Summer of 84: misterio, horror y nostalgia

Summer of 84: misterio, horror y nostalgia

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Foto tomada de Nightmarish Conjurings
Héctor Jesús Cristino Lucas

¡Oh, los 80! ¡Los benditos 80! En el cine: época del VHS y rentas desenfrenadas. Época donde lo hilarante era la regla, y la censura, bendición. No por nada es considerada como la madre de todas las nostalgias. ¡Pues lo tenía todo! Desde futuros distópicos donde las máquinas conquistaban la Tierra hasta expertos cazafantasmas disparando contra gigantes de malvavisco.

Nos dio frases épicas. La recordada: “E.T. Llama a casa” de E.T.The Extraterrestrial (1982) y la ahora legendaria: “No. Yo soy tu padre” de Star Wars V: The Empire Strikes Back (1980).

Para los fanáticos del séptimo arte, para aquellos románticos de la década: la época dorada del género fantástico. La ciencia ficción y el horror no sólo alcanzaron un nivel de creatividad casi insuperable, sino también le dieron una importancia exquisita a nuestra preciada cultura pop. De aquí es que nacen esas figuras; esas leyendas tan icónicas como Freddy Krueger o Robocop y surgieron esos subgéneros como el slasher y el gore.

Fue la antesala de los efectos digitales. Una época donde el ingenio hacían que los efectos prácticos alcanzaran un nivel de realismo impactante que hasta la propia Academy Awards reconocía el talento de filmes tan visualmente asombrosos como The Fly (1986) de David Cronenberg –Mejor Maquillaje y Peinado– o An American Werewolf in London (1981) –Mejor Maquillaje y Peinado– de John Landis.

Una época que dejó una huella imborrable para la historia y que, lamentablemente, aún no hemos podido superar. Esa es la razón de tantos remakes indeseables y secuelas innecesarias. Los 80 vuelven a nuestro siglo a través de productos sin alma que sólo pretenden emular la fórmula efectiva. Cientos de películas, cómics y series que hoy sólo gritan: ¡Nostalgia, nostalgia!

Y no vamos a mentir… funciona a menudo. ¿O acaso series tan populares como Stranger Things (2016) de los Hermanos Duffer o películas como Ready Player One (2018) de Steven Spielberg no deben su éxito a una década tan aclamada como lo fueron los 80? Es decir, lejos de si estos productos son buenos por sí solos, ¿no acaso estamos encaprichados con la época? No nos hagamos tontos. ¡Nos encanta!

Duele aceptarlo, pero es verdad, nos encanta. Amamos que vuelvan a traernos iconos tan legendarios de la talla de Michael Myers sin importar que la nueva Halloween (2018) sea una extraña versión alternativa de 40 años de diferencia. Amamos que continúen con sagas tan emblemáticas como Predator (1984) pese a que sus nuevas entregas no sean más que basura reciclable.

Es como un riesgo inminente que se debe correr. Poder disfrutar de un Mad Max: Fury Road (2015)a lo George Miller en el mejor de los casos o sufrir en el noveno círculo del infierno con un Ghostbusters(2016) de Paul Feig. A veces se gana, a veces se pierde. Es el precio por ser tan estúpidamente nostálgicos.

Pero siempre que una película es buena por sí sola sin importar cuántos guiños o referencias ochenteras existan, debemos aplaudirlo. La maravillosa Summer of 84, estrenada este 2018, de los directores canadienses Anouk Whisell, François Simard y Yoann-Karl Whissell es la prueba de ello.

Este trío de mequetrefes pro de la nostalgia son unos amantes declarados del horror ochentero y para muestra basta un botón. Fueron los responsables de traernos aquella locura de ciencia ficción retro/gore Turbo Kid en 2015 que no dejó indiferente a nadie.

Leer | Turbo Kid: Distopismo, gore y el regreso a lo retro

Una película encantadora que mezclaba la distopía propia de filmes como Mad Max: Road Warrior (1981) y Blade Runner (1982) con el desquiciado gore de la talla de Evil Dead (1981) yBad Taste (1987). ¡Hilarante!

Con Summer of 84, en cambio, regresamos a la madre de todas las nostalgias para ser partícipes de esta pequeña pero interesante historia que mezcla el carisma del cine teen ochentero a lo Stephen Spielberg en The Goonies (1985), con el violento e infame slasher de la magnitud de Sleepaway Camp (1983).

Pero aclaremos una cosa. A pesar de que la película bebe del encanto y las referencias de época, no estamos tratando fielmente ni con un producto al estilo de Stand By Me (1987) ni con un slasher violento y desinhibido. He aquí la grandeza de esta película. Summer of 84 es simple. Es llanamente simple. Más que una historia gore de matanza adolescente es una película de misterio y crimen que pretende engancharnos sólo con aquello que no se ve.

Esto ha llevado a muchos críticos a tener un mal concepto de ella ya que han confundido las verdaderas intenciones del producto. Muchos espectadores esperaban una descarnada odisea de gore y vísceras que bañara la pantalla con un asesino enmascarado de por medio. Pero no es así.

Esta película, en cambio, es un thriller psicológico en el que los personajes principales, es decir, todo un grupo de niños de la década de los ochentas creen en su imaginación, repito, en su imaginación, estar dentro de un slasher por la cantidad de filmes de este tipo que se estrenaban en la época.

La película tiene gracia si se mira por ese rubro, ya que tanto la ambientación y la música electrónica, el vestuario y los guiños no son elementos tramposos que nos harán amarla por representar toda una década, sino más bien, elementos necesarios para una trama que pretenden funcionar por sí sola. Por ello, que se hagan homenajes tan evidentes como a los Gremlins (1984) de Joe Dante, por ejemplo, es sólo para remarcar el año en el que se ambientan estos hechos.

Lejos de que la nostalgia sea el recurso definitivo para ganar adeptos, juega a ser una película de la época que pretende crear toda una versión alternativa de aquella maravillosa Fright Night (1986) de Tom Holland, en la que de hecho, el personaje principal –un adolescente con imaginación disparatada– cree que su vecino es un auténtico chupa sangre.

La diferencia en Summer of 84, es que los personajes principales, a causa de la enorme cantidad de filmes de horror y ciencia ficción de la década, con una clara influencia también del periodismo amarillista o de nota roja, creen que su vecino, el sheriff del pueblo… es un asesino en serie.

Esa es toda la trama. La película jugará con nosotros a los “detectives” creando todo un thriller psicológico nacido, meramente, de la imaginación de un puñado de adolescentes con las hormonas alborotadas. A partir de aquí la cinta tiene aún más gracia que si fuera una simple historia slasher.

Summer of 84 no pretende innovar, mejorar ni añadir. Es modesta en su manufactura, pero no por eso es menos efectiva. Gran parte del suspenso, un gran suspenso al estilo Stephen King, es transmitido gracias y únicamente al poder de cada uno de sus peculiares personajes. No de la cantidad de sangre, sustos baratos o tramas complejas. Es especial por su simpleza.

Y a todo esto, debemos alabar el trabajo del cuarteto de jóvenes actores que encabeza Judah Lewis –el mismo jovencito del film The Babysitter– junto a Graham Verchere, Caleb Emery y Cory Gruter Andrew. Definitivamente son espléndidos como grupo teen, que es lo más importante. ¡Bien con el estilo de The Goonies resuelve-misterios! La química entre ellos es fenomenal y logran lo más importante: recrear la infancia, transmitir la intriga mediante los dramas juveniles. ¿Qué mejor que eso?

Película sincera, que no promete bajarle las estrellas a nadie ni mucho menos. Sabe lo que ofrece y no se mueve de ahí. Tanto puede ser ese su mayor defecto como su mayor virtud, juzga tú. Para mí funciona. Fuera los rollos pretenciosos o las tramas rebuscadas. Summer of 84 tiene lo necesario; lo exacto para caer dentro de sus encantos y pasar un rato agradable.

Algunos dicen que peca en duración, y sí, quizás estén en lo cierto, pero no hay por qué temer. El tercer acto es ingenioso y hasta formidable. Levanta por los aires aquella morbosa premisa que tiene, esa sobre vecinos y secretos, con una intriga al nivel de Hitchcock en Rear Window (1954) –¡PERO!– combinada extrañamente con Fright Night (1986) de Tom Holland. ¿El resultado? Un thriller correcto de misterio, horror y nostalgia. ¡El verano del 84 es aterrador!

Sinopsis:

“Davey, un adolescente aficionado a las teorías conspirativas y películas de terror sospecha que su vecino, un agente de policía, es en realidad un asesino en serie. Con la ayuda de sus tres mejores amigos, Davey empieza una investigación que se vuelve muy peligrosa.”

*Foto de portada tomada de Slash Film

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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