Incident in a Ghostland, y el polémico regreso de Pascal Laugier

Incident in a Ghostland, y el polémico regreso de Pascal Laugier

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Foto tomada de IMDB
Hector Jesús Cristino Lucas

Allá por inicios del nuevo siglo, diversos directores –novatos y contestarios, la mayoría de ellos– forjaron una serie de películas que fueran capaces de transgredir, a través de situaciones extremas y viscerales, el ojo de su espectador. Surgió en Francia, como una especie de temor a los nuevos movimientos políticos que pudieran surgir en ese país y, rápidamente, el horror, el gore y la violencia fungieron como metáforas bastante ingeniosas de lo que el siglo XXI pudiera traer consigo.

Así fue como nació el polémico movimiento cinematográfico llamado New French Extremism, que nos trajo una contada pero exquisita muestra de lo más rudo no sólo de Francia sino de toda Europa misma.

Filmes tan escatológicos y extremos iniciaron esta tendencia a través de escenas radicales que iban desde venganzas violentas hasta violaciones explícitas como claras herramientas metafóricas de crítica social. Un claro homenaje al espíritu contestario de algunos filmes norteamericanos de horror, como The Last House on the Left (1972) de Wes Craven, que también usaron estos elementos viscerales a manera de protesta.

Tal es el caso de la retorcida adaptación homónima de la novela Baise-moi(2000) de Virgine Despentes, la primera en abrir el New French Extremism como una divagada versión francesa de ciertas producciones americanas: tanto del feminismo visto en Thelma and Louise (1991) de Ridley Scott, y de la locura tanto social como psicológica del Falling Down (1993) de Joel Schumacher.

Un thriller ultraviolento y hasta particularmente “pornográfico”, como muchos críticos llamaron alguna vez.

O del Irreversible (2002) de Gaspar Noé un par de años después, como un thriller experimental que expuso a través de estas mismas herramientas –violación y venganza explícita–, tópicos existencialistas como el tiempo mismo, tan constante y tan irreversible, que lo destruye absolutamente todo…

Sin embargo, este movimiento pasó de convertirse en una serie de películas más enfocadas al thriller a ser poco a poco dignas representantes del género del horror. Porque, efectivamente, luego del Baisei-moide Virgine Despentes o del Irreversible de Gapar Noé, la tendencia del New French Extremism fue mutando hasta convertirse en un inquietante derivado francés de Slashery norteamericano deTorture Porn.

El primero en hacerlo fue el francés Alexandre Aja con una película independiente que llamó mucho la atención allá por el 2005. Un thriller de horror psicológico y gore que sobrepasó la línea y algunos críticos se dividieron al respecto: High Tension. Toda una obra hilarante que vale la pena ver.

Y a partir de aquí, los horrores fueron tan extremos que algunas películas, de hecho, siguen prohibidas en algunos países. Como, por ejemplo, el Frontière(s) (2008) de Xavier Gens, que fue comparada por muchos críticos como una versión francesa del The Texas Chainsaw Massacre (1974) de Tobe Hooper, o el salvaje À l’intérieur (2009) de Julien Maury y Alexandre Bustillo como un desquiciante Invasion Home clásico.

Sin embargo, de entre todos estos filmes de horror a la francesa, destacada uno que muchos incluso han llegado a coronar como la máxima representante de este movimiento: Martyrs (2008) del ahora emblemático Pascal Laugier.

Este director ya había incursionado al cine de horror en el 2004 con la película Saint Ange, que estaba más enfocada a la temática de los espectros y las casas embrujadas. Sin embargo, no fue sino hasta el estreno de Martyrs que alcanzó por fin el reconocimiento mundial.

Se convirtió más temprano que tarde en un director reconocido y hasta imitado. Sin embargo, lo que debemos entender de Pascal Laugier es que no estamos tratando con otro maestro del terror como tal, sino con un maestro del cine.

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Foto tomada de Cine maldito

No sólo ha sabido moverse dentro de un solo género, sino que ha sabido dominar otros tantos. Lo demostró con la fascinante The Tall Man (2011), una película de thriller y misterio que se ha convertido en una de esas piezas tan infravaloradas como desconocidas y que vale la pena rescatar de su olvido.

Y lo demostró otra vez, en pleno 2018, con su última gran película. Porque no estamos aquí para hablar del poderío que su Martyrs ha alcanzado a través de los años, como siempre se menciona, sino de su interesante regreso. Porque sí, Pascal Laugier regresa de la mejor manera: a través de una sugerente pero estrafalaria unión de géneros y estilos que tanto inquieta, entretiene y maravilla.

Incident in a Ghostland -que fue prácticamente ignorada tras su estreno en marzo de este año- es una película canadiense de lo más curiosa que pretende innovar en el horror sin necesidad de una violencia extrema ni de sustos baratos. Escrita y dirigida por el propio Pascal Laugier no es ni una Torture Porn desinhibida como A Serbian Film ni mucho menos una sobrevalorada película de fantasmas, como The Conjuring. Más bien pareciera un homenaje al horror más clásico, más nostálgico.

La película tiene un comienzo tan simple… pero tan familiar. Particularmente familiar, quiero decir. Te hace recordar las clásicas novelas infantiles Goosebumps, en donde los cuentos de horror o la literatura como tal, es realmente el tema central de los personajes. Sin embargo, que el comienzo sea tan apacible y tranquilo como historia de R. L. Stine tiene su chiste, ya que pronto vamos a descubrir que hay mucho más de lo parece.

Pascal Laugier –exacto, el mismo sujeto detrás de Martyrs– centra esta vez todos sus horrores, todas sus artimañas y suspenso en pos de los mismísimos parámetros en los que actuaría el propio Howard Phillips Lovecraft dentro de sus cuentos, y lo hace a través de la infantilización del horror. Un claro ejemplo de cómo se pueden contraponer temas como la inocencia y lo monstruoso; lo infantil y lo violento con excelentes resultados. De hecho, Guillermo Del Toro suele hacerlo todo el tiempo, pero Laugier tiene sus propios modos.

Incident in a Ghostland no es más que fábula de horror que explora a partir de un interesante constructo psicológico diversos tópicos como la importancia de la familia y el temor de su pérdida. Pero esta historia, que en un principio aparentaba ser más de lo mismo crece tanto que llega a la altura de un auténtico thriller como el The Machinist (2005) de Brad Anderson pero combinada con el House of 1000 Corpses (2004) de Rob Zombie.

De momentos incluso, hasta no existe una línea clara de lo que estamos presenciando. ¿Un slasher, un cuento a lo R. L. Stine, una torture porn que no quiere serlo o una historia de fantasmas? Probablemente sea todo y más.

Incident in a Ghostland pareciera incluso rendir homenaje al New French Extremism pero quitándole “Extremism” a la fórmula, porque si bien hay cierto grado de violencia en su manufactura, el horror definitivo opta por tomar otro rumbo. Y la verdad sale ganando. Con sus múltiples vueltas de tuerca hace un interesante juego que combina el estilo clásico de los cuentos de hadas de los Hermanos Grimm y el espíritu gótico de los relatos de Edgar Allan Poe.

No obstante, en calidad de actuación, debo detenerme un momento y hacer una mención cuanto menos curiosa.

Las dos protagonistas fueron las actrices estadounidenses Crystal Reed y Taylor Hickson, y ambas hacen que esta película sea más que un deleite admirable. Eso por una parte. Pero resulta que esta última sufrió un considerable accidente durante el rodaje que prácticamente le ha costado su carrera.

Taylor Hickson –quien también participó en el film de Deadpool (2016)– en una de las tantas escenas dentro del film donde debía estrellar su cabeza contra algún cristal… se desfiguró gran parte del rostro. El problema vino después, cuando la actriz decidiera demandar no sólo a la empresa, Incident Productions, sino también al mismísimo Laugier por daños y perjuicios.

A palabras de la propia Taylor:

“Durante la filmación de la escena, el director me pidió que golpeara muy fuerte el vidrio. En un punto, y después de que me pidieran que aumentara la fuerza con la que golpeaba, le pregunté a uno de los productores y al director si era seguro hacerlo. Ambos respondieron que sí”.

Este incidente hizo que se retrasara el estreno de la película ya que se había terminado hace dos años atrás. Incident in a Ghostland debería ser recordada pero no por ningún “incidente” fantasmagórico ni mucho menos, sino por el curioso “incidente” de Taylor Hickson. La película llega tarde y con problemas legales de los que incluso hoy en día se desconoce su resolución.

Sea como sea, vale la pena mirarla. Te lo aseguro. Bajo este telón de fondo: el polémico regreso de Pascal Laugier.

Sinopsis:

“Una madre se reencuentra con sus dos hijas en la vivienda en la que, una noche de hace 16 años, tuvo que defenderlas de una banda de criminales que asaltó la casa. A partir de aquel día, nada ha sido igual en las vidas de las protagonistas.”

*Foto de portada tomada de Variety

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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