La vida detrás del lente

La vida detrás del lente

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Mtra. Niza del Consuelo Gutiérrez Ruiz

¿Te aterra salir de casa sin tu teléfono inteligente? Entonces podrías padecer nomofobia. Ese miedo a no estar conectado con el mundo mediante el consumo de Internet y sus redes sociales. Podría decirse que genera ansiedad el no poder estar “conectado” y saber lo que ocurre en ese mundo virtual. Hoy los teléfonos inteligentes resultan ser una extensión de nuestros cuerpos donde registramos evidencia de nuestro día a día y donde podemos proyectar algo que realmente no somos.

Pero, ¿qué pasa cuando caemos en el abuso de los dispositivos o teléfonos inteligentes? A continuación, comparto algunos eventos:

En cine. Recientemente vi Bohemian Rhapsody, la historia de Fredy Mercury. Lo que llamó mi atención, y seguramente de unos cuantos más, fue que algunos asientos delante de mí, constantemente se encendía una pantalla de celular. Resultó ser que el dueño tomaba capturas de la pantalla de cine para compartirlas a través de sus redes sociales. ¿Realmente es necesario hacerlo?, ¿para qué? ¿Acaso una actividad como esta resulta novedosa?

En acontecimientos públicos. El lente del celular es lo primero que está a la vista. Sea cuál sea la situación: alegría, angustia o incluso dolor. ¿Para qué? Para hacer viral las situaciones a través de las redes sociales; sumar likes y tratar de ser una tendencia, pero ¿por cuánto tiempo? ¿En qué momento un like tomó más importancia que los valores? Esto resulta ser un acto egoísta e incluso lucrativo. La parte positiva de la híper comunicación (basada en información digital), es la posibilidad de denuncia ante las injusticias a las que estamos expuestos.

En conciertos. En días pasados pude ver a los grupos que se presentaron en el Corona Capital 2018. Gracias al Internet logré verlo desde la comodidad de mi casa, sin cansarme por estar de pie o asfixiada entre los asistentes. Lo triste fue apreciar la gran cantidad de celulares elevados durante las presentaciones. Si bien es una forma de capturar el momento, ¿por qué vivirlo detrás de un lente estando en el lugar? ¿Por qué evitar sentir la energía que emana de la música, por estar más atento a la pantalla? De cualquier manera, las baterías no son suficientes y los organizadores se encargan de publicar sus eventos a través de sus redes sociales.

En aulas. A pesar de contar con un sinnúmero de aplicaciones que contribuyen al aprendizaje, herramientas que dan mayor dinamismo a las presentaciones, ¿cuántos de nosotros hemos sido testigos de las fotografías tomadas a nuestras exposiciones? o ¿cuántos no hemos sido los que discretamente mostramos el lente de la cámara celular? Ahora bien, de ese número de capturas, ¿cuántas veces se volverán a consultar? Acumular contenido no es sinónimo de formación o de darse un uso adecuado para el aprendizaje. En este caso, sería más sencillo contar con material para compartirlo con el público y así evitar desviar la atención, desde ambos roles. Busquemos la manera de innovar también sin el abuso del lente.

Si bien el uso de dispositivos inteligentes ha logrado complementar y facilitar, por así decirlo, nuestras vidas, no debemos dejar atrás la importancia que tiene el sentir y estar en el momento; no ser ajenos a la realidad que nos rodea y actuar con firmeza para contribuir a una mejor sociedad, cada uno desde su trinchera. Tener a la mano el dispositivo más novedoso deja mucho que desear cuando no se tiene comunicación real con los que están alrededor gracias a la falta de convivencia.

Cada vez incrementa la innovación tecnológica, pero al mismo tiempo nos aleja de nosotros mismos (como seres humanos) y del otro. Esta era virtual ha dado paso a nuevas identidades o máscaras que anteponemos por temor a mostrarnos como somos, por satisfacer falsas necesidades con tal de ser integrados o aceptados en algún círculo social. Como profesional de la educación, me preocupa que las nuevas generaciones no aprovechen y generen aprendizaje en red a través de la Web 2.0; que navegar por Internet esté más enfocado al zapping informático. Es decir, saltar de un sitio a otro, sin profundizar en contenidos y, finalmente, que éstos solo se queden en algo superficial o de consumo personal.

Dejemos de vivir detrás del lente de nuestra cámara del celular, vivamos y aprendamos de verdad.

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