Después de varios siglos, la resistencia kurda parece llegar a su fin

Después de varios siglos, la resistencia kurda parece llegar a su fin

Foto tomada de GGN
Ronnel García Marulanda

@elmonologuista1

Se dice que en un apartado rincón del mundo, a la periferia del desierto más seco del mundo y en los límites de una nación barrida por los fuegos infernales de bombas y morteros, está oculto un diminuto paraíso.

Una tierra de verdor con fértiles campos de olivos alimentados por las aguas del Éufrates, refugio de los desamparados que huyen de la más grande tragedia conocida de nuestros tiempos: promesa de libertad y de democracia, en un país de incesantes tiranías barrido por balas y desesperanza. Ese paraíso se llama Afrin, y está a punto de caer.*

El conflicto por la ciudad kurdo-siria de Afrin se nos presenta como la culminación de lo que prometía ser el gran desenlace del largo recorrido del pueblo kurdo por una historia que en los varios últimos siglos había sido caracterizada por la segregación y exclusión.

No podemos analizar el significado de esta batalla en el norte de Siria sin adentrarnos en la milenaria historia kurda y en el mucho más reciente contexto de la sangrienta Guerra Civil Siria.

Historia de su territorio

Los kurdos son la más grande minoría étnica del Medio Oriente. Originarios de la antigua Irán, se alojaron en las nacientes montañosas del Éufrates alrededor del siglo VII antes de la Era Común, en el territorio nombrado como Kurdistán.

Desde ahí y junto al resto de los pueblos del Asia Occidental, los kurdos fueron anexionados en la meteórica y violenta expansión del Islam del siglo VII de nuestra era que unió, bajo la bandera de Mahoma, al Asia Central y Occidental, el norte de África y la Península Ibérica, adoptando la fe musulmana hasta nuestros días.

Mientras los demás pueblos de Mesopotamia y el Magreb se homogeneizaron a la cultura de los invasores árabes, los kurdos preservaron con estoicismo su lenguaje y tradiciones, sin nunca renunciar a su lealtad por la fe de la media luna.

En los siglos por venir los kurdos seguirían siendo conformantes secundarios en los sucesivos regímenes que se disputaban los valles de la Mesopotamia y la Península Arábiga; entre los últimos de los cuales estuvieron los persas y los otomanos.

El Imperio Turco acabó triunfando en donde los califas árabes habían caído y construyeron el último imperio musulmán que dominó la historia de los musulmanes desde el siglo XIV hasta la gran catástrofe de la Primera Guerra Mundial, en la que las potencias imperialistas occidentales movilizaron una gran rebelión armada de nacionalistas árabes para derrocar a la monarquía turca.

Los árabes esperaban de esta gesta la unificación de las colonias árabes del Imperio Turco en una nación soberana. En vez de ello, Inglaterra y Francia procedieron a repartirse las colonias árabes entre ellos en virtud de una “equitativa” distribución de las reservas petroleras de dichos territorios entre ambas potencias sin prestar atención a las divisiones étnico-territoriales que tal repartición conllevaría.

De la Partición del Medio Oriente surgieron Irak, Transjordania (hoy Jordania) y Palestina (hoy Israel y Palestina) como “áreas de influencia” británicas, y Siria y el Líbano como territorios controlados por Francia. Las fronteras de tales nuevas naciones eran arbitrarias y correspondían a la necesidad estratégica de los Aliados sobre la región.

Los kurdos fueron los grandes desamparados de esta partición. El Kurdistán quedó fraccionado dentro de las fronteras de 4 nuevos estados soberanos: el Estado Imperial de Irán (hoy República Islámica), el Reino de Irak (después República), el Reino de Siria (después Mandato Francés y más adelante República Árabe) y el Sultanato de Turquía, remanente del caído imperio ahora ocupado por las potencias vencedoras.

El Sultanato de Turquía se había levantado como la esperanza para el pueblo kurdo, pues el ahora subyugado sultán se vio obligado a concederles autonomía y autogobierno, siendo el Kurdistán Turco el más poblado de los cuatro que ahora existían.

Al  principio, para la mayoría de los kurdos-turcos, defender la unidad de Turquía y la autonomía de los kurdos en el nuevo régimen parecía más lógico que buscar un improbable proyecto nacionalista independentista.

Sin embargo, el panorama cambió rápidamente ante el alzamiento del General Mustafá Kemal, luego llamado Atatürk (“El Padre de los Turcos”), quien movilizó a los turcos contra los ocupantes extranjeros, abolió la monarquía y proclamó la República Turca en 1922 bajo su mandato.

Los kurdos durante los conflictos a mediados del siglo XX

Aunque surgida del conflicto con las potencias occidentales, la República de Atatürk se acercó más y más a Occidente bajo el esquema de una democracia parlamentaria laica, hasta que en el contexto de la Guerra Fría se convirtió en el único estado del Oriente Medio miembro de la OTAN en 1952.

Durante esas tres décadas el nacionalismo kemalista se encargaría de erradicar todo esfuerzo de autonomía o autodeterminación kurda por medio de una represión indiscriminada que sería replicada por los sucesivos regímenes de Irak e Irán.

Los kurdos-turcos comenzaron a levantarse contra el Estado turco desde 1921, y en el contexto de la Guerra Fría, el partido comunista kurdo PKK (financiado inicialmente por la URSS para desestabilizar al enclave oriental de la OTAN) dio paso en 1978 a la más grande rebelión kurda del mundo musulmán; pero estaba lejos de ser la única.

Los kurdos ya habían hecho un primer intento de autodeterminación en el actual territorio de Irak en 1918, pero fueron rápidamente anexionados por los británicos al nuevo estado.

Y, tras la abolición de la monarquía y el comienzo del régimen socialista en Irak, los kurdos iniciaron una rebelión a gran escala contra Irak en 1961. Que, tras el comienzo del régimen de Saddam Hussein en 1979, desembocaría en masacres indiscriminadas contra la comunidad kurda.

También en Irán desde 1918 las tribus kurdas lucharían por el dominio de su territorio, comenzando una rebelión organizada a gran escala desde 1943.

En ambos países el contexto de la Guerra Fría fue determinante para el financiamiento de las rebeliones kurdas por las superpotencias en conflicto. Pero, luego de la Revolución Islámica Iraní de 1979, tanto Iran como Irak se volvieron mutuamente hostiles a las superpotencias de dicha guerra.

Con el comienzo de la guerra de Irak-Iran ambos países comenzaron a financiar a los grupos rebeldes internos del otro. Por lo que, en un gigantesco despliegue de ironía, Hussein y el ayatolá Jomeini se encargaron de armar y entrenar a los kurdos de los lados opuestos de sus respectivas fronteras.

Siria, hogar de la fracción más pequeña del Kurdistán, fue la única donde los kurdos se resistieron a rebelarse contra el régimen durante todas estas largas décadas en las que experimentó sus propias inestabilidades políticas de índole ideológica. Aunque esto no pudo durar por siempre.

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Foto tomada de El País
El papel de los kurdos en las guerras del siglo XXI

El primer punto de inflexión en la historia de las rebeliones kurdas fue la invasión estadounidense de Irak en 2003. Las facciones kurdo-iraquíes, básicamente desarticuladas por Hussein desde 1991, no dudaron en alinearse con los invasores y se convirtieron en un activo crucial de las fuerzas norteamericanas que, tras deponer al dictador Saddam Hussein, recompensaron a los kurdos con un amplio derecho de autonomía.

15 años después, el Kurdistán Iraquí se ha convertido en una de las regiones más prósperas y avanzadas de Irak, funcionando casi como un estado independiente, libre –en muchos aspectos– de la intervención del nuevo gobierno central impuesto por EEUU.

En ese sentido, cabe destacar que las que fueran milicias rebeldes de los partidos kurdos, pasaron a formar parte de las fuerzas armadas de la región autónoma, nombrándose la Peshmerga (“Los que se enfrentan a la muerte”).

Aunque claro que la invasión estadounidense de Irak tuvo un sinfín de otros efectos inesperados en el movimiento kurdo mundial a largo plazo.

El siguiente punto de inflexión para los kurdos transcurrió con la primavera árabe, cuando protestas masivas de civiles descontentos contra el régimen de Bashar al-Ásad en Siria desembocaron en la conformación de un gran ejército rebelde en 2011. Ese fue el comienzo de la Guerra Civil Siria.

Inicialmente, el Ejército Libre Sirio (SFA) era una gran escisión de las fuerzas armadas sirias controladas por un comité político central, cuyos valores pretendían ser laicos y democráticos, pero que desde sus inicios contaba en sus filas con grandes movimientos de radicalismo islámico.

El desastre para los rebeldes y para los sirios en general comenzó en 2013, cuando la SFA fracasó en su intento por conquistar la capital, Damasco. Esta catastrófica derrota diseccionó para siempre el SFA.

En el contexto de la inestabilidad Siria, uno de los muchos grupos yihadistas iraquíes escindidos de las células de Al Qaeda comenzó un gran plan de expansión para levantar un gran régimen yihadista; como ninguno que viera el islam moderno.

El grupo, inicialmente llamado Al Qaeda en Irak pasó a la notoriedad internacional al tomar el control de Mosul, una de las más grandes urbes petroleras de Irak cerca de la frontera con Siria, por lo que llegaría a llamarse Estado Islámico de Irak.

Tras cruzar la frontera, los yihadistas se apoderarían de la mitad del territorio de Irak y Siria dando comienzo a una serie de persecuciones a las minorías étnicas y religiosas de la región por medio de los más atroces medios de opresión, en lo que ellos mismos denominarían “la sacra revolución del levante”. El grupo entonces pasaría a denominarse Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS).

En la movilización de las fuerzas leales de al-Ásad a los territorios controlados por sus adversarios islamistas en Guta y Alepo, la mayor parte de los territorios del norte de Siria –de mayoría kurda– quedaron desprotegidos de las fuerzas del régimen ante la amenaza del islamo-fascismo del ISIS.

Viendo a los kurdos aparentemente indefensos, los yihadistas lanzaron una ofensiva contra Kobane, una de sus grandes ciudades. Inesperadamente para los terroristas y para el mundo, los kurdos-sirios comenzaron una respuesta militar contra los invasores que haría temblar el escenario de la política siria.

Tras instalar un régimen autónomo al margen del gobierno de al-Ásad, los kurdos-sirios se movilizaron para defender sus territorios de los radicales, conformando dos grandes milicias de autodefensa: las unidades de protección popular (YPG); y las unidades de protección femenina (YPJ), grupo de militancia exclusivamente femenina en abierto desafío a la visión patriarcal del islam.

Ese fue el comienzo de la revolución democrática de Rojava (“Kurdistán Occidental”), luego renombrada como la Federación Democrática del Norte de Siria. Una revolución que, en la lucha contra el yihadismo, buscaba reclamar junto a la autonomía kurda, la igualdad entre hombres y mujeres y el derecho a la democracia laica.

Las líderes femeninas de la rebelión kurda se convirtieron en el gran emblema del movimiento y pronto las victorias kurdas contra el ISIS atrajeron a sus filas a las facciones más moderadas del desmembrado SFA en una alianza kurdo-árabe, desde entonces conocida como las Fuerzas Democráticas de Siria (SDF).

Foto tomada de ANF News

Mientras al-Ásad y sus aliados Rusia, Irán y Hezbolah concentraban sus fuerzas en el oeste sirio para aplastar los varios frentes de la oposición, los SDF kurdo-sirios y la Peshmerga kurdo-iraquí fueron quienes cargaron la mayor parte del peso de la lucha contra el ISIS en ambos frentes de la guerra.

Dos ejércitos no reconocidos internacionalmente habían reducido lo que parecía la más grande amenaza a la estabilidad mundial. Pero, aunque el occidente del continente reconociera a los kurdos como unos de sus aliados más importante, hubo entre los aliados de occidente quien no vio con ningún gusto el surgir de los kurdos: el presidente turco Erdoğan.

Después de firmar un alto al fuego con el PKK en 2013, Erdoğan no dudó en romper dicho acuerdo al financiar al ISIS por medio de las empresas de su hijo, al tiempo que impedía la movilización de los kurdos-turcos que pretendían apoyar a sus primos sirios en la defensa de Kobane.

Para Erdoğan, impedir el éxito del nacionalismo kurdo-sirio era impedir el resurgir del nacionalismo kurdo-turco, y el principal objetivo del autócrata turco era impedir que los kurdos adquirieran autonomía del lado de la frontera de Turquía.

Sin embargo, los terroristas resultaron ser poco agradecidos con el financiamiento del déspota turco. En noviembre de 2016 ISIS perpetró atentados con coche bomba en territorio turco de mayoría poblacional kurda en represalia por la dura resistencia que los kurdos en Irak y Siria ejercían contra sus milicias.

Erdoğan prometió castigar a los terroristas y pidió a sus aliados de la OTAN –hacia años enfrentados con el ISIS– que le concedieran un corredor exclusivo al ejército turco para intervenir las bases del ISIS en el norte de Siria.

Eso también fue un engaño, ya que dicho corredor fue usado por los turcos para atacar no a los yihadistas sino a sus enemigos del PKK con quienes había firmado un alto al fuego, sólo para impedir (una vez más) una posible unión militar entre kurdo-turcos y kurdo-sirios.

El punto de inflexión definitivo en el conflicto de Erdoğan contra la Federación de Rojava llegó en 2017 cuando las SDF con el apoyo logístico de EEUU (con el cual Trump quiso adjudicarse mediáticamente la que era la victoria de los kurdo-sirios) expulsó al ISIS de su capital de facto, la ciudad de Al Raqa.

La caída del ISIS en la batalla de Raqa junto a la victoria Iraquí/Kurda en la liberación de Mosul significó –casi– la erradicación de la amenaza territorial del ISIS. Pero, al mismo tiempo, la expansión de la Federación Nor-siria sobre Raqa llevó a grandes preocupaciones en el buró político de la oposición siria, ahora alojados en el sur de Turquía.

Raqa siempre había sido una ciudad de mayoría árabe y temían que el que los kurdos tomaran control, significaría la partición de la unidad territorial de Siria. Su arrendador Erdoğan temió lo mismo, y en enero de 2018 lanzó su más ambiciosa y terrible operación militar contra los kurdos-sirios: la Operación Rama de Olivo, la invasión militar sobre Afrin.

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Afrin, la caída del paraíso

Afrin es una ciudad históricamente kurda levantada sobre la ribera del Éufrates en un territorio de especial fertilidad donde los cultivos de olivos han sido por siglos la principal fuente de sustento de su población. Y hay quien la considera como el paisaje natural más hermoso de Siria.

Abandonada por el ejército Sirio en 2012, Afrin pasó a formar parte de la Federación de Rojava al ser ocupada por la milicia de autodefensa kurda-siria YPG (unidad de protección popular), a pesar de que a partir de la intervención turca de 2016 quedó territorialmente separada del resto de Rojava.

Estando rodeada por enemigos con los turcos al este, los partidarios de al-Ásad al sur y los rebeldes radicales en Alepo al oeste, Afrin estuvo inesperadamente libre del conflicto que asolaba el resto de Siria durante la mayor parte de la guerra, siendo por lo mismo uno de los principales destinos del desplazamiento interno de refugiados que huían de los bombardeos de las potencias internacionales alineadas con ambos bandos del conflicto.

Según los movimientos kurdos, a los refugiados desplazados en Afrin los esperaba un amplio recibimiento dentro del experimento de democracia comunal confederada basada en asambleas populares, donde se privilegiaba la igualdad de la mujer y la participación ciudadana en la autogestión pública.

Al basarse en un discurso de laicismo político, Afrin también fue un refugio para la minoría religiosa yazidí perseguida por las distintas facciones de islamistas radicales, estableciéndose en aldeas en los alrededores de la ciudad. Estos serían los primeros atacados en el intento de limpieza étnica lanzado por Erdoğan.

Tras comenzar la operación Ramo de Olivo, las fuerzas en tierra atacaron el cantón de Afrin por todos sus frentes simultáneamente, buscando el control de sus áreas elevadas periféricas para cercar la ciudad.

Durante los primeros meses de la invasión la mayoría de los analistas reportaron un escaso avance de los islamistas ante la feroz y heroica defensa de las SDF (Fuerzas democráticas de Siria), pero desde principios de marzo el avance de los cuerpos blindados y fuerza aérea turcos comenzaron a volverse incontenibles.

Las autoridades políticas de Rojava han tratado de tramar una alianza circunstancial con las fuerza de al-Ásad, pero aunque él aseguró movilizarse para defender sus fronteras de los turcos, sus fuerzas siguen mayormente concentradas en los rebeldes en Guta Oriental, donde los bombardeos contra civiles no cesan.

Al momento de escribir estas líneas, las fuerzas pro-turcas asedian Afrin; la fuerza aérea turca bombardea sus blancos civiles y sus habitantes huyen en masa.

Erdoğan presume que en cualquier momento sus soldados tomaran la ciudad.

Si la Guerra Civil Siria ya estaba concluyendo con un resultado terrible al dejar medio millón de muertos; 12 millones de desplazados; 5 millones de refugiados y un país en ruinas, para que el dictador al-Ásad se mantenga en el poder y el país quede fracturado en medio de radicalismos islámicos, el resultado parece pronosticarse aún peor si la luz de esperanza democrática que cargaban los kurdos queda apagada.

Cuando los kurdos sirios se levantaron contra los yihadistas lo hicieron bajo el lema Berxwedan Jiyane («Resistencia es vida»). Ahora, bajo los bombardeos turcos, la resistencia es muerte.

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Foto tomada de Fox News

*NOTA DEL AUTOR: El presente artículo fue redactado en las vísperas de la ocupación turca de Afrin, cuando los eventos militares daban la caída de la ciudad por segura.

En los meses que han seguido y tal como prometía la propaganda turca, la ciudad ha pasado por un despiadado proceso de repoblación y los combates en sus calles se han mantenido en una sangrienta guerra de desgaste que, sin embargo, ha perdido la notoriedad noticiosa con la que contó en el climax de la invasión.

El objetivo de la publicación de este artículo, en fechas en las que su contenido parece haberse desfasado, es impedir que este relevante escenario internacional todavía vigente en el acontecer pierda su cobertura noticiosa, y los lectores interesados puedan formar sus propias opiniones de lo acontecido en Siria antes de su olvido.

**Ronnel García Marulanda es ingeniero eléctrico, técnico instrumentista y aficionado a las ciencias humanas con las que se busquen retratar la identidad del género humano. Por vínculos familiares es a la vez Venezolano, Peruano y Colombiano, por lo que para él las fronteras son una formalidad en el gran entramado del rompecabezas de la sociedad.

***Foto de portada tomada de Borroka Garaia 

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