Formar humanos derechos

Formar humanos derechos

Martín López Calva

“La ética altruista es una ética de religación que exige mantener la apertura al otro, salvaguardar el sentimiento de identidad común. Consolidar y tonificar la comprensión del otro”

Edgar Morin. Método 6. Ética, p. 103.

 

Estos tiempos ególatras que vivimos están pidiendo a gritos la construcción de la ética altruista a la que se refiere Morin, que tiene en la apertura al otro uno de sus rasgos fundamentales. Consolidar y tonificar la comprensión del otro son dos tareas centrales en la formación ética, uno de los componentes esenciales de la Educación personalizante.

Porque nunca como hoy se experimenta la necesidad de abrirse al otro y tratar de reconocer al otro, reconocernos en el otro, ante el embate de ese mito de la felicidad entendida como la realización sin límites de los propios deseos y el logro a cualquier precio de la pasión personal que, muchas veces, es simple capricho sin ninguna base de realidad y sin ningún compromiso existencial que la respalde.

Consolidar y tonificar la comprensión del otro resulta una urgencia si queremos restaurar nuestra capacidad de vivir juntos, de construir comunidad, de reparar el tejido social roto en gran medida por esta visión egocéntrica exacerbada que nos mueve frenéticamente cada día bajo el lema implícito, en la ley de la selva del mercado: “Sálvese quien pueda”.

El tema de hoy en esta columna emerge como el mensaje que se guarda en una botella para tratar de que alguien lo encuentre y sea capaz de leerlo y entenderlo. Un mensaje dentro de una botella que se arroja en la inmensidad del océano de creciente intolerancia, discriminación, racismo, xenofobia y exclusión del otro, del diferente, del pobre –ya hemos hablado aquí de la Aporofobia– y del extranjero.

En estas semanas se ha hecho cada vez más evidente este rechazo al otro en la campaña de odio que se ha creado y difundido a través de las redes sociales en contra de los migrantes que forman parte de las caravanas que han recorrido nuestro país desde diversos países centroamericanos buscando llegar e ingresar a los Estados Unidos.

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Foto tomada de Animal Político

Esta campaña se ha cimentado en fotografías modificadas o tomadas de hechos pasados y ubicadas falsamente en el contexto de las caravanas: imágenes de enfrentamientos de la policía con diversos tipos de manifestantes tomadas hace varios años que atribuyen agresiones de los migrantes a la autoridad; imágenes de ropa o comida abandonada en el piso o en contenedores que provienen de España; y hasta una fotografía de un padre que reclamaba en Honduras el asesinato de su hijo en una protesta de universitarios en la que se cambió el mensaje de su cartulina por uno que se queja de que los mexicanos les dan frijoles para comer cuando ellos no los consumen en su dieta habitual.

Estas imágenes han venido circulando y siendo compartidas por gente que con ellas refuerza sus creencias de rechazo a los migrantes por considerarlos una amenaza para la propia seguridad, independientemente de ser falsas. La campaña ha tenido un gran impacto, haciendo que muchas personas de buena fe y generalmente abiertas a ayudar a los demás señalen a los migrantes como malagradecidos, hostiles o hasta los criminalicen sin ninguna evidencia.

“Ser sujeto es asociar egoísmo y altruismo. Toda mirada sobre la ética debe reconocer el aspecto vital del egocentrismo así como una potencialidad fundamental de desenvolvimiento del altruismo. Toda mirada sobre la ética debe tomar en consideración que su exigencia es vivida subjetivamente”

Edgar Morin. Método 6. Ética, p. 21.

La ética en su complejidad vive siempre en la tensión que implica ser sujeto: la tensión entre egoísmo y altruismo, según Morin. Es decir, entre el deber de velar por la propia vida y el deber de trabajar solidariamente por la vida de los demás. Esta exigencia conlleva la dualidad que representa el otro para nosotros. Porque el otro es al mismo tiempo una posibilidad de complemento y crecimiento, un potencial de construcción de un nosotros y también una amenaza, un riesgo, alguien que voluntariamente puede hacernos daño o abusar de nosotros, o involuntariamente puede también causarnos dolor y sufrimiento.

“El ser humano percibe al otro como un ser simultáneamente diferente e igual a él. El otro comparte así una identidad conmigo pero conservando su diferencia. Cuando aparece como semejante, carga un potencial de fraternidad. Cuando aparece como diferente, carga un potencial de hostilidad”

Edgar Morin. Método 6. Ética, p. 103.

 

Como dice Morin en su Ética, percibimos al otro simultáneamente como diferente y como igual. El otro comparte una identidad humana conmigo, pero también es simultáneamente diferente a mí. Al ser mi semejante, el otro significa una posibilidad de construir fraternidad y de desarrollarme en comunidad, pero al ser diferente el otro trae consigo un potencial de hostilidad y de peligro.

Los tiempos ególatras nos han hecho ciegos a la identidad humana común y han provocado que dejemos de lado el potencial de fraternidad porque han absolutizado la visión de la diferencia y sobre enfatizado el potencial de hostilidad que implica el otro, el diferente, para el logro de nuestra propia felicidad.

Si a esto le agregamos que los migrantes que vienen en estas caravanas son pobres, el rechazo y la búsqueda de elementos que refuercen la creencia sobre la falta de agradecimiento y de respeto, acerca del peligro y la hostilidad que representan, se hace todavía más fuerte por la innegable aporofobia que padecemos como parte de esta sociedad que se rige por el mandamiento de “cuánto tienes, cuánto vales”.

El colmo de esta campaña de rechazo ha sido el discurso y el comportamiento del alcalde de Tijuana –del que omitiré intencionalmente su nombre– que ha tachado de criminales y drogadictos a los migrantes, llegando incluso a declarar, con motivo del trato que merecen que “los derechos humanos son para los humanos derechos“.

En una reflexión previa sobre el tema de la exclusión y la necesidad de una educación incluyente planteaba estas preguntas que deberíamos tener muy presentes:

“¿Somos conscientes del daño que provoca a una sociedad que busca ser democrática, esta cultura que legitima la exclusión y la intolerancia? ¿Nos damos cuenta los actores sociales que desde la empresa, los medios de comunicación, las organizaciones civiles, las redes sociales o las simples conversaciones familiares, se va educando a los niños y jóvenes de manera que están creciendo con una visión excluyente e intolerante?”

No voy a negar aquí la enorme complejidad y las dificultades prácticas que estas caravanas de migrantes significan en el plano político o diplomático. Tampoco voy a afirmar que todos los migrantes, por el hecho de serlo y de ser pobres, son buenos, pero es necesario pronunciarse, y lo hago aquí, en contra de la criminalización de estos grupos de personas por la simple razón de ser diferentes y de huir de una realidad de injusticia y violencia para buscar una vida mejor. Como en todo grupo humano, debe haber personas buenas y no tan buenas y otras que incluso se dediquen a actividades ilícitas pero esto no significa que podamos descalificarlos de manera general y alimentar las actitudes de rechazo, exclusión e incluso de odio y violencia verbal contra ellos.

Desde el punto de vista educativo, es necesario trabajar con nuestros alumnos para hacer conciencia de las crisis humanitarias que se están viviendo en muchas partes del mundo, incluyendo la de las caravanas de migrantes en nuestro país en las semanas recientes; así como también las de miles y miles de migrantes que por años han cruzado por nuestro territorio sin ser tan visibles como ahora y sufriendo maltrato, violencia y rechazo en todo su trayecto.

Una Educación personalizante debería también asumir como prioridad la formación de personas que vivan bajo el principio de Antelme de “no suprimir a nadie de la humanidad”, desarrollando esta apertura al otro y que a partir de ésta vayan consolidando y tonificando la comprensión del otro, empezando por el que más necesidades tiene, por el que es rechazado y excluido.

Este trabajo ético daría como resultado la formación de seres “humanos derechos” que, contrariamente a lo que concibe el alcalde de Tijuana, son los seres humanos que asumen el riesgo de hostilidad que implica el otro por ser diferente, valorando el potencial de fraternidad que trae consigo por ser un semejante y empeñándose, a partir de la defensa de los derechos humanos de todos, en construir esta fraternidad a partir de la activación del principio altruista que es parte de su condición de sujeto.

*Foto de portada tomada de Ecologistas en Acción

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

1 COMMENT

  1. Muy buen artículo, lo preocupante es que todas esas personas se van a quedar en México y el país no tiene lo suficiente para darles una vida digna ya que somos un país con un 40 % en pobreza extrema

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