Brasil: asesinan al líder del Movimiento Sin Tierra en ola de violencia...

Brasil: asesinan al líder del Movimiento Sin Tierra en ola de violencia poselectoral

El líder del Movimiento Sin Tierra de Brasil, Aluisio Sampaio ‘Alenquer’, fue asesinado en el estado de Mato Grosso, zona de Brasil que se ha vuelto cada vez más violenta a medida que los acaparadores de tierras han ido tomando posesión de las tierras, talan los bosques y venden las tierras a los ganaderos para obtener grandes beneficios.

Maurício Torres, Sue Branford | Mongabay Latam
Traducido por  Yolanda Álvarez

“Pueden matarme en cualquier momento, pero se arrepentirán para siempre porque, después de que yo haya muerto, otros ocuparan mi lugar”. —Alenquer

El líder campesino, Aluisio Sampaio, conocido como Alenquer, fue asesinado el jueves 11 de octubre en su casa en la ciudad de Castelo de Sonhos, situada a lo largo de la autopista BR-163 que une el estado norteño de Mato Grosso, la principal región productora de soya, con los ríos Tapajós y Amazonas. Su casa también era la sede del SINTRAFF (Sindicato de los Trabajadores y Trabajadoras de la Agricultura Familiar).

Según Thiago Mendes Sousa, el superintendente de la policía civil de Castelo de Sonhos, han arrestado a dos sospechosos en relación con el robo de tierras y el asesinato de Alenquer. El superintendente también informó que la policía civil y la militar llevaron a cabo una operación conjunta, viajaron al rancho Mutum-aca para arrestar a Julio Cesar, conocido como Julia da Guara, el hombre presuntamente detrás del asesinato. La policía fue recibida con disparos y devolvieron el fuego y un empleado del rancho resultó muerto. No se encontró a Julio Cesar. Según el superintendente, la policía emitió dos órdenes de arresto para miembros de una banda criminal que “invadió tierras y mató a personas buenas”. Dijo que el objetivo de la redada era “poner punto final a estos crímenes y acabar con el acaparamiento de tierras que está teniendo lugar a lo largo de la BR-163”. La investigación del asesinato sigue en curso.

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La primera vez que vimos a Alenquer fue en el 2004, y le volvimos a entrevistar a finales del 2016 para una historia de Mongabay que investigaba denuncias de la violencia que estaba emergiendo alrededor de las ciudades de Castelo de Sonhos y Novo Progresso a la vez que la frontera económica de Brasil alcanzaba la región del Amazonas. Allí los precios de las tierras se están disparando a medida que los acaparadores de tierras se apoderan de pedazos de selva tropical, deforestan las tierras y las venden a los rancheros a un beneficio muy alto. Fue la región más violenta que visitamos en nuestro viaje de investigación a la cuenca del Tapajós, donde los acaparadores de tierras producen el mayor daño ambiental; la zona tiene uno de los índices de deforestación más altos en el Amazonas.

La segunda vez que hablamos con Alenquer, llevaba un chaleco antibalas que había recibido después de registrarse en un programa de protección del gobierno. Pero no había mucho que pudiese hacer para salvarse de este último ataque mortal: recibió ocho disparos en la cabeza.

El trabajo de Alenquer era ayudar a familias de campesinos sin tierras a ocupar, y quedarse, en parcelas de tierra al lado de la autopista BR-163, una zona oficialmente reservada por el gobierno federal con el fin de llevar a cabo la reforma agraria, pero que a menudo también es reclamada por los acaparadores de tierras.

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Sin miedo ante las amenazas

En el 2016, nos acompañó en una visita a uno de los asentamientos campesinos que había ayudado a establecer. Las familias que vivían en esta pequeña comunidad —llamada KM Mil debido a que su ubicación está cerca del indicador del Kilómetro Mil en la BR-163— eran conscientes de que estaban en peligro de ser víctimas de la violencia. Pero tenían la esperanza de aferrarse a sus parcelas de tierra, las cuales veían como la única ruta para salir de la pobreza extrema.

Para entonces, Alenquer recibía regularmente amenazas de muerte y sentía que podía ser asesinado en cualquier momento. Nos dijo que Agamenon Menezes, el presidente del Sindicato de Productores Rurales de Novo Progresso y Neri Prazeres, el exalcalde de Novo Progresso, querían matarlo. Hasta donde Mongabay sabe, por ahora ninguno ha sido implicado en el asesinato.

Aluisio Sampaio, sindicalista conocido como Alenquer, era líder de la ocupación de los campesinos del asentamiento KM Mil. Fue asesinado el 11 de octubre. Imagen de Thais Borges.
Alenquer también dijo que no tenía miedo y que seguiría con su trabajo. “Pueden matarme en cualquier momento, pero se arrepentirán para siempre porque, después de que yo haya muerto, otros ocuparan mi lugar”, declaró.

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Después entrevistamos a Agamenon Menezes. Ni confirmó ni negó hacer las amenazas, pero habló francamente sobre cómo solía contratar a milicias para echar a las familias de campesinos de las tierras que afirmaba estaban “invadiendo”. Nos dijo: “Hacemos lo que sea necesario. Si usan palos contra nosotros, usamos palos. Si usan cuchillos, usamos cuchillos… pero al final les echamos”.

Un día después de nuestra visita, un grupo de seis hombres armados invadió el asentamiento KM Mil, dijeron a los colonos que tenían que desalojar las tierras. Nadie resultó herido, pero los campesinos temían que los hombres armados volviesen y aumentase la violencia.

Alenquer (a la izquierda), con campesinos en KM Mil. Poco después de sacar esta foto, matones armados asaltaron el campamento, les dijeron a los colonos que si no renunciaban a sus reivindicaciones territoriales, las amenazas so convertirían pronto en violencia. Imagen de Thais Borges.

Alenquer aprovechó la iniciativa y en enero del 2017 publicó una entrevista en YouTube en la cual acusaba a Menezes y Prazeres de querer matarlo. Entonces parecía que la maniobra había funcionado, porque la lucha por los derechos de las tierras se alejó del enfrentamiento directo en la zona disputada de KM Mil y pasó a los tribunales.

El efecto Bolsonaro

Las amenazas contra Alenquer continuaron y el jueves 11 de octubre se convirtió en otra fatalidad en una creciente ola de violencia que arrasa Brasil desde el buen resultado de Jair Bolsonaro, candidato presidencial de la extrema derecha, el 7 de octubre. Es sabido que Bolsonaro ha alabado públicamente a los policías militares por matar a 19 campesinos sin tierras en 1996. La mayoría de los analistas políticos le ven como el probable ganador de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 28 de octubre.

Si gana, muchos temen que la violencia en el Amazonas, una región ya de por sí turbulenta, aumente. Bolsonaro lleva mucho tiempo pidiendo medidas más duras para combatir lo que él ve como disturbios rurales. En noviembre del 2017 dijo que: “No se puede combatir la violencia con palomas y banderas blancas”, y pidió al Congreso que legalizase el uso de armas potentes por parte de los terratenientes.

A juzgar por las declaraciones pasadas del candidato, parecería que los campesinos sin tierras podrían tener mucho que perder con una victoria de Bolsonaro pero, incluso así, algunos le van a votar. Se sienten decepcionados por los sucesivos gobiernos, y desesperados por una parcela de tierra, algunas familias de campesinos en Castelo de Sonhos dicen que creen que, si Bolsonaro gana, se les permitirá ocupar ilegalmente terrenos en los bosques nacionales y otras zonas protegidas, una de las pocas zonas que ven que no han sido ocupadas totalmente por los acaparadores de tierras.

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