La escuela como espacio de construcción del bien humano
La escuela es un espacio constructor del bien humano pues su origen y naturaleza tienen que ver directamente con este proceso de humanización
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
25 de septiembre, 2018
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Third-grade teacher Sara Wilder leading her class

Foto tomada de Maine Public

Martín López Calva

“La escuela, hemos dicho, no sólo es un bien particular para individuos y comunidades, sino también un bien de orden en el que, de manera recurrente, generación tras generación recibe la herencia renovada del desarrollo histórico de su comunidad. Pero, la escuela no sólo es un bien particular y un bien de orden. Ella misma es un valor originante y terminal… con respecto a la estructura del bien humano, en la parte referente a los fines”.

Lay Araceli Rodríguez Hernández. «La escuela como mutua automediación entre el estudiante y la comunidad«, p. 95.

Después de la trilogía acerca de la docencia en el cambio de época decidí dedicar otra serie de textos a pensar la escuela desde la visión humanista compleja que sustenta mi perspectiva de la educación. Es así que, buscando en la red algunos materiales para nutrir las reflexiones que presento cada miércoles en esta Educación personalizante me he encontrado con una tesis de maestría en Filosofía de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia que me parece muy rica en aportaciones para re-pensar la naturaleza y misión del espacio escolar en estos tiempos de crisis, cambio y globalización.

Se trata del trabajo de Lay Araceli Rodríguez Hernández que realizó una investigación filosófica en la que, desde una revisión e interpretación de la propuesta filosófica del pensador canadiense Bernard Lonergan (1904-1984), hace un planteamiento muy rico acerca de la institución escolar, entendida como mutua automediación entre el estudiante y la comunidad, bajo la dirección de un gran académico lonerganeano, el Dr. Francisco Sierra Gutiérrez.

Dedicaré varios espacios a la reflexión sobre la escuela desde algunos de los muchos ángulos que presenta esta tesis profunda y, desde mi punto de vista, muy pertinente para la urgente tarea de replantear esta institución social fundamental dedicada a la transmisión de la herencia y el cultivo del descubrimiento en las nuevas generaciones. Voy a centrarme, entonces, en la visión de la escuela como un espacio muy relevante para la construcción del bien humano.

La escuela es un espacio constructor del bien humano pues su origen y naturaleza tienen que ver directamente con este proceso de humanización. Porque la educación es un bien para los niños y jóvenes. Y el espacio escolar fue creado con el fin de tener una institución formal especializada en proveer éste bien para los futuros ciudadanos.

En su Estructura dinámica del bien humano como objeto, Lonergan plantea que éste, siempre en construcción –puesto que jamás se puede considerar totalmente realizado–, tiene tres niveles intrínsecamente ligados que se influyen mutuamente. Estos niveles son: el bien particular –todos los elementos que satisfacen una necesidad humana concreta–; el bien de orden –las estructuras y esquemas de recurrencia que buscan que los bienes particulares fluyan sistemáticamente para todos los miembros de una sociedad–; y el valor –nivel en el que el bien se vuelve cultura, es decir, pasa a formar parte del horizonte de los significados y valores que orientan la forma en que se vive individual y colectivamente–.

La escuela es un bien particular para los individuos y las sociedades puesto que proporciona a los niños y jóvenes la formación necesaria para adaptarse al mundo que les toca vivir y para adaptar este mundo de manera que pueda ser un lugar con las condiciones necesarias para el desarrollo humano de todos.

Cada escuela que funciona adecuadamente y que se preocupa de manera seria y colaborativa en la mejora de la calidad de la formación que proporciona a cada estudiante es un bien particular que deja una huella invaluable en la vida de las personas que se forman en ella. Así, se vuelve también un bien particular para los profesores, directivos, administradores y padres de familia que forman su comunidad, e incluso para la comunidad misma.

Pero la escuela es también un bien de orden porque es una institución fundada y operada para que, de manera recurrente –ciclo escolar tras ciclo escolar, generación tras generación– aporte la herencia renovada del desarrollo histórico de su comunidad a quienes pasan por sus aulas y les proporcione, además, las experiencias y herramientas para que sean capaces de seguir descubriendo nuevas cosas que contribuyen elementos para el desarrollo y la renovación continua de la vida personal y colectiva.

Una escuela que está bien organizada y que se estructura de manera eficaz, eficiente, pertinente y equitativamente para brindar una formación integral a todos los que pertenecen a su comunidad educativa; una escuela que se constituye en un modelo de convivencia social constructiva y pacífica, es un bien de orden auténtico que puede volverse un factor de regeneración del tejido social de la comunidad en la que está inmersa.

“La escuela como valor originante significa que es un espacio, un contexto, un campo fértil para el cultivo de lo humano (personal y comunitario). Significa, igualmente, que la escuela es un modo concreto de respuesta a la pregunta de si vale la pena vivir y de cómo debemos vivir la vida. La escuela es una respuesta práctica a estas preguntas y, como tal, se constituye en una valor originante; es decir, en una fuente de otros valores posibles…”.

Lay Araceli Rodríguez Hernández. «La escuela como mutua automediación entre el estudiante y la comunidad«, p. 95.

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Foto tomada de Pearson

Además de ser un bien particular para quienes se forman en ella y un bien de orden para la sociedad que requiere del flujo sistemático de la formación integral de las nuevas generaciones, la escuela es también un valor porque resulta, como dice la cita anterior, un campo fértil para el cultivo de lo humano; porque de hecho es un espacio fundado para ocuparse centralmente del cultivo de lo humano entre todos aquellos que forman parte de su comunidad.

Como bien dice esta tesis, la escuela es una respuesta concreta a las preguntas acerca de si vale la pena vivir y de cómo se debería vivir de manera humana. Porque el ambiente escolar, la ecología de la escuela y del aula, la orientación y el discurso escolares, la normatividad y la forma en que se aplican las normas, los énfasis declarados y sobre todo vividos en el día a día de la formación de los alumnos, van comunicando esta respuesta a las preguntas sobre el valor de la vida y sobre la forma humana de vivirla.

La institución escolar como valor originante se vuelve también una fuente de nuevos valores que van aprehendiendo y viviendo quienes pertenecen a ella. Ya que, de acuerdo a la manera en que la vida escolar va respondiendo a las preguntas fundamentales sobre la vida humana y el grado en que realmente se va convirtiendo en un campo fértil para el cultivo de lo humano, irá definiendo los valores que la vida escolar generará.

Si pensamos con seriedad en esta relación entre la escuela y la construcción del bien humano, valdría la pena dedicar una o varias sesiones de los Consejos Técnicos Escolares al análisis y la reflexión de la comunidad docente sobre las formas concretas en que cada escuela está siendo –o no– un bien particular para los educandos; está jugando el papel –o no– de un bien de orden para la comunidad; y está auténticamente volviéndose –o no– un valor originante que responda constructivamente a las preguntas de si vale la pena vivir, y sobre la forma en que sería más humanamente aceptable construir la existencia.

¿Es nuestra escuela actual un valor y una fuente de valores?

*Foto de portada tomada de Edutopia

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Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..