Foto: Adrián Del Valle

MEMORIA SÍSMICA

#MemoriasSísmicas #S19

Alonso Pérez Fragua

@fraguando

  • Ya estamos grabando. A ver, ahora sí, cuéntame dónde estabas cuando te enteraste del temblor del 19 de septiembre de 2017.
  • Yo estaba en la sofá, en casa de mis papás, en Francia. Eran… las 10 de la noche, más o menos. Estábamos viendo una serie inglesa mielosaque mi papá descargó. Algo tipo Downton Abbey,pero de un minero del siglo XIX.
  • Si es de un minero inglés del XIX seguro que era súper cursi (risas).
  • Güey… (risas) Te decía… Estaba viendo eso y me llega un mensaje de Nelly en nuestro grupo de WhatsApp preguntando, chicas están bien, no mamen, no entiendo qué está pasando, díganme que están bien. Por el día y la hora todas ellas seguramente estaban en sus salones, dando clase. Me conecté a FB para ver si la habían asaltado o qué pasaba y vi esa herramienta de Avisa a todo el mundo que estás bien y ya fui entendiendo. Les dije a mis papás, tembló en México, y ellos de, ajá, sí, como otras veces, seguro. Y entonces te mandé mensaje para ver cómo estabas.
  • ¿En ese momento ya habías visto de cuántos grados había sido?
  • Seguía en la sofá, tratando de decirme, no paniquees, pensando, no tembló tanto. Pero vi que en el chat contestaban las chicas y tú no, y ellas muy preocupadas. Entonces me levanté para ir a la computadora y ya vi. Les dije a mis papás, tembló muy fuerte, hay muchos edificios que se cayeron y no sé qué pasa con Alonso. Mis papás se levantaron, mi papá se puso atrás de mí y mi mamá al lado con la tableta y empezamos a buscar información. Marqué a casa de tus papás, y nada. Te marqué a ti por WhatsApp y me contestaste rápidamente, si mi memoria no me falla.
  • ¿Hablamos en ese momento? No recuerdo.
  • Pues ya no sé, pero bueno, supe que estabas bien y dije, sé que está a salvo, dejamos de intentar y de saturar la línea y llenar de mensajes la red. Pasé hasta la 1 de la mañana actualizando mi FB y pidiéndole señales de vida a todos los que podía. Y subí, abracé a Malinali y creo que le dije papá está bien, pero no recuerdo bien.

A la mañana siguiente vi fotos y videos y les decía a mis papás, no mamen, esa casa yo sé dónde estaba. Ese día también en el noticiero francés del mediodía gran parte estuvo dedicada a los niños de la escuela Rébsamen

  • ¿Te sentiste tranquila de no estar ahí?
  • Sí, en el momento preciso, pero cuando supe que tú y tus papás estaban en seguridad, tuve este sentimiento de vergüenza de querer haber estado allá, por vivirlo, por estar con mi gente, por estar en mi ciudad y con mi ciudad, por decirme que había estado diez años allá y nunca había tenido la oportunidad de sentirme unida con todo México. Hubo otros momentos en donde vi la solidaridad de lxs mexicanxs, en huracanes y otras catástrofes, pero ninguna tan cercana a mí. Y me empecé a hacer mis “películas” de qué hubiera sido estar allá: por la hora, Mali habría estado en la guardería, y entonces me imaginé el temblor, salir de la casa, gritarle a tu mamá al lado si estaba bien y salir corriendo hacia la guardería. Hice todo el recorrido en mi mente: llegar al parque y luego cruzar el puente y llegar corriendo, sin pulmones, y ver a las pobres maestras todas panicadas, y a Vero cargando a Mali -porque en ese momento aún no caminaba- y pensar cómo la hubieran sacado, porque Vero solo tiene dos brazos y no sé cuántos niños a su cargo. Y entonces me imaginé esperar a que evacuaran a todo mundo y ver a mi bebé salir y abrazarla y besarla. Y luego dudar, me quedo ahí o me voy caminando hasta el Centro para ver si tú estás bien o si es más inteligente regresar a la casa. Toda esa fue mi “película” del temblor. Y sí, me sentí avergonzada de estar… ¿celosa?, de no haberlo vivido.
  • Mira cómo funcionan nuestras mentes. Yo solo pensé, no están aquí, qué bueno, no les tocó vivir esto, y punto.
  • No, yo me imaginé ese mismo día lo que hubiera sido. Y no solo por mí, sino esta idea de qué era ser madre y vivirlo. Porque las chicas precisamente tenían a sus hijxs con sus parejas o en la escuela. Me tocó leer sus mensajes en el chat compartiendo las noticias de ya estoy con Leandro, y no puedo hablar con Víctor y Aelis está con él.
  • Antes de eso te tocaron otros temblores. ¿Cómo fue el primero, cuando dabas clases en la primera universidad donde trabajaste en Puebla?
  • Estaba en la cocina. Era clase de Francés para alumnos de Gastronomía. No había desayunado, así que cuando empezó les dije, chavos, me estoy desmayando, me voy a caer, y uno de ellos, nomiss, está temblando. Y me acuerdo perfecto que atrás de mí estaban los tanques de gas. Me quedé completamente paralizada, sin pánico pero sin saber qué hacer, si debía evacuarlos o qué. Entonces uno de los alumnos -no recuerdo su nombre, pero sí su cara- me tomó de la mano y me dijo, vamos, salgamos. Y el grupo solo evacuó, bien ordenado.

Me acuerdo de otro temblor, cuando trabajaba por Rancho Colorado. Era marzo de 2012. Estaba platicando con mi colega, también francés. Y de repente escucho la ventana a mi lado vibrar y él empieza, me siento mal. Me carcajeo y le digo, no güey, está temblando. Y no sé por qué, no me dio miedo. Salí muerta de risa porque yo sentía… no sé, medio equis. Y eso que tuve que bajar por una escalera de metal horrible.

  • Me acuerdo de ese de marzo. Fue el primero y creo que el único que me tocó en Capilla del Arte. No sé de cuántos grados fue, pero como el edificio tiene sistema antisísmico o no sé qué, si fue de 5 yo lo sentí de 10. Y me acuerdo perfecto que había dado recorrido por la exposición o algo, pero estaba en el foro, al lado de la mezcladora de sonido, y cuando levanto la cara veo el cable -que bajaba del techo por toda la columna de metal- agitarse de un lado a otro como loco, y luego sentir la sacudida. Ni sé si bajé, aunque yo creo que esperamos a que pasara y luego bajamos, no sé, pero fue ho-rri-ble.

¿Qué otro te tocó?

  • En la Madero, también en marzo, pero de 2013. ¡No! Era agosto, porque estábamos a punto de regresar a clases. Fue una temporada que nos tocaron como dos o tres, uno cada día; fueron un chingo de temblores. Estábamos en la inducción con los profesores y Marlene, la coordinadora, y en el momento que habló de los ejercicios de alerta sísmica, te juro que tembló. Y mientras bajábamos, me acuerdo que Mokram, el profesor argelino, se aventó un Allah Akbar, dios es grande, algo así, algo como una broma sobre soy musulmán y terrorista, no sé, pero me acuerdo que acabó, subimos de regreso, los profesores se sentaron y hubo réplica, y ahí vamos afuera otra vez.
  • Y me acuerdo que tú o Marlene les dijeron algo como, para que vean, en esta universidad metodista tenemos la ayuda de Dios para hacer los simulacros (risas).
  • ¡Ah, sí, cierto! (risas)
  • Antes de llegar a México, recuerdo que te tocaron dos o tres temblores de 2 o 3 grados, pero que para ustedes fue de pánico total.
  • Sí, uno en plena noche. Dos o tres de la mañana. Yo dormía en el mezanine. Era verano y yo estaba totalmente encuerada. Tembló -escuché temblar, más bien-, y bajé a la cocina, encuerada, con la duda, y mi hermana también en la cocina, encuerada. Y me acuerdo de ver su cara, en medio de la oscuridad, las dos desnudas. Y solo preguntar ¿sí?, y ella responder, sí, y regresar cada una a su cuarto (risas).
  • (Risas)
  • Y me acuerdo de otro, en la primaria. Yo no lo sentí porque estaba en el mar, en mi clase de vela. Y solo cuando regresamos a tierra, nos dijeron, acaba de temblar, se suspende el resto de las clases, ahora vienen por ustedes. Y entonces llega mi madre, toda preocupada: lo que cuenta es que estaba planchando y escuchó las cucharas de la cocina temblar. Entonces levanta la vista y ve la pelota de rugby que estaba encima de la tele -ya sabes, de esas viejas con forma de caja- y la ve caer. Y eso fue lo que le dio un miedo terrible. A mi hermana le tocó en clase y la evacuaron. Y cuenta que todospanicadosy gritando y que varios días después en la escuela seguían hablando del tema y proponiendo terapias y charlas para exteriorizar los temores de todos y así. Y mi hermana de ya, no fue para tanto.
  • ¿De cuánto fue?
  • De nada. No sé, pero 3 o 4 grados, no más.
  • Y en nuestra última casa de Puebla, en Valle del Sol, ¿te tocó alguno?
  • ¡Sí! Estaba embarazada. Me tocó en el parque y ni me di cuenta y al regresar tu mamá me cagoteóporque no llevaba celular y estaba toda preocupada, pero nunca lo sentí.
  • En esa casa me tocó el del 7 de septiembre en la noche. Me acuerdo que estaba dormido; fue como a las 11. Cuando me di cuenta qué me había despertado, dudé, ¿bajo o no? Y dije, no mames, en lo que atravieso todo el pasillo para llegar a las escaleras y luego hago toda la misma distancia del otro pasillo de la planta baja para llegar a la puerta, ya valí: mejor me quedo acá a ver qué pasa.
  • Sí, eso fue lo mejor.

  • ¿Y sabes cuál es el cierre perfecto para tu artículo?
  • Crónica.
  • ¿Qué?
  • No es un artículo: es una crónica.
  • Lo que sea: estoy pensando que tengo una relación extraña con los temblores en México. La primera vez que visité Puebla fue en agosto de 1999, poco después del temblor del 15 de junio, y me fui el 6 de septiembre de 2017, a días de otros dos muy fuertes.
  • ¿Ese es el cierre de la crónica?
  • Ay no mames, ¡pues sí! Claro que hay algo ahí. Por un mes me perdí los temblores más fuertes que me pudieron haber tocado. ¿A poco no te gusta para terminar la crónica sobre mi memoria sísmica?

Memoria sísmica es un proyecto periodístico de Alonso Pérez Fragua para LADO B que se publica cada miércoles desde el 5 de septiembre de 2018. Busca materiales adicionales en Instagram y Twitter con el HT #MemoriaSísmica. Encuentra también la lista de canciones alusiva a esta crónica en Spotify en esta liga

Alonso Pérez Fragua, gestor y periodista cultural poblano. Melómano y cinéfilo desde que tiene memoria; aprendiz de asuntos del arte desde los albores del siglo XXI. Desde enero de 2018 radica en Casablanca, Marruecos, donde vive su primer acercamiento a asuntos islámicos. Como gestor cultural ha trabajado en la Dirección de Espacios Culturales y Patrimonio Artístico de la UDLAP y como responsable de Exposiciones del IMACP, además de dirigir y fundar el despacho virtual Karakol Asesoría y Gestión Cultural. En medios ha colaborado con Lado B, La Jornada, Los Subterráneos, Radio BUAP, Puebla FM, Ibero 909 y Axocotzin Radio, entre otros. Autor del libro Melomanía (y otras rarezas): crónicas culturales del poblanishment (Fomento Editorial BUAP, 2017). Comunicólogo de formación, curioso de todo por vocación. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y maestrante en Comunicación y Medios Digitales, ambas por la UDLAP, posee un posgrado en Ciencias Antropológicas con área de concentración en Políticas Culturales y Gestión Cultural por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. Presidente y único miembro del club de fans del autor estadounidense A.J. Jacobs.

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