Autodefensa feminista para recuperar las calles y la libertad

Autodefensa feminista para recuperar las calles y la libertad

Aranzazú Ayala Martínez

@aranhera

Foto: Ámbar Barrera

Itzel dice que si una mujer no puede cargar el garrafón puede idear una técnica para hacerlo, o pedirle a una amiga que la ayude. De eso se trata la autodefensa feminista, de quitar el estereotipo de que las mujeres son débiles o no tienen fuerza, y generar estrategias para que recuperen su libertad.

Itzel Sánchez Martínez, del taller de autodefensa del colectivo ADA, dice que la autodefensa feminista no es sólo aprender defensa personal, saber utilizar un gas pimienta o conocer los puntos para atacar a un agresor. Se trata de aprender a cuidarse desde dentro, de idear estrategias comunes, de recuperar las calles.

La autodefensa feminista abarca también el autocuidado, la sanción y la generación de justicia y reparación del daño. Itzel dice que no se trata de venganza, porque es un concepto que parte del amor.

Hace ocho años nació el “Taller de autodefensa feminista del colectivo ADA”, después de que las compañeras acudieron a un evento de otra colectiva oaxaqueña. A partir de ese momento se articularon con agrupaciones en todo el país, organizaron un encuentro nacional y desde ahí no han parado de dar talleres en foros, espacios autogestivos y en universidades.

Las mujeres, dice Itzel, estamos criadas en un sistema donde la violencia de género de distintos tipos se normaliza. Desde el hecho de que las mujeres piensen primero en atender a los demás y no atender sus propios problemas, o el acostumbrarse a cambiar de rutas y horas por asumir que les va a pasar algo en las calles, y también dar por hecho que no pueden salir solas.

Por ello la autodefensa feminista busca empoderar a las mujeres pero sobre todo dar herramientas para el cuidado de la seguridad física y de la salud emocional.

Y aunque hay manuales y documentos públicos de autodefensa, la mayoría no se difunden ampliamente.

Itzel explica que todo lo que pasa durante las sesiones es a puerta cerrada, para dar mayor seguridad a las asistentes y la confianza de que todo lo que compartan se quedará en un círculo seguro.

Un error común es que las mujeres vayan a una sola sesión, porque no es suficiente tiempo para entrenar. La tallerista dice que la autodefensa feminista en una cuestión sobre todo de constancia, y por eso ellas tienen la idea del taller permanente, para que las mujeres practiquen y se vuelvan más conscientes de sus fortalezas y su cuerpo.

Recuperar las calles

En el taller de autodefensa del colectivo ADA, Itzel y otras compañeras entrenan a mujeres, desde adolescentes hasta adultas mayores, para que aprendan a utilizar sus cuerpos para defenderse. Lo más importante, dice Itzel, es recuperar las calles, y recuperar la libertad.

En casi una década de dar estas clases en espacios de colectivas y en universidades nunca ha tenido menos de diez alumnas, y han llegado a ser hasta 35 en un mismo grupo. En todo ese tiempo siempre han tenido testimonios de abusos, de intentos de levantones y de acoso en las calles y en el transporte público.

Aunque es un concepto que tiene mucho tiempo es relativamente poco conocido, pero cada vez se difunden más estas colectivas entre mayores rangos de edad.

En las clases de autodefensa se aprende desde cómo utilizar el cuerpo de cada asistente para defenderse y atacar hasta cómo usar gas pimienta o las llaves, y otras cosas que parecen tan básicas como gritar.

A veces el simple hecho de gritar en el transporte público puede hacer que los agresores huyan, o que al menos la gente ponga atención, que se visibilice lo que está ocurriendo.

La constante de quienes se adentran en la autodefensa feminista es el enojo, pero no del que paraliza, sino del que hace que acciones, explica Itzel. Y son mujeres que quieren volver a caminar seguras, tranquilas, que quieren salir de su casa en paz.

Otra de las metas de la autodefensa feminista es poder crear un entramado y red de apoyo entre mujeres para compartir experiencias y ayudarse.

Durante los últimos años las cifras de violencia contra las mujeres se han recrudecido. Puebla es uno de los primeros lugares como estado y como ciudad en desaparición de adolescentes, en abuso de menores y en incremento de feminicidios

La urgencia, dice Itzel, es no desaparecer, es poder salir y caminar. El taller del colectivo ADA cuestiona el mundo que le estamos dejando a las mujeres más jóvenes, las que ya no tienen libertad para salir solas, para usar el transporte público, las que siempre desde pequeñas tienen que ir acompañadas a todo momento.

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