La generación dispuesta a cambiar el mundo

La generación dispuesta a cambiar el mundo

Foto tomada de Pxhere
Mariana González Magaña

Hace unos días me encontraba del otro lado del mundo. Si al comienzo del año me hubieran dicho que así sería, quizá jamás lo habría creído. Gracias al programa Talentum, del cual hablaré un poco más adelante, tuve la oportunidad de viajar a Israel por dos semanas completas. Apenas he regresado, me ha invadido la necesidad de escribir acerca de mi experiencia en ese –para bien o para mal– increíble país. Sin embargo, al empezar a redactar me doy cuenta de que quiero hablar de algo mucho más importante: la gente que quiere cambiar al mundo.

Toda mi vida me he considerado una persona que quiere aportar su granito de arena en este mundo: ayudar a los demás y aprender de los demás; entender que la realidad va más allá de lo que puedo percibir en mi entorno. Tengo que admitir que intentar ir por el camino correcto no ha sido tan sencillo. He descubierto que a la gente no le agrada renunciar a sus privilegios por el bien común y que muy difícilmente te apoyarán si consideran que tus acciones pueden perjudicar su estilo de vida. A lo largo de mi carrera universitaria busqué participar en diferentes iniciativas que hicieran de mi comunidad un lugar un poco más justo, aunque llegué a toparme con muchos obstáculos. Incluso en ocasiones pensé que tal vez era yo quien se equivocaba, que era una idealista cuyas metas y objetivos nunca se cumplirían; al menos hasta que participé en Talentum.

Talentum Universidad es una iniciativa adscrita a la unidad de investigación sobre educación y política educativa del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), que impulsa a jóvenes con aptitudes de liderazgo en un programa extracurricular de alto rendimiento, compuesto de una semana de inducción con clases magistrales; el desarrollo de un proyecto a distancia en equipo; un viaje internacional; y una experiencia de shadowing en la Ciudad de México.

Para esta 4ª generación titulada “Un México justo, próspero e incluyente”, aplicaron más de 14,000 jóvenes de la República, entre los cuáles fueron seleccionados 30 hombres y 30 mujeres, por lo que me siento muy honrada de formar parte de estos 60 chicos que cruzamos el océano para aprender todo lo posible de Israel, llevarlo a sus localidades y cambiar su rumbo. Este viaje nos inspiró a aprender acerca de la humanidad entera; indagamos sobre el conflicto entre Palestina e Israel, sobre el holocausto y descubrimos todo el potencial que tiene México para avanzar.

Israel es un país polémico y contradictorio desde la teoría hasta la práctica. Lo mismo que los ha llevado a crecer en áreas como la ingeniería o los negocios, es lo que los ha estancado en el ámbito de la empatía. Más allá de dar mi postura política acerca del conflicto, me gustaría enfatizar que la principal virtud de Israel ha sido la resiliencia; el levantarse de entre las cenizas para construirse un futuro y ser reconocidos por el resto del mundo. Tienen universidades magníficas como el Technion y la Universidad Hebrea de Jerusalén; organizaciones de la sociedad civil estupendas como Shalva (un centro de rehabilitación e inclusión para personas con discapacidad); o el Centro Cultural Beit Hagefen, ubicado en Haifa, una comunidad en la que coexisten cristianos, judíos y musulmanes; además de cientos de start-ups reconocidas a nivel mundial.

No pretendo compartir mi opinión política, no obstante, quiero explicar que en Israel no todo es miel sobre hojuelas: hay un conflicto que no se puede ignorar y que está derivando en una crisis humanitaria. En la historia es difícil que exista sólo blanco y negro, pero la situación política de Israel tiende al gris oscuro, y lo menciono porque en México tenemos un panorama muy similar, aunque por razones diferentes. Pienso entonces que si Israel, con su historia y su eterna guerra, ha podido levantarse, México sin duda puede hacerlo también. Al menos en este viaje pude conocer 59 personas maravillosas dispuestas a todo por lograrlo.

Es por eso que estoy segura de que el cambio de este país dependerá de su gente, al dejar de conferir las responsabilidades: “que otros marchen”, “que otros voten”, “que otros hagan”. Es momento de empezar a formarnos para exigir nuestros derechos, para convertirnos en los agentes de cambio que esta nación necesita; desde nuestros propios emprendimientos, en nuestras organizaciones de la sociedad civil u ocupando cargos públicos de manera honesta. Desde cualquier frente, pero siempre con la meta de convertir este mundo en un lugar más próspero, justo e incluyente.

NO COMMENTS

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.