Overlord ¡Zombis, nazis y explotación!

Overlord ¡Zombis, nazis y explotación!

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Foto tomada de Instant World News
Héctor Jesús Cristino Lucas

Aunque apreciado por cientos de cinéfilos empedernidos, a menudo es rechazado por ciertos críticos que lo miran como cine basura o de baja categoría. El Nazi Exploitation –también conocido como Nazisploitation– es todo un subgénero dentro del cine de explotación que obtuvo mucha popularidad por la década de los años 70, hasta volverse tiempo después, en un reputado emblema para la historia del cine underground. Incluso cineastas como Robert Rodríguez o Quentin Tarantino lo aman con locura.

Es el tipo de cine que une el tema del nazismo, o la Segunda Guerra Mundial, con cientos de extrañas historias cuyo único motivo será el de explotarlas hasta llegar a un punto de locura tan irreversible e hilarante, que usualmente son comparadas con cintas de Serie B. Y algo hay de cierto en ello, ya que estas historias, suelen unir cierto grado de gore extremista con una gran cantidad de erotismo explícito a lo Torture Porn.

De hecho, el filme que lleva a la cima a este pequeño subgénero hasta registralo oficialmente fue una erótica y sádica película estadounidense de 1974 basada en hechos reales: Ilsa, She Wolf of the SS.

https://www.youtube.com/watch?v=6W_-1u4vROg

Dirigida por el cineasta Don Edmonds y protagonizada por la modelo de revistas pin-up y ex showgirl de las Vegas, Dyanne Thorne, la película contaba cómo una tiránica comandante nazi –inspirada en la auténtica Ilsa Kolch– llevaba a cabo brutales experimentos dentro de su campo de concentración con el único propósito de demostrar que las mujeres, de hecho, eran más resistentes al sufrimiento que los hombres.

Esta película fue un éxito descomunal. No sólo estableció las reglas legítimas que debería incluir toda cinta dentro del exquisito y polémico nazisploitation: “sadismo y erotismo con una pizca de Historia”, sino que cientos de filmes de este tipo empezaron a estrenarse por todo Europa imitando la naturaleza y estilo de Ilsa, como Salón Kitty (1974) de Tinto Brass o Saló o los 120 días de Sodoma (1975) del gran Pier Paolo Passolini.

No resulta extraño entonces que usaran la temática del nazismo y los sádicos experimentos en campos de concentración como una excusa… meh, entretenida cuanto menos, para encajarlo a la perfección con el retorcido cine de terror. Más en específico: en el recién popularizado cine de zombis que también estaba en su mayor apogeo tras el éxito de George A. Romero con su emblemática y espeluznante Dawn of the Dead (1978).

Así es que nacen estas extrañísimas y simpáticas películas de zombis come carne con Nazis sádicos. “Las Zombies Nazis”. O como algunos osan llamar: ¡Las Nazisploitation Zombies!

Y pese a que antes de la década ya existían películas que unían estos dos subgéneros como las clásicas en blanco y negro, Revenge of the Zombies (1943) de Steve Sekely y The Frozen Dead (1966) de Herbert J. Leder, no fue sino hasta el estreno de cintas tan exageradas como Shock Waves (1977) de Ken Wiederhorn –con todo y sus nazis zombis acuáticos– que este híbrido de subgéneros fue la locura entre los más aficionados.

Más tarde, por los ochentas, estaríamos invadidos ya por cientos de películas europeas tan emblemáticas como las curiosas hispanadas exploitation del erudito español Jesús Franco. Ya sea en su faceta como director, con la grotesca La tumba de los muertos vivientes (1982), o como guionista, con la hispano-francesa Zombie Lake (1981) de Jean Rollin y Julian de Laserna.

Así, este subgénero fue imitado hasta su saciedad, ocurriéndole exactamente lo mismo que al Cine Mondo o de Caníbales: una vez en su máximo apogeo, desaparecerían sin dejar rastro alguno por el resto de las siguientes décadas. Sólo un producto especial de una época irrepetible. Las extrañas combinaciones con zombis nazis desaparecerían… hasta volver en pleno siglo XXI, claro.

Es raro, pero, así como el cine de Caníbales volvió con mucha mayor fuerza tras el estreno del escatológico The Green Inferno (2015) de Eli Roth, al parecer, el cine de horror con Zombis Nazis volvería con potencia tras el hilarante estreno del Dead Snow (2009) de Tommy Wirkola. Toda una bomba de placer y emoción sin límites que vale mucho la pena ver:

Probablemente no sea muy notorio, pero en el bajo mundo del cine independiente y de Serie B existe una extraña moda que pretende seguir produciendo este tipo de películas en la actualidad. Y no es broma. ¿O acaso no notaron el interesante Outpost (2008) del cineasta Steve Barker o la modestita pero entretenida War of the Dead (2011) de Marko Märkilaakso?

Más aún. La moda de los zombis nazis se extiende con locura a nuestro siglo con filmes tan independientes como el exploitation cyberpunk: Frankenstein’s Army (2013) de Richard Raaphorst…

Leer | Frankenstein’s army: ciencia ficción, zombies y nazis

Hasta superproducciones como las de J. J. Abrams –Bad Robot– con Overlord (2018) del cineasta australiano Julius Avery.

Esta película, se rumoreaba por ahí, sería parte importante dentro del asombroso Cloververse de las películas de Bad Robot, pero ahora sabemos con seguridad que no tiene cabida en ese universo. En cambio, Overlord funge como una especie de homenaje al cine de explotación que pretende traer de vuelta a todas esas películas de nazis con zombis, a la actualidad.

Y en algo tienen razón. La cinta es el balance perfecto. No sólo captura la naturaleza escatológica de todo el subgénero de George A. Romero, sino que logra unirlo con maestría a ese particular cine bélico como ningún otra. Tan sólo la primera secuencia dentro del avión ha sido brutal; desmedida; asombrosa. ¡Locura extrema! Ni siquiera Dunkerque (2017) de Nolan podría igualarla.

La música misteriosa de fondo, los títulos muy a película bélica de los años 70 y ese horror -¡ese maldito horror a morir!- me hizo recordar, de hecho, al particular segmento de la película animada Heavy Metal (1981): “B-17”, que también fue un homenaje directo a todas esas cintas de explotación nazi.

Pero admitámoslo. Sufre del mismo mal que Halloween (2018) de David Gordon Green: tiene un inicio tan impactante; tan soberbio –de lo más espectacular que hayamos tenido tanto en la historia del cine de horror como del cine bélico– que deja a la cinta más arriba de lo que debería. Lejos de hacerle un favor, le perjudica. Esperas que el resto del metraje sea igual o mejor, pero no es así. Sufre de importantes altibajos.

No me malinterpreten, Overlord es fenomenal. El problema es que el arranque tiene un estilo tan dispar a su desenlace que resulta molesto. Pero en general, la experiencia funciona muy bien. Hasta existe un fabuloso intento por desarrollar a cada uno de estos personajes y hacerlos emblemáticos -cosa rara para este tipo de películas- y aunque veces lo logra, debemos admitir, otras no tanto. Pero la experiencia está… y es asombrosa.

Sin embargo, su mayor proeza es transportarnos a la Segunda Guerra Mundial. El horror y la decadencia de este conflicto bélico se respiran aún más intensamente que los propios zombis y ese es un gran punto a su favor.

El miedo a morir en la guerra –ese particular miedo que nos hace humanos– es de hecho, la premisa más evidente del film que hace una espectacular mancuerna con el tema de los muertos vivientes.

Debo decirlo ahora o me arrepentiré más tarde. Pese a sus importantes altibajos, Overlord se postula como una de las mejores experiencias no sólo en el cine de horror actual sino también en el cine bélico. Es raro decirlo, pero resulta que sí.

Aplaudo el guión de Billy Ray y Mark L. Smith, porque ha hecho que una película destinada a hundirse en el subestimado cine de Serie B, tome la suficiente seriedad como para hacernos creer que todo esto es verosímil… dentro de las cientos de leyendas que rodean los experimentos nazis claro, y la fantástica búsqueda de un “súper soldado”.

En cuanto a nivel visceral y efectos especiales no podemos exigirle nada, porque lo tiene absolutamente todo. Y en cuanto a reparto, me quito el sombrero frente a los actores Jovan Adepo y Wyatt Rusell que se han vuelto personajes emblemáticos a partir de ahora. Incluso, frente a Pilou Asbækque ha hecho un estupendo trabajo como “antagonista” principal.

En general, la película ha sido una sorpresa inesperada. El nivel de calidad de parte de Bad Robot es tan envidiable que no puedo esperar por ver cuántas sorpresas puede producir J. J. Abrams en el campo del cine fantástico.

Overlord de Julius Avery no es excelente, pero tiene lo necesario para cumplirle tanto a los entendidos del cine bélico como a los adeptos del cine de horror. ¡Qué va! Tiene lo más importante: ¡Zombis, nazis y explotación!

Sinopsis:

“II Guerra Mundial. Antes del Día D, un grupo de paracaidistas estadounidenses cae tras las líneas enemigas para realizar una misión crucial. Pero, a medida que se acercan a su objetivo, empiezan a darse cuenta de que algo más que una simple operación militar está sucediendo en esa aldea ocupada por los nazis.”

*Foto de portada tomada de Movie Network PR

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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