales y los quisquillosos Academy Awards, lejos de parecernos una repetitiva lista en el “glorioso estante de lo políticamente correcto”, en realidad debería hacernos ver estos filmes como archivos fílmicos preocupantes.

No por un asunto de melodrama y moralismo absurdo; no por la maestría que algunos cineastas exponen con su técnica y estilo, sino porque, realmente, muchos de estos problemas expuestos en filmes de época, así como mostró Cazals, así como mostró Del Toro, han trascendido incluso hasta nuestros días de manera aún más exponencial.

Y eso es justo lo que pretende remarcar este curioso y tragicómico thriller de Spike Lee –el mismo Spike Lee que hace tres años anunció no iba asistir a los Premios Oscar como protesta en contra de las omisiones de la Academia a artistas negros–, Blackkklansman, que figura ya como una firme candidata a Mejor Película en los próximos Academy Awards 2019.

Mucho se ha dicho de ella entre expertos y críticos. Algunos la encasillan más en un producto que intenta mezclar fallidamente géneros tan dispares como la comedia de humor negro y el thriller policial. Pero otros, más arriesgados todavía, ya están hablando de una vuelta impresionante al auténtico cine de protesta de Spike Lee. Pero vayamos por partes. Hay mucho que decir.

Blackkklansman nos transporta a finales de los años 70, luego de una gran época de agitación social, lucha por los derechos civiles y el surgimiento de ciertas organizaciones revolucionarias como Las Panteras Negras; y nos cuenta, a través de un formato bastante peculiar, la fascinante historia de Ron Stallworth: el primer oficial y detective afroamericano en el Departamento de Policía de Colorado Springs que ayudó a desmantelar, desde dentro, a la tan temida organización del Ku Kux Klan.

Admiro el trabajo que el mismísimo John David Washington ha logrado al encarnar este mítico personaje. Una evolución evidente desde las primeras escenas hasta el último arco argumental. De igual forma, no puedo dejar pasar a Adam Driver en una de sus mejores actuaciones, como su emblemático compañero y detective judío. Ya viene siendo hora de empezar a reconocerlo más allá de Kylo Ren y Star Wars. Eso sin duda.

¡Vaya sorpresa resultó esta película! Pese a que este cineasta ha estado activo en la industria del séptimo arte, como con el regular thriller con Denzel Washington Inside Man (2006) o con el infumable remake de Oldboy (2013) con Josh Brolin, créanme… nada como esto. Spike Lee regresa y lo hace de la mejor manera.

Esa maestría tan característica y contestataria, que a veces molesta, que a veces persiste y se vuelca en exaltar los ya evidentes problemas de tolerancia racial en nuestra sociedad, son dispuestos ésta vez en un thriller histórico que intenta hacer mofa de las circunstancias y recuerda mucho a sus trabajos anteriores, tanto en estilo como en temática.

De hecho, si pudiéramos describirla, Blackkklansman resultaría un interesante híbrido entre Malcolm X (1992) –sobre un importante líder activista y defensor de los derechos de la comunidad negra– y Do the ring thing (1989) –el drama cómico sobre las tensiones raciales que un repartidor de pizzas afroamericano vive luego de una pesada jornada de trabajo en pleno Brooklyn–, pero con un ligero y ya conocido sabor a los Hermanos Cohen.

La fórmula efectiva de estos cineastas que logran sumergirse entre el suspenso, pero no se aleja del humor. La más reciente película de Spike Lee hasta parece una herencia cinematográfica de Fargo (1995) o No Country for Old Men (2008). Incluso, de esa majestuosa Three billboards outside ebbing Missouri (2017) de Martin McDonagh que, al mismo tiempo de ser un thriller policial, es una cinta de humor negro azotadora.

Es por esta misma razón que algunos no logran comprender el estilo de una cinta como Blackkklansman, que parece regirse por un halo de seriedad fortuita pero de pronto, así, de repente… se rinde ante la comedia escandalizadora.

Es por ello que me he convencido que esta no es otra historia de tolerancia racial. Es una potente sátira a la falta de humanidad en Norteamérica.

Algunos no logran concebir que pueda existir una comedia de humor negro que logre funcionar dentro de un thriller histórico. Que sea serio, informativo y que al mismo tiempo logre clavar un duro puñetazo a la comunidad norteamericana y a su patética evolución como sociedad, comparando el mismo problema de finales de los años 70 con aquellos que se viven en pleno siglo.

La increíble historia de Ron Stallworth es usada simplemente como una excusa; como un telón de fondo brillante que sólo sirve para exponer lo que presenta como un gran logro en el rubro social y hasta político, pero también como un enorme fracaso en la conciencia actual. El chiste debería contarse solo.

Blackkklansman no es graciosa por sus chistes fuera de lugar. No encaja en el género de la comedia por lo evidente, sino por todo lo que discretamente representa. Es esa chocante comparación de épocas la que hace de esta película una cinta de humor negro ingeniosa. Te cuenta los enormes logros que individuos como Ron Stallworth hicieron a favor de la tolerancia social y los contrapone con personajes actuales tan representativos como Donald Trump.

Que esta cinta te llene de referencias a personajes afroamericanos de relevancia histórica como O. J. Simpson o Martin Luther King, o bien, a cientos de filmes de la época dorada del movimiento Blaxploitaiton, como Superfly (1972) o Shaft (1971), sólo sirven para enfatizar la misma premisa.

Spike Lee, de forma astuta, ha hecho una línea de tiempo que grita que la intolerancia representada en el atroz movimiento del Ku Kux Klan no ha sido erradicada completamente. Es triste, pero gracioso. ¿Cuántos infiltrados se necesitan para acabar con él? ¿Cuántos más?

Parece que es lo de hoy. Es cierto: un año más, una historia de tolerancia social que se añade a la lista.

A veces, los ejemplos logran ser tan poco justificados; tan metidos a la fuerza que desconciertan y te hacen pensar que todo esto no es más que una simple moda pasajera en la que sólo por tener personajes afroamericanos y nada de historia, por ejemplo, como con Black Panther (2018), se piensa que se ha logrado la lucha, la crítica, la revolución y el movimiento… pero en ocasiones uno entiende la verdadera importancia de estos archivos fílmicos.

Dirán todo lo que quieran, pero Blackkklansman de Spike Lee no es otra historia de tolerancia racial.

Sinopsis:

“En 1979, Ron se convierte en el primer policía negro de Colorado Springs, pero sus superiores no le reciben de buen grado. Ron y su compañero Flip, judío, afrontan una misión casi suicida: infiltrarse en el Ku Klux Klan local y desmantelarlo”.

*Foto de portada tomada de Youtube

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Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com