Isle Of Dogs: de la técnica visual a la crítica social

Isle Of Dogs: de la técnica visual a la crítica social

Héctor Jesús Cristino Lucas

Probablemente hay una sola manera de referirse al cine de Wes Anderson, y ese sería como “un Dios que lo ve y que lo hace todo”.

A través de un cine minimalista, pero con estilo y distinción, con pureza y proporción milimétrica fue capaz de crear un mundo casi perfecto. Probado y medido. Uno en donde los detalles eran más importantes que lo evidente, y uno donde la técnica revolucionaría la narrativa y no al revés. Wes Anderson es un Dios en su propio mundo.

Por ello, tomar la decisión de adentrarse a sus reglas y a sus encantos debe hacerse con la misma lucidez de alguien que decide recorrer la filmografía del mismísimo David Lynch. Porque esto es de autoría. Es un sello característico que busca lo único. Y si bien hay tantos detractores de este “pulcro” cine a la Anderson, debemos reconocer maestría cuando la hay.

Y aunque The Grand Budapest Hotel (2014) o Life Aquatic (2004) son un grandísimo ejemplo de soltura a la hora de narrarnos una historia a través de sus decorados, de su estilo y pureza, Sr. Fox (2009), pero más estrictamente Isle Dogs (2018) es un ejemplo perfecto para de mostrar que la técnica puede conquistar el ojo del espectador antes que la propia trama.

Wes Anderson ha alcanzado un nivel de realismo escabroso, que a su vez logra mezclarse sin dificultad alguna al surrealismo buñuelezco. Ahora, su magia se traslada al stop-motion hasta volverlo innovador, y aunque vimos una revolución total con su espléndida Sr. Fox en 2009, parece ser que con Isle Dogs por fin ha domado la técnica en pro de última evolución.

Probablemente Isle Of Dogs (2018) de Wes Anderson, junto a Kubo (2016) de Travis Knight y Anomalisa (2015) de Charlie Kaufman sean de las mejores películas filmadas en stop-motion de la última década, y por ello vale la pena reconocerlo, ya que a veces mueren bajo la sombra de grandes productoras como la Pixar Studios, por ejemplo.

Isle Of Dogs apasiona con su técnica, pero luego te engancha a través de una historia contestataria en pos del activismo ecológico; ese que busca generar grandes cambios y que está en contra de todas esas corporaciones, sean de carácter político o industrial, que buscan el beneficio propio sin importar los posibles daños irreversibles al medio ambiente. Sin embargo, Isle Of Dogs es una crítica más próxima a la humanidad contada como una fábula clásica.

Mantiene un mensaje asolador que parece unir los temibles escenarios de un visionario como lo fue George Orwell, tanto de la simbología animal implícita en Rebelión en la Granja como de la distopía y el fatalismo de 1984. Pero contada con frescura y estilo único.

Esto no se había conseguido desde la peculiar pero siempre trágica The Plague Dogs (1981) de Martin Rosen, basada por supuesto en la novela homónima del escritor inglés Richard Adams.

Aquella adaptación logró exponer el estilo de Richard Adams, su crítica tanto ecológica como social, tanto política como psicológica, haciendo alusión a la crueldad expuesta en el sufrimiento de los animales. Específicamente, en todo lo que puede sentir, ver e interpretar un puñado de perros que sirven como conejillos de indias para brutales experimentos.

En una elaborada pero realista recreación de nuestro mundo nos recuerda a las especies que no tienen voz ni voto y que están aquí simplemente para sufrir a través de la mano del hombre. Por ello Richard Adams fue un novelista espléndido que dotó a sus impactantes fábulas, como The Plague Dogs o Watership Down de una extensa pero dura crítica a lo primitivo que puede llegar a ser el humano en su paso por el mundo.

Y ahora Isle Of Dogs hace lo propio. Genera un resultado parecido, pero lo lleva de la mano de elementos o metáforas inteligentes. En la narrativa, con herramientas futuristas tomadas del político género de la ciencia ficción y en lo técnico, con su perfecto y realista stop-motion que endulza o suaviza la trama para alcanzar al mayor número de espectadores de todas las edades.

Sea como fuere, Isle Of Dogs es una experiencia fascinante para darle al espectador una cucharadita de cada género. Conserva sus propósitos, y te ayuda a digerirlos exactamente como un fabulista lo haría. Pero he aquí el problema. Ya que pese a todo lo bueno que puede parecernos, muchos críticos se opusieron a la manera no sólo de interpretar sino también de proyectar al mundo que tiene el propio Wes Anderson.

Particularmente ocurrió en su delicada pero peculiar visión que posee de Japón, descrita por los detractores como una marginal y estereotipada versión del país del sol naciente.  Sin embargo, este comentario se nota más cuando volteamos a ver la forma de manufacturar el lenguaje y el idioma con su película.

Para aquellos detallistas, habrán notado que al principio del film se mencionó que todos los personajes humanos hablan su idioma nativo, por lo que a veces son traducidos mediante el uso de subtítulos o por medio de sus acciones. Mientras que los personajes protagónicos, un grupo de perros abandonados en una isla distópica cuyas voces dan vida el variopinto reparto compuesto por Bryan Cranston, Jeff Goldblum, Edward Norton, Bob Balaban y el mismísimo Bill Murray… curiosamente hablan inglés.

Según Anderson, esto responde a un estilo de preferencia, ya que según sus propias palabras “siempre odio ver películas japonesas dobladas en inglés”. Pero para el crítico de cine de Los Angeles Time, Justin Cheng, esta no fue para nada una buena justificación:

“Todas las estrategias lingüísticas ineficientes no son más que su propia -de Anderson- forma de marginación, que reduce a las desventuradas y desprevenidas personas de Megasaki a extranjeros en su propia ciudad.

Cheng prácticamente ha dado con un punto importante respecto a Isle Of Dogs que vale mucho la pena resaltar. Dentro de esta historia, de este distópico futuro ambientado en alguna parte de Japón, parece ser, ciertamente, lo menos japonés posible. En cambio, nos ofrecen vistazos superficiales y estereotípicos que muchas veces dejamos de tomar en serio mientras la trama pasa.

En el caso, de la película Kubo (2016), mucho de la cultura norteamericana con la nipona es expuesta simultáneamente sin caer en el cliché, y sale librada por el uso de narrativas clásicas, ya sean de cuentos o de mitología, que nos remitía a la cultura asiática casi sin que lo notáramos a gritos.

Y así como hicimos el mismo reclamo con la multi premiada Coco (2017) de Lee Unkrich, debemos hacerlo con Isle Of Dogs y aceptar que en ocasiones se comete el mismo error al darnos una versión digerible y pobre de alguna cultura. Sin embargo, la trama central, la historia de nuestros personajes caninos, se roban toda la película y hacen de ese terrible error, un fallo que podría pasar por alto debido a la grandeza de otros de sus elementos.

Porque tanto podríamos nombrar a Isle Of Dogs de Wes Anderson como una maravilla visual de los efectos especiales stop-motion, como una película de protesta que logra transmitir el mensaje de manera correcta y concisa. Pese a sus detalles logra dominar un estilo de autor casi único que sale de lo común, que la hace auténtica y honesta, por lo que no la satanizaría del todo.

Isle Of Dogs no es una película cualquiera, de eso podemos estar seguros. Es un punto y aparte. Probablemente se hablará de ella por mucho tiempo y fungirá como un referente en la historia de la animación en general por llevarnos a otros mundos con imponentes elementos que van de la técnica visual a la crítica social. Debe verse por obligación.

Sinopsis:

El alcalde de una ciudad japonesa decreta que, con motivo de una epidemia de gripe canina, todos los perros deben quedar confinados en una isla. Un niño de 12 años emprende una aventura para llegar hasta la isla y rescatar a su mascota.”

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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