Rezo por vos

Rezo por vos

Alonso Pérez Fragua

@fraguando

#MiRamadanLaico #MiVidaEnMarruecos

13 ramadán 1439 A. H. (29 de mayo de 2018 d.C.)

Me quedan unos minutos antes de que el almuédano anuncie que la oración del fajr. Eso significa que aún puedo revisar redes sociales y distraer a mi cerebro y alma con videos sobre temas distintos al islam, la meditación o maneras saludables de hacer el ramadán. Recuerdo que no he visto el último video de Antonio García Villarán, artista y youtuber español al que sigo desde hace seis meses. Semana a semana espero sus críticas sobre artistas, exposiciones y movimientos artísticos. Aunque no coincido siempre con él, encuentro sus opiniones equilibradas y muy bien fundamentadas. Una de las últimas, sobre Banksy, fue la excepción, lo mismo que la de hoy sobre Yayoi Kusama. En ambos casos, más allá de que me gusta el trabajo del misterioso y evasivo grafitero, y de la nonagenaria y perturbada/dora creadora japonesa, me parece que las entrañas han cegado a Antonio y que los argumentos que utiliza en su contra suenan a envidia porque ellos sí han logrado vender caro, y mucho, sus obras.

A las 3:48 a.m. desayuno y redes sociales deben terminar, pero yo ocupo unos minutos de más, como casi cada mañana (sé que Alá me lo perdonará). Me voy a mi rincón de oración y rezo la plegaria laica basada en el texto de Rosenberg que uso desde el primer día de ramadán. A continuación, como desde hace una semana, doy gracias por este nuevo día, por tener una hija y una esposa que me aman y a las que amo, y por todas las cosas que en ese momento sienta adecuado agradecer. A continuación, termino con una oración que inventé al segundo o tercer día de este proyecto. Le llamo mi oración de ofrecimiento y la combino con una respiración profunda y consciente. Las primeras destinatarias de esta experiencia y la propia oración son Malinali y Marjorie –“esto que hago lo ofrezco con amor a mi hija y a mi esposa”-. Con cada respiración, agrego un nuevo verso, un nuevo destinatario, hasta que luego de varias respiraciones y un par de minutos, la oración ha tomado su forma final y definitiva:

Esto que hago lo ofrezco con amor a mi hija, a mi esposa, a mi familia, a mí mismo, a mis amigos y vecinos, a los que alguna vez me desearon mal, a [la (s) persona(s) o comunidad(es) elegida(s) en ese momento], a mi país, al planeta, al universo y a todos los seres que en él habitan.

Hoy, las “personas elegidas en el momento” fueron Antonio García Villarán y la crítica de arte Avelina Lésper, “para que encuentren la paz necesaria que les ayude a entender un nuevo paradigma del arte”. Las incluyo de forma sincera, respetuosa y seria, pero la mayoría de las veces siento que soy un tanto condescendiente y que considero que yo tengo la razón, que yo soy bueno-bueno-súperbueno por incluirlas en mis rezos. Esto sucede sobre todo cuando los personajes a los que dedico estos pensamientos provienen de mi consulta de redes sociales durante el suhur, como hace dos días que el elegido fue “Bobby”, tuitero con el que intercambié una decena de mensajes donde yo defendía las fotomultas. A cada réplica que me hacía, me parecía evidente que sus argumentos estaban basados, como en el caso de Antonio, en las entrañas y su filiación ideológica y partidista más que en hechos. Pero, de nuevo, ¿quién tiene la razón? Yo creo que los hechos y el dato duro, pero soy solo un necio.

Uno de los motivos para alejarme de la religión -institucionalizada, al menos- es esta posición de poseedores de la verdad absoluta con los que se presentan ciertos creyentes. Lo veo aún hoy sobre todo con los conversos de cualquier denominación, y no solo en el terreno del espíritu, sino también de la política. Sin embargo, al rechazar su verdad, de manera implícita afirmo que la mía es la válida y me acabo presentando yo también como el contenedor de la sabiduría universal y única…

No siempre busco convertir a la gente con mis rezos. A lo largo de estos días recé por la salud y tranquilidad profesional de mi amiga Erika, y por Liliana, quien en un mensaje de FB escribía que necesitaba mucha buena vibra, sin dar mayores detalles. A través de WhatsApp le platiqué que era parte de mis oraciones de esa semana. “Gracias, estaba aterrada”, me escribió, para luego contarme los detalles de la aventura en la que se embarcó y superó con éxito. ¿De qué forma contribuyeron mis pensamientos a su bienestar? ¿Hay algo o alguien afuera de mí que escucha todo esto y le hace caso? Varias veces, mientras mi voz suena al interior de mi mente, el recuerdo de una escena de Bruce Todopoderoso aparece de pronto, con el personaje de Jim Carrey, convertido en Dios, agobiado por los millones de plegarias que la humanidad lanza cada segundo. La otra duda que me aqueja es, si no dirijo mis plegarias a un dios en particular, ¿de cualquier forma habrá respuesta a mis peticiones? Me gusta pensar que sí, que, como dice el dicho, la intención es lo que cuenta y que, en su infinita bondad, Jehová, Alá, el Universo, Gaia o quien o lo que sea, sabrá escuchar el fondo de lo que digo.

*

La policía acaba de entrar a mi edificio. Era un grupo de cinco o seis hombres sin uniforme. Mientras Marjorie esperaba a que le abriera la puerta que da a la calle, el oficial de mayor rango le hizo varias preguntas: quiénes viven aquí, escucharon gritos o ruidos extraños ayer, por qué espera a que le abran. Desde anoche, los vecinos nos pidieron cerrar con llave, cosa que nunca se había hecho. Esta mañana, incluso, decidieron que además de la llave, había que bloquear la puerta con las trancas interiores. La puerta de la azotea, abierta de par en par regularmente, también está cerrada con llave y tranca desde hoy.

Es que perdimos una llave y en lo que hacemos duplicado, me dijeron ayer. Es que ya ve, los ladrones, pero ya en unos días volvemos a la normalidad, argumentaron después cuando intenté abrir desde afuera y encontré la entrada bloqueada. Es poco práctico que les tenga que tocar cada vez que quiera entrar, dije con firmeza y hasta un poco de violencia, olvidándome de mi paciencia ramadanezca. En esa segunda ocasión, una hora antes del encuentro con la policía, vi a un joven desconocido de traje deportivo azul eléctrico y una maleta de mano salir del garaje y deambular por los pasillos, todo frente a los ojos de la vecina. Cuando tendía la ropa en la azotea minutos después, ese mismo joven se introducía en el cuarto de servicio. Ni un hola o una explicación de su presencia. Cuando devolví la llave e informé del encuentro, la vecina se hizo la sorprendida.

El asunto me tiene en conflicto desde el inicio. Por un lado, la nueva logística empezó a generarme pensamientos negativos dirigidos a la familia S. Por otro, me justifico diciendo que, para empezar, las mentiras que nos han contado sobre los motivos de este nuevo protocolo de seguridad son poco ramadanezcas. La policía ha acabado su recorrido del edificio y una conversación altisonante tiene lugar en el piso de abajo. Parece que todo ha terminado. ¿Cómo?, no lo sé.

En mi última oración del día, incluyo al joven de traje deportivo azul eléctrico. No sé si sea víctima o victimario, pero eso no importa. Es mi prójimo y como tal merece que alguien lo incluya en sus plegarias. Si la policía se lo llevó, espero que sus derechos sean respetados y tenga un trato justo, sobre todo si es inocente. Y si escapó y es culpable, deseo que haga las personas a las que lastimó lo perdonen y él haga las paces consigo mismo. Termino con un padre nuestro, como está siendo costumbre, y me voy a la cama, agradecido además de que nunca me he tenido que esconder de la policía.

Y pues eso, que sigo aprendiendo cómo rezar.

Espacio de oración invadido por Mali. Foto: Alonso Pérez Fragua

Busca las crónicas de este proyecto lunes, miércoles y viernes en LADO B hasta finales de junio de 2018. Además, acércate a los materiales adicionales en Twitter e Instagram con los #MiRamadanLaico #MiVidaEnMarruecos

Instagram y Twitter: @fraguando

Podcast Ivoox: https://tinyurl.com/yccpbd6k

Oraciones laicas: https://tinyurl.com/y8pvwxv4

Lista de canciones en Spotify: https://tinyurl.com/yde69shc

Lista de videos en YouTube: https://tinyurl.com/yda9mm2l 

Alonso Pérez Fragua, gestor y periodista cultural poblano. Melómano y cinéfilo desde que tiene memoria; aprendiz de asuntos del arte desde los albores del siglo XXI. Desde enero de 2018 radica en Casablanca, Marruecos, donde vive su primer acercamiento a asuntos islámicos. Como gestor cultural ha trabajado en la Dirección de Espacios Culturales y Patrimonio Artístico de la UDLAP y como responsable de Exposiciones del IMACP, además de dirigir y fundar el despacho virtual Karakol Asesoría y Gestión Cultural. En medios ha colaborado con Lado B, La Jornada, Los Subterráneos, Radio BUAP, Puebla FM, Ibero 909 y Axocotzin Radio, entre otros. Autor del libro Melomanía (y otras rarezas): crónicas culturales del poblanishment (Fomento Editorial BUAP, 2017). Comunicólogo de formación, curioso de todo por vocación. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y maestrante en Comunicación y Medios Digitales, ambas por la UDLAP, posee un posgrado en Ciencias Antropológicas con área de concentración en Políticas Culturales y Gestión Cultural por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. Presidente y único miembro del club de fans del autor estadounidense A.J. Jacobs.

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