Morenovallismo: Populismo tropical
Moreno Valle no ha entendido del todo que su imagen es un lastre porque está asociada con una cultura política del avasallamiento
Por Lado B @ladobemx
25 de noviembre, 2018
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populismo

Juan Manuel Mecinas

@jmmecinas

Si el populismo tiende a destruir las instituciones de la democracia y electoralmente se presenta encantador con discursos vacuos y descalificaciones simplistas, el morenovallismo es el ejemplo perfecto durante los últimos 8 años. Dijeron que acabarían con el viejo priismo corrupto, que construirían instituciones democráticas, que no se servirían del poder, que el ciudadano sería el eje de su gobierno. Todo eso, lejos de concretarse, acerca a Rafael y a su grupo al concepto de moda y con la carga de desprestigio que se han ganado a pulso: son populistas tropicales.

Las versiones que dan por hecho que la elección a gobernador se anulará, ahondan esa sensación de que si estamos en ese escenario es porque el grupo en el poder ha construido poco, democráticamente hablando.  No ha fortalecido las instituciones del Estado y tampoco ha formado una clase en el poder con altura de miras. Se dedicó a aprovecharse del poder.

La razón de la anulación es la burda actuación de las autoridades electorales estatales. Para nadie es un secreto que esas autoridades fueron escogidas por el morenovallismo como soldados que custodian el grial electoral del grupo que se aferra al poder en Puebla. La decisión del Tribunal Electoral será más política que jurídica –como siempre ha sido- (los ingenuos piensan que la decisión del EdoMex del año pasado puede significar otra cosa), pero pone sobre la mesa que el grupo en el poder supo aprovecharse de los instrumentos de la democracia. Nada más.

Las autoridades electorales jugaron el lamentable papel durante el proceso electoral para proteger de ataques a la esposa de Moreno Valle, pero de ninguna manera trataron de que la elección se desarrollara en condiciones de igualdad, certeza y transparencia. La igualdad que buscaban consistía en la coraza para que ni en comerciales, ni en debates, ni en propaganda o actos de campaña, el nombre de Martha Erika fuera asociado con la imagen represora de su marido. La certeza la entendían como resultados innegables a favor de Martha Erika y la transparencia como un simple cliché de números siempre maquillados sobre gastos de campaña.

Pero las autoridades electorales son sólo la punta del iceberg que está atravesado por una concepción errónea de la política y que se traduce en el uso faccioso de las instituciones del Estado. Por ejemplo, el papel de comparsa del gobierno que ha jugado la fiscalía los últimos siete años es más que suficiente para afirmar que el morenovallismo usó a las instituciones del Estado contra sus críticos y adversarios, pero no para que la sociedad tuviera la oportunidad de encontrar un combate real a la delincuencia. Encarcelaron a un solo personaje del marinismo (Arango y Montemayor), pero hoy están libre precisamente por la endeble acusación en su contra (o el pacto entre el marinismo y el morenovallismo, en el caso de Arango), y ni qué decir de su actuación en Chalchihuapan donde criminalizó a quienes lanzaban piedras como si fueran yihadistas extremos, o la acusación y hostigamiento hacia periodistas incómodos durante la primera mitad del sexenio de Rafael Moreno Valle.

La paradoja para el morenovallismo es que la anulación de la elección no es su peor noticia, porque la ratificación de su triunfo tampoco le quitará esa etiqueta populista y autoritaria que le acompaña. Además, el día después de la anulación o ratificación de su triunfo, una de sus pesadillas seguirá siendo la del primer día del gobierno de Moreno Valle: cómo formar un grupo político que compita (interna y externamente) por el poder político de una forma distinta al dispendio bochornoso de recursos que ha caracterizado al grupo en el poder.

Moreno Valle no ha entendido del todo que su imagen es un lastre porque está asociada con una cultura política del avasallamiento, de la deuda pública exorbitante, del autoritarismo, y que tratar de dejar el poder en manos de su mujer –personaje sin grandes méritos políticos, por decir lo menos- sólo terminó de arrasar la esperanza de cambio que un día su gobierno representó.

[pull_quote_right]La paradoja para el morenovallismo es que la anulación de la elección no es su peor noticia, porque la ratificación de su triunfo tampoco le quitará esa etiqueta populista y autoritaria que le acompaña.[/pull_quote_right]

El morenovallismo se entiende narcisista y pretende difundir que nada de eso importa. Confía en una decisión a su favor, y que en seis años más logre, ya sin el poder político avasallador y sin la legitimidad ciudadana que tenía en 2010, lo que en ocho años no ha logrado: que Puebla sea una democracia. Ello implica que la sociedad ha ganado poco desde entonces. Cambiamos un monstruo (el marinismo) y adquirimos un Frankenstein (el morenovallismo). Autoritarismo innegable; populismo simple. Ni más ni menos.

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Lado B
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