El diablo, los volcanes y la bruja: historia y tradición cholulteca

El diablo, los volcanes y la bruja: historia y tradición cholulteca

Aranzazú Ayala Martínez

@aranhera

En la campaña de fondeo de la Radio Comunitaria Cholulteca Cholollan, que integran Axocotzin Radio de Tlaxcalancingo, San Andrés Cholula, y Radio Zacatepec, de Juan C. Bonilla, realizada en 2018, una de las recompensas era un disco con leyendas de Cholula.

En un esfuerzo por difundir las tradiciones de la región, LADO B y Radio Cholollan se unieron para que las leyendas no quedaran sólo en un CD y llegaran a más personas en un formato tanto análogo como digital. Fue así que nació esta colaboración que rescata leyendas de la tradición oral de la zona de los volcanes, de los municipios de Nealtican, San Pedro Cholula y San Andrés Cholula, de las personas que se acercaron a compartir un poco de la historia de sus pueblos.

Agradecemos al Comité en Defensa de la Vida, la Tierra y el Agua de Nealtican, al Grupo de Danzantes del Huey Atlixcayoc, al Sr. Pedro Castillo Martínez, a don Esteban Tócatl y al colectivo San Pedro Cholula cultura, historia y tradición por sus aportaciones.

Esta colaboración está abierta a sumar más leyendas y esperamos poder hacer crecer el acervo cultural de leyendas cholultecas.

Nealtican: la leyenda de los volcanes

Una de las leyendas más hermosas de la región es la de los Volcanes, se trata de una versión que les da identidad a los pueblos que viven al pie de las montañas.

Narra el ritual de la boda entre Iztaccíhuatl, aquí conocida como María Nicolasa y el Popocatépetl, o Gregorio Chino Popocatépetl.  Cuando Gregorio Chino quería casarse, fue al cerro de Xaltepec para pedirle que sea su terpito que significa “intérprete” y pida la mano de María Nicolasa en su nombre, por eso, en nuestros tiempos, los quiamperos (o vigilantes del tiempo) suben a este cerro, y realizan peticiones de lluvia en una piedra llamada “Temesa”. Gregorio Chino llevó varios presentes a la novia, los cerros Teotón y Tetiolo eran los ramilletes o xochitlamantle, que indica la alta vara de mando, indicando el respeto y honor del que es merecedor el novio o quien lleva estos ramilletes. El cerro Tiotzi es el chiquipextle (canasto) donde colocaron las tortillas. El Cerro Tecajete o Tecaxitl es el sahumerio con que se les dio la bendición a los novios (en la memoria colectiva se dice que este cerro humea). El Cerro Zapotecas es un chiquigüite grande bien “copeteado”, lleno de fruta, pan y cubierto de flores que Popocatépetl llevó como presente a la novia y a su familia. Otros presentes que llevó Gregorio son un cartón de cerveza, representado en el cerro de Tonantzintla donde está ubicado el Instituto Nacional de Óptica y Electrónica (INAOE); los dos cerros de Santa María Acuexcomac también son regalos, se trata de una botella de vino y un cántaro de pulque. En el monte Tecuahuiztle pusieron las ceras, mientras que el Cerro Techismeztle que significa “cerro de la luna” era el espejo de la novia. La boda se llevó a cabo con gran gozo y júbilo. Tiempo después, Gregorio Chino Popocatépetl quería tomar a la Malinche como su amante, lo que provocó una gran pelea entre Popocatépetl y el Citlaltépetl o Pico de Orizaba quien era esposo de ella, éste, enojado lanzó una enorme piedra (el Cuatlapanga) a Gregorio Chino, tumbándole el sombrero, por eso nuestro volcán no tiene punta.

Foto: cortesía Alephink

*Colaboración: Comité en Defensa de la Vida, la Tierra y el Agua de Nealtican, Grupo de Danzantes del Huey Atlixcayoc, y Sr. Pedro Castillo Martínez

 

La cueva del diablo del cerro Zapotecas

Ilustración: cortesía Alephink

En el cerro del Zapotecas en Cholula se dice que existe la cueva del diablo y es ahí donde sale el siniestro personaje del que habla esta leyenda. Según los relatos de la gente del lugar es una persona que se aparece por las calles de Cholula pero que sale de la cueva del diablo para que se le pidan riquezas. También se cree que en el cerro del zapotecas existe una barranca en la que se encuentra la famosa cueva del diablo en la cual dicen que algunas noches quienes son curiosos, viles, ambiciosos y se han aventurado a entrar venden su alma al diablo a cambio de algún favor o dinero. El charro negro es un jinete sin rostro que sale de la cueva durante la madrugada para tentar a la gente que camina en las calles de Cholula y que son ambiciosos y que busca que les ofrezca dinero y poder a cambio de su mísera alma. Este personaje se aparece vestido de charro montando un brioso corcel, haciendo sonidos macabros que paralizan a su víctima y se acerca con las personas para que le pida lo que quieran a cambio de su alma o la de sus hijos. La leyenda dice que si observan a las personas a quienes de repente tienen una riqueza inexplicable seguro han hecho pacto con el charro negro. Hay quienes dicen haber visto este charro con su caballo negro en el cerro que se encuentra en el parque conocido como Soria, de frente a la gran pirámide de Cholula, lugar donde muchos aseguran haber encontrado monedas de oro. Se cuenta que ya hace muchos años un campesino de nombre Olegario pasaba por momentos difíciles con su familia; su trabajo en el campo no daba lo suficiente para sobrevivir el día a día y así en una noche en medio de la desesperación decidió ir a caminar al monte para aclarar sus ideas e idear una forma de salirse tan lamentable crisis. Sin embargo cuando recién comenzaba su andar un sentimiento de pánico inexplicable se apoderó de él, haciendo que se internara por un sendero que llevaba al ya mencionado Zapotecas. Cuando llegó distinguió que un hombre vestido elegantemente lo miraba y con una voz gruesa y áspera le dijo: “Conozco tus problemas. Sígueme”. Sin pensarlo mucho Olegario siguió al hombre por una reducida cueva en la que extrañamente no sintió cansancio en ningún momento. Al dar exactamente la medianoche llegaron a una extraña sala donde cientos de personas adoraban a un ser que permanecía sentado al centro de la estancia. Tras un momento de confusión el extraño ser le dijo a Olegario que le daría todas las riquezas que jamás hubiera imaginado pero que a cambio tendría que adorarlo cada luna llena para preservar el pacto. Al día siguiente el humilde campesino despertó en su jacal sin saber cómo había llegado y con una extraña cicatriz en el pecho, cerca del corazón, lo que le hizo saber que la noche anterior no había sido un sueño. En ese momento escuchó un llamado de su hijo, por lo que se levantó rápidamente de su petate, corrió al lugar donde lo esperaba su hijo y encontró barriles llenos de monedas de oro. Sobreponiéndose a su miedo les pidió guardar el secreto, se cambiaron de lugar de residencia y empezó a comprar propiedades de diversos tipos. Su vida dio un giro: la pobreza y las carencias eran cosas del pasado. Sin embargo para Olegario la vida no cambio, él siempre andaba con la misma ropa, demacrado y cabizbajo, y el día posterior a la noche de luna llena siempre se encontraba enfermo, en cama y con visibles huellas de tortura y sufrimiento. Se cuenta desde entonces que todo aquel que busca fortuna o riquezas acude a este lugar sin importar que para esto tengan que entregar su vida y su bienestar al demonio. Otros aseguran que por este tipo de pactos la ciudad de San Pedro aceleró su crecimiento de forma desmedida. ¿Será cierto?

Ilustración: cortesía Daniela Díaz

Si quieren saber más vayan a su sitio de facebook aquí.

*Leyenda recopilada por “San Pedro Cholula. Cultura, historia y tradición”.

 

La casa del diablo

De un lado el cielo está abierto, brilla el sol y las nubes resplandecen sobre el azul de fondo. Del otro, el que cubre la Casa del Diablo, las nubes gordas y oscuras amenazan con explotar.

La naturaleza le juega en contra a los habitantes de San Luis Tehuiloyocan, quienes se esfuerzan por sacudirse la fama de la casa que esta tarde, vista en la semi oscuridad, es la escena perfecta de una película de terror.

San Luis Tehuiloyocan es una localidad de San Andrés Cholula, ubicada a diez minutos del centro de la ancestral ciudad. Y ahí, pese a los deseos de la población, lo único que atrae al escaso turismo es la Casa del Diablo, llamada así por su muro lleno de grabados hechos con pequeñas piedras incrustadas, que forman imágenes medievales relacionadas con Satanás: monos con gorros papales con el pene erecto; una cortina coronando la pared, que simboliza lo oculto; dos ventanas con forma de iglesia invertida y una serie de textos escritos en latín en forma inversa.

Ilustración: cortesía Daniela Díaz

Todo en ese muro es una representación del diablo, pero si uno no lo sabe podría pensar que es sólo una pared extraña en el patio trasero de una casa antiquísima, que ahora funciona como la casa de cultura.

Llegamos la primera vez al pueblo por la única avenida que conecta con Cholula. En el camino que serpentea por los barrios de San Luis pasamos por debajo de los 9 arcos que se habían colocado para recibir la bajada de la Virgen de los Remedios, la muestra más potente del catolicismo del que se ha cubierto el pueblo para sacudirse la imagen de satanismo y brujería, que tanto le pesa.

Aunque no hay ningún letrero o señalamiento, la casa se localiza al instante. Casi llegando a la plaza central hay una bifurcación y a mano derecha un parque de adoquín, justo detrás un muro rectangular, blanco y alargado: la casa. Apenas atravesando la puerta se ve el misterioso mural cuyas imágenes resaltan bajo un cielo negro que amenaza tormenta.

Dentro de la casa, hoy biblioteca, hay un par de niños y otros más juegan por ahí. A la bibliotecaria nunca la han espantado, pero Rosario, la encargada y actual regidora de Cultura, dice que sí hay una presencia extraña, que se siente.

El baño, la parte más oscura del lugar, es como un congelador de piedra y al entrar se tiene la sensación de que te puede atrapar para siempre.

La casa permanece en un silencio perpetuo y el patio, donde a veces los niños juegan futbol, pareciera único remanso de la extraña energía que ésta emana, hasta que se cae en cuenta que ahí está el pozo donde dicen que aventaban a los niños que sacrificaban en rituales satánicos.

Al fondo del mural se ve la lluvia que viene pronta y más atrás apenas se dibujan los volcanes.

Ilustración: cortesía Daniela Díaz

Cerca de las siete de la noche empieza a llover. Desde la oficina de Rosario, un espacio que también hace las veces de salón de clases, sólo se ve una franja de cielo gris, precedido del negro de la inminente noche. Mientras ella cuenta la historia del lugar, un pájaro se acerca a la altísima puerta y obligado por una mano invisible abre sus alas, se detiene y da la vuelta, espantado.

Conforme se acerca la noche la casa se convierte en una sombra tenebrosa aunque el mural resalta más, como si la oscuridad lo iluminara o las figuras reflejaran la poca luz que queda en el cielo. Y los niños, ajenos al pasado, se sientan en el pozo a esperar que sus padres pasen por ellos.

En San Luis sí hay rastro de las prácticas de adoración a Satanás y magia negra. Rosario dice que todo fruto deja una semilla, y esa semilla sigue presente de cierto modo. Lo que hoy en día se rumora en la comunidad, que a finales de agosto tiene 9 arcos de flores, semillas y frutos para recibir y despedir los días 11 y 27 del mes a la Virgen de los Remedios, es que ahí vive un nahual, este ser capaz de tomar la forma de un animal y de una persona.

La leyenda dicta que en el Camino Real, una calle donde abundan los accidentes, a veces se aparece un perro enorme y un hombre misterioso caminando. Puede ser, dice Rosario, que el nahual que vive en el pueblo, que nadie sabe quién es –ni quieren saber– sea lo que queda de las prácticas de hace siglos. Puede ser.

El doctor en Historia del Arte, José Antonio Terán Bonilla, en su libro La Guarida del Diablo, reeditado en 2013, confirma que la casa fue un templo satánico del siglo XVIII probablemente construido por un religioso, que por sus características es además un monumento histórico único en el mundo.

Además de esta casa, se dice que había otras dos donde se realizaban cultos satánicos y se practicaba magia y hechicería. Cuando a raíz de un conflicto entre la dueña original, que enviudó, y sus cuñados, la casa y su contenido fueron descubiertos y la propiedad fue expropiada por el gobierno estatal, los dueños de las otras dos casas revocaron los murales, ocultando cualquier rastro. A la fecha no se sabe cuáles son esas otras dos casas.

Blanca es la bibliotecaria, una mujer callada cuyos bisabuelos alguna vez tuvieron posesión del inmueble que desde 2005 es la Casa de Cultura Amoxcalli y biblioteca.

De niña nunca la visitó y no recuerda que se hablara de ésta: aún no la habían descubierto. Era una casa más, que incluso estuvo habitada, y después un lugar abandonado donde hacían bailes sonideros hasta que “un valiente”, dice la encargada de Amoxcalli, decidió tomar las riendas y arreglarla para albergar círculos de lectura, talleres y actividades culturales.

Cada mes Blanca tiene que entregar un reporte al Conaculta, a quien pertenece la biblioteca, de las personas que van y los eventos que se realizan. Y si no llegara una cantidad suficiente de niños, entonces Conaculta podría tomar sus libros y llevarse la biblioteca a otra comunidad “que sí lo necesite”. Pero el flujo de gente en Amoxcalli es constante.

San Luis tiene apenas 6 mil 300 habitantes. Sus límites se desvanecen en la mancha entre urbana y rural de San Andrés Cholula, ciudad milenaria cobijada por la Gran Pirámide.

Desde que en 1952 llegó por primera vez la Virgen de los Remedios, en San Luis hubo un cambio. En ese entonces, cuenta Rosario, había mucha matanza. Después de las seis o siete de la noche nadie salía. Y un sacerdote, preocupado por la situación, fue a hablar a Cholula para que se hiciera algo. Fue cuando la Virgen de los Remedios bajó por primera vez del cerrito, encima de la Gran Pirámide de Cholula, y llegó hasta el pueblo. A partir de esa visita la comunidad empezó a interesarse por la religión. Rosario dice que conocieron el amor a María, se volvieron piadosos, y desde ese entonces San Luis Tehuiloyocan es un pueblo muy religioso.

Ahora en San Luis ya no hay magia negra, ni brujería, ni culto al diablo. La gente es tan piadosa que ahora viven ahí cinco sacerdotes, tres seminaristas, alrededor de 50 religiosas y el 99 por ciento de la población es católica.

Pero lo que atrae a los visitantes al pueblo sigue siendo la Casa del Diablo. Que a lo lejos no da miedo, sí destaca, como si tuviera una fuerza magnética que hace que la voltees a ver, pero por fuera no se adivina que dentro hay una historia que hoy es, y seguirá siendo, leyenda.

*Publicada originalmente en Lado B

La bruja

En esos días había brujas. Esto ocurrió hace treinta o cuarenta años. Ocurrían esas cosas a mujeres que hacían brujería. No sólo embrujaban sino que también les gustaba chupar nuestra sangre; no nos chupaban a nosotros los adultos, sino que comían a los niños chiquitos, los recién nacidos.

Me contaron antes la historia de una mujer. Era una mujer que nada más me quería comer rellena. Entonces su marido le llamaba para comer, y le decía: «¡Ven, vamos a comer!», y ella contestaba: «¡Come, tú! Yo no tengo hambre.» «¿Qué quieres? ¿Quieres carne?» «¡Sí! ¡Dámela!» Así era ese matrimonio. Ella decía que quería comer una comida. «¡Bueno! Si quieres una comida, hazla para que comamos.»

Siempre andaba trabajando ese señor. Regresaba y ella le daba sangre, la freía y se la daba.

Entonces ese hombre siempre la comía, la comía. No estaba contento. Lo agarraba siempre. «¡Una vez me voy a esconder para encontrar aquí lo que me da de comer!»

Con esto se escondió y se dijo: «Ahora sí, lo voy a hacer.»

Entonces esa mujer conocía su deber; salía cada tercer día. Pero un día su marido dijo que se iba a esconder. Tenía harto sueño pero no se durmió bien bien; aguantó.

En aquel tiempo no había casas grandes, no más un cuarto. El vio que ponía su apero, que ponía afuera todo lo que necesitaba.

Ese día, vio cuando se levantó. «¡La voy a espiar!» Así desapareció. «Ahora ya se habrá dormido!»

Entonces ella se fue. Él la va a alcanzar allá, espía y la ve: ya hay lumbre en la cocina. Miraba. En seguida crepitó la sangre que ella puso en la cazuela. Allá gritó un niño.

Ese día, él no dijo nada. No más una vez fue. Otro día dijo: «¡Ahora sí la voy a quemar! Un día voy a saber lo que lleva.»

Entonces él sí sabrá lo que ella llevaba.

Otro día dice que ya sabe lo que ella deja en la cocina. En la ceniza enterró sus pies. Él dice: «¡Ahora te los voy a quemar!» Ya agarra la leña y los cerillos, y prende la lumbre. Sus pies se están quemando. Él canta. Regresa su mujer gritando. Él ya se fue a dormir; se hace como que no oye; ronca, duerme, duerme. Ella llega, le despierta, le despierta, le mueve. Él hace como que no oye. Pero está oyendo lo que le está diciendo: «¿Por qué eres tú tan malo? ¡Me has quemado! ¿Por qué has hecho eso?»

«¿Qué?»

«Me has quemado, has quemado mis pies; allá los había dejado.

¡Ya no aguanto!» No más le contesta de vez en cuando. Se privó. Él vio que había muerto. Cuando amaneció, lo vio bien, bien; allá había caído un guajolote grande. Es cuando se dio cuenta quién era su mujer. Ya terminó el cuento.

Ilustración: cortesía Natalie Adame

*Leyenda relatada por don G. Coyotl Coatl, en 1973, publicado en español y náhuatl en el libro “Cuentos y cantos de Tlaxcalancingo, de Sybille de Pury.

 

Leyenda de Don Esteban Tócatl, de Tlaxcalancingo

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