El último aliento de mi padre al mediodía

El último aliento de mi padre al mediodía

Aletya Serrano

@aletya

Día 42 en terapia intensiva/intermedia.

No he podido dormir y a las 4;00 am he escuchado alarmas de monitores. El chico que duerme en el piso (y ve series en su tablet) y yo, nos hemos puesto nerviosos, poco a poco se han despertado familiares de los pacientes, pero los doctores… aún no han llamado a nadie. Todos estamos intranquilos tratando de adivinar quién está en crisis del otro lado de las puertas.

Ha salido la luz por las ventanas, y la señorita de vigilancia nos ha pedido que levantemos nuestras cosas: (Colchas, edredones, y almohadas…), las alarmas cesan por algunos minutos pero vuelven y no dejan de sonar. Yo me dirijo al baño a hacer mis necesidades: Lavarme los dientes, y quitarme de encima la ropa cómoda para dormir (a veces lograr hacer eso en ese baño no es tan incómodo, es amplio, solitario, y casi siempre está limpio). Observo unos minutos los volcanes y contemplo la ciudad por el gran ventanal, y vuelvo como nueva a mi banca de atrás donde hay maletas, revistas, jabones líquidos y de pasta, pañales, libros, botellas de agua, dulces, galletas, refresco, cargadores, y multi-contactos… Tu penthouse dirían los familiares de los pacientes sonriendo.

Foto: Xavier Rosas

He pasado la noche hablando con Francisco, una persona que acabo de conocer pero que siempre he visto llegar al hospital por la tarde con la ropa limpia y planchada, y acostarse en el piso a ver series de crimen en su tableta. Le he dicho que viene muy elegante para recostarse en el piso. Las series que ve Francisco, tienen un sonido familiar que al escucharlas me tranquilizan. Francisco tiene dos hermanas, y un hermano: Una de ellas es fisioterapeuta, y el otro día me arregló la espalda con un buen masaje, vaya que yo me sentí Lady Gaga. La mamá de esos cuatro hermanos, quienes se turnan en el hospital todos los días, está en terapia por una operación de pulmón. Esta noche le he dicho a Francisco, que lamento que mi padre este atrapado en un laberinto, que no tenga posibilidades de recuperación pero tampoco descanse dignamente. Pero también he dicho que mi padre tiene sabiduría, y ya encontrará la manera de irse poco a poco, la encontrará, como dice mi hermana.

Son las 7:30 am y los doctores de terapia ya han cambiado de turno, han llegado los de la mañana (los titulares), quienes también son con los que hemos hecho mejor relación. La sala de enfrente, la de Cirugía ya está llena, y el joven de la limpieza nos ha pedido abandonar la sala unos minutos para limpiarla, (sacudirla más bien, porque nunca he visto que le pongan jabón). No he sentido la necesidad de salir a tomar aire, aunque ya se me acabó el agua, y la coca cola, pero espero a que llegue mi madre y mi hermana con los tuppers de la comida sana y rica. Ya nos hemos enfermado de tanto comer en los restaurantes y en los puestos, ahora hemos tomado otras medidas, y entre comidas sólo merengueamos o galleteamos.

Entrada la mañana me he puesto a releer “Cerati” de Juan Morris (en mi penthouse). Por ahora no quiero ver series de zombies, ni de otra cosa que no me haga identificarme y entender que otros pasan por el dolor que estoy pasando y sobreviven. Así que busco documentales y ficciones acerca del estado de coma vegetativo, y adelantos neurológicos del mismo. He interrumpido la lectura porque una señora ha iniciado una plática conmigo, y me ha externado su preocupación por el sonido de las alarmas. Se le nota un semblante bonito, en calma, y una voz relajada, aunque en el fondo esté destrozada porque a su hijo de veinticinco años, un policía del estado, y físicoculturista, le han amputado la pierna. Eso me recuerda que mi padre ha perdido su más grande tesoro: su memoria y su inteligencia. Cada quien su superpoder o valor inasequible.

Hago lo que me da la gana siempre, y ésta no es la excepción pese a las reglas del hospital. Por ejemplo: me meto de colada a ver a mi padre en horas que no son horas de visita, o le pido a algún familiar de otro paciente que por favor tome una foto del monitor (de contrabando), para estar al pendiente de sus signos vitales. Incluso en una crónica de muerte anunciada harías lo que fuera para cambiar esa muerte, o por lo menos para anticiparte a ella. Aquí no se puede hacer nada por él, pero aún se puede estar al pendiente de él.

Entradas las 11:00 am han llamado a la familiar de un paciente de apellido Capetillo, para que pase a darle de comer a su enfermo. Le he pedido que me haga el paro y deje abierta la puerta como quien no quiere la cosa, ¡pero ella me ha sorprendido!: se ha rehusado con esa cara que ponían las jefas de grupo en la primaria por temor a recibir un tache de las enfermeras o los doctores. En un intento por luchar, intento entrar, ¡pero ella me cierra la puerta en la cara, y me quedo como pendeja afuera! ¡Vale madres!

La hermana mayor de mi papá, me sorprende en la banca leyendo la biografía de “Cerati”, y se sienta a platicar un buen rato conmigo. Tengo sed, tengo hambre pero por alguna razón no me he movido de aquí.

A las 12:17 pm, ha salido el doctor Castañeda, un moreno que casi nunca nos oculta nada, nada acerca del estado crítico que mi padre ha tenido desde un principio. Recordemos que estamos dentro del ISSSTEP: Una institución que forma parte del Estado, y por lo tanto es implícito el trato con demagogia por parte de sus médicos y directivos.

Ha salido el doctor a decirme que corra a ver a mi padre. La palabra “correr”, me ha hecho alucinar, y por los siguientes segundos de eternidad me he sentido rígida y me cuesta trabajo moverme. Estoy afuera de la puerta pero se tardan muchos segundos en abrirla, así que pido a los de la sala que le llamen por teléfono a Romy, cuando por fin abren la puerta de terapia. Me he puesto la bata de inmediato, y mientras me lavo las manos pregunto a una doctora residente, si es que está muy grave. Ella me dice que sí, que está muy grave. Por lo que recorro corriendo mi última caminata por ese angosto pasillo, y llego a la cama número seis de terapia intensiva/intermedia. Pensando en cuestión de microtonos y de microsegundos que ha llegado el momento y Miguel me ha elegido para despedirlo de este mundo y para llevarlo de la mano al umbral con la fortaleza de una madre que por dentro se deshace pero tiene la fuerza de dejar a su hijo en la puerta del kinder, en su primer día de clases, darle un beso, y despedirse sin derrumbarse.

Yo sostuve a mi padre cuando estaba en su último aliento, lo tomé de la mano, y le susurré al oído “Across The Universe”, mientras le deseaba buen viaje.

12:20 pm ha muerto Miguel Serrano.

17 de Agosto del año 2018.

Puebla, México.

1 COMMENT

  1. Bello y triste hermana Aletya, abrazo a ti y a Miguel que tantas veces aguantó nuestro desmadre en el departamento familiar,

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