Assassination Nation Para los justicieros, la moderna caza de brujas

Assassination Nation Para los justicieros, la moderna caza de brujas

Assassination Nation
Foto tomada de Youtube
Héctor Jesús Cristino Lucas

Con el final de los 90 y principios del 2000, el cine teense fue transformando poco a poco en una herramienta indispensable de crítica y sátira juvenil bastante compleja. Las películas ya no eran simples dramas inclinados al thriller trágico o a la comedia romántica, sino radiografías bastante sórdidas de una transición de épocas que fue engorrosa, alucinante y, francamente, aterradora.

Con The Doom Generation (1995) de Greg Araki, por ejemplo, se intentaba denostar la figura del adolescente millennial como un ser maldito y alienado que engendraría cientos de calamidades a sus generaciones venideras. Una herencia mal influenciada por la exaltación de la cultura occidental y el efecto que traería luego del escabroso paso al nuevo milenio.

Esta película, lejos de ser la fábula adolescente por excelencia que pretendía hacer mofa de toda una generación, prácticamente “perdida”, se transformó poco a poco en una exagerada versión profética de aquellos, los antecesores del nuevo siglo, que nos heredarían cientos de problemas que son el pan de cada día: la homofobia, el racismo, la intolerancia a las minorías y los cientos de feminicidios que son sólo el reflejo de una sociedad fallida.

Las películas que le siguieron sólo corroboraron esta catastrófica tesis con mayor éxito todavía. Danny Boyle, por un lado, ofreció una impactante radiografía del mundo de las drogas en la sociedad juvenil de finales de los 90 con su transgresora Trainspotting (1996), mientras que la polémica y sórdida Kids (1997) de Larry Clark, lo hacía así pero con el preocupante tema de las enfermedades de transmisión sexual como el VIH y el SIDA.

Incluso la película Battle Royale (2000) de Kinji Fukasaku, vislumbraba una hilarante distopía social basada en el comportamiento de los jóvenes en contra de los adultos para el nuevo milenio. Una ingeniosa sátira del cine teenque sugería todo un sistema de gobierno basado en la premisa de que cientos de jóvenes en Japón fueran forzados a asesinarse unos con otros. Esto como una efectiva solución tanto a problemas sociales como políticos y económicos.

Battle Royale fue en principio una novela de distopía escrita por el autor y periodista japonés Koushun Takami en 1999 e inmediatamente se prohibió en toda América. ¿La razón? El mismo año en que fue publicada se registró uno de los tiroteos más impactantes que marcaron la historia de los Estados Unidos: la infame, pero ahora histórica, masacre de Columbine perpetrada por los jóvenes Eric Harrys y Dylan Klebold.

Este suceso, que le dio la vuelta al mundo, no sólo transformó a la novela en una de esas obras malditas que traerían consigo una oleada de polémica y censura por todo nuestro continente, sino que sirvió también como una suerte de modelo narrativo que sería imitado hasta la saciedad dentro de la literatura juvenil, mezclando los géneros del drama teencon la ciencia ficción distópica.

Por ello, no es secreto que en más de una ocasión se le haya acusado a The Hunger Games (2008) de Suzanne Collins, de ser groseramente parecida al Battle Royale (1999) de Koushun Takami. Porque… a decir verdad, es exactamente la misma premisa. Y a partir de aquí, los ejemplos se vuelven constantes y aún más evidentes. Un malintencionado número de best seller con futuros postapocalípticos y jóvenes adultos intentando resolverlo todo.

Desde The Maze Runner (2009) de James Dashner, hasta Divergent (2011) de Veronica Roth. Desde The 5th Wave (2013)de Rick Yancey hasta Mortal Engines (2001) de Phillip Reeve. Todas y cada una de ellas bajo el mismo modelo narrativo que sigue muy vigente todavía.

Y no sólo la ciencia ficción distópica parece haber tenido mucho éxito en la literatura y el cine teenactual. También fue recurrente, como era de esperarse, mezclar dramas juveniles con cientos de conflictos, lo que trajo consigo la revolución de la era digital. Una suerte de techno-thrillers astutos que continúan generando críticas sociales de todo tipo.

Como la novela juvenil de Jeanne Ryan, Nerve (2012), que fue adaptada a pantalla grande en 2016 por Henry Joost sobre los juegos de realidad aumentada que te permiten seguir avanzando sin importar que tu vida peligre.

Y aunque no me considero un arduo seguidor de este tipo de obras, que a veces abusan de las obviedades juveniles para engendrar dramas simplones y romances forzados, he de decir que en ocasiones –muy rara vez– pueden llegar a tener historias de denuncia bastante buenas.

Tal es el caso de la cinta de suspenso de Nacho Vigalondo con Elijah Wood y Sasha Grey, Open Windows (2014), sobre los peligros a los que muchas veces estamos expuestos al navegar en la red. Ya sea debido al robo de identidad o el mal uso de nuestra información sin nuestro consentimiento…

Y Assassination Nation, la nueva película del director estadounidense Sam Levinson, que pese a mostrar dramas predecibles como intrascendentes, poco a poco termina usándolos para traernos una especie de techno-thriller ingenioso, capaz de incomodar a varios sectores de la sociedad, esto es, ya no sólo el juvenil.

De hecho, lo que me sorprende de esta película es que ha sido capaz de tomar elementos tan comunes en nuestra era digital –tanto que a veces ni siquiera los notamos– hasta convertirlos en piezas importantes de horror satírico, e incluso simbólico, que funcionan bastante bien.

Assassination Nation juega con el tema de la “caza de brujas” transportándonos, literalmente, a un Salem actual donde la intolerancia, el racismo o la homofobia son las brujas modernas que algún ciberjusticiero de las redes sociales irá cazando para exponer y juzgar frente a todo el mundo.

Es una fábula maliciosa que ronda entre el drama de humor negro y la distopía japonesa de Battle Royale, pero bastante más realista. Porque aunque demuestra que existe una justicia capaz de denunciar los males de nuestra sociedad actual, a través de las siempre “eficientes” herramientas digitales y tecnológicas, la película de Sam Levinson intenta insinuar que todos y cada uno de nosotros también somos brujas.

No es cualquier cinta con moraleja barata. Intenta mostrar no sólo que las redes sociales son engañosas, sino que el individuo moderno también lo es; que la justicia no sólo es ciega, mas también absurda y, en ocasiones, hasta contradictoria.

Assassination Nation alaba al feminismo como una denuncia efectiva contra la misoginia actual y caza al radicalismo que ciertos movimientos de este tipo han tomado para convertir “ideales justos” en chistes patéticos. Es una depuración total en donde, prácticamente, ninguno es inocente.

Incluso, la ideología “justiciera” de señalar a alguien a través de internet, se condena como un terrible mal que aqueja a nuestra sociedad actual. Assassination Nation, de manera perversa y retorcida, nos recuerda que, en esta época tan ajetreada y tecnológica, en realidad todos somos cazadores de brujas sin ni siquiera darnos cuenta de ello.

Es el mal de los linchamientos vía Twitter o Facebook. Un fenómeno de la nueva era que ocurre constantemente en nuestras narices bajo la tutela de una justicia bastante engañosa. Y que, a veces, es simplemente estúpida…

Tan sólo volteen a ver lo ocurrido con la actriz estadounidense Kelly Marie Tran el año pasado. Tras el estreno de la octava parte de Star Wars: The Last Jedi (2017), una horda de detractores anti-Disney se volcaron contra su cuenta de Twitter para arrojarle mensajes de odio y repudio debido a que detestaron su personaje en la película. Actos vergonzosos que alcanzan no sólo a usuarios comunes sino a personalidades del espectáculo.

Sin embargo, la rudeza de la película no proviene de otro lado sino de las espléndidas actuaciones de una excelente Bella Thorn y de un magnífico Bill Skarsgård (It) que, más que interpretar, saben transmitir este drama juvenil a un punto tan álgido que ya no sólo es divertido, sino sucio, sórdido y fenomenal. Las actuaciones de este filme, sin duda alguna, elevan la película hasta destacarla entre las miserias del cine teende nuestros días.

Foto tomada de Youtube

Pese a tener algunos clichés básicos del subgénero, como los romances y los dramas sexuales intrascendentes, Assassination Nation es una sátira espectacular que se aleja de esas sagas juveniles a lo Maze Runnery ofrece, en cambio, una visión más realista de nuestros posmodernos tiempos.

Aunque se regodea entre lo políticamente incorrecto, recurre tanto a la ideología de género como a los movimientos actuales de “tolerancia y diversidad”, para transformarlos en herramientas indispensables del techno-thriller juvenil.

Una suerte de Spring Breakers (2012) de Harmony Korine con el mismísimo humor negro de un Kids (1997) de Larry Clarke. El malsano espíritu fatalista de The Doom Generation (1995) mezclado con la violencia desinhibida de un Battle Royale (2000) de Kinji Fukasaku. O para los eruditos del cine de horror actual: una especie de The Purge(2013) juvenil a lo James DeMonaco.

Assassination Nation de Sam Levinson es la radiografía perfecta de nuestra catastrófica era digital. Para los justicieros: la moderna caza de brujas.

Sinopsis:

“Cuatro adolescentes de un pequeño suburbio en Salem se convierten en el centro mediático del mundo entero después de que un misterioso hacker revele sus datos personales”.

 

*Foto de portada tomada de Youtube

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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