Mi ramadán laico: turismo ramadanezco

Mi ramadán laico: turismo ramadanezco

Alonso Pérez Fragua

@fraguando

#MiRamadanLaico #MiVidaEnMarruecos

 

23 ramadán 1439 A. H. (8 de junio de 2018 d.C.)

Estamos de mudanza. Marjorie cambia de empleo y, con ello, debemos dejar el departamento que era una prestación de la escuela en la que trabajó hasta hace una semana. Sin muchas cosas que mover, aprovechamos para ir a Marrakech el fin de semana pasado. Hemos salido poco de Casablanca, pero sabemos -porque así nos lo repiten vecinos, conocidos, extraños y hasta youtubers– que esta ciudad no es la más representativa de Marruecos.

A pesar de su encanto, Marrakech tampoco es, creo yo, la típica ciudad marroquí. A nivel arquitectónico ofrece el aspecto esperado de una ciudad de estas latitudes. Sus fachadas uniformes color ocre, su espectacular medina laberíntica que en cada callejón esconde un riad o algún otro tesoro; la Koutoubia, mezquita certificada como recinto de culto sustentable; la plaza Jamaa el fna, patrimonio de la humanidad según la UNESCO con sus músicos, encantadores de cobras, tatuadoras de henna, vendedores ambulantes, moto-taxis y puestos de comida; sus palacios, sus monumentos y sus jardines, todo en Marrakech es un deleite a los sentidos.

Sin embargo, como buen destino turístico, la población extranjera la obliga a cambiar sus usos y costumbres, especialmente durante ramadán. Indiferentes o ignorantes de lo que significa este mes santo, los turistas comen y beben a la vista de todo mundo en las terrazas de cafés y restaurantes desde tempranas horas de la mañana. Esto contrasta con lo que sucede en Casablanca donde, a excepción de las franquicias occidentales de fast-food, muy pocos establecimientos de comida ofrecen servicio antes de las 7 de la noche.

En ningún momento esperaría que un turista ayune al visitar un destino musulmán. Sin embargo, el mantenerse alejado de la vista y olfato de los que hacen ramadán me parece la más básica y simple muestra de respeto. En su viaje de luna de miel, mi amigo Christian visitó Emiratos Árabes durante este mes santo. “Nunca me obligaron, pero el valor e importancia que le dan a esta práctica hizo que no fumara ni tomara ni comiera frente a ellos. Imagínate, un calor horrible, asqueroso, ¡y yo sin poder fumar! Pero al segundo día ya estaba más que encantado de ver este proceso de respeto mutuo que se estableció”.

Lo que más nos impactó a Marjorie y a mí nada tuvo que ver con nicotina, H2O o carbohidratos. Acostumbrados a ver a nuestras vecinas con sus chilabas y sus velos o con algún otro tipo de túnica que las cubre de pies a cabeza, la visión de muslos, hombros y esternones femeninos al descubierto nos sorprendió. Y no es que nos hayamos vuelto los más ortodoxos de estas tierras, pero creemos que, como dice el dicho, a donde fueres, haz lo que vieres. El clima cálido se presta, claro está, para usar ropa ligera, pero hay de ligero a usar escote o mostrar la mariposa tatuada en la espalda baja… Lo sé, sueno como el viejo pendejo, pero insisto, es una cuestión de respeto.

Desde antes de visitar Marrakech, no pocas veces le oí decir a Marjorie que yo soy la primera en apoyar que, como parte del laicismo republicano, burkas, velos y cualquier otro símbolo religioso se reserve al espacio privado en Francia; al mismo tiempo, si decido vivir o visitar un país cuya religión de Estado es el islam, me tengo que atener a ciertas costumbres y códigos. Pero bueno, somos los viejos pendejos ortodoxos. Si la propia gente de Marrakech no dice nada, quiénes somos nosotros para contrariar al turismo.

*

El Corán indica que los viajeros quedan exentos del ayuno. Mi duda era si esta excepción se refería a toda la estancia fuera de casa o solo durante los traslados. Hace tiempo, los viajes se hacían bajo condiciones muy duras: caminos sinuosos y largas horas bajo el sol, por eso el permiso de no ayunar, me dice nuestra compañera de vagón hacia Marrakech. Hoy todos los viajeros mantienen el ayuno porque las condiciones son muy distintas y, una vez en sus destinos, igual deben ayunar.

Sábado y domingo desayuné y comí a la hora regular pues la experiencia me ha enseñado que mi cuerpo necesita un estómago lleno si se va a dedicar a algo más que escribir en la computadora y perseguir a Mali en la comodidad del hogar. La cena, eso sí, la hice hasta la caída del sol, la cual sucedió mientras íbamos en el tren en ambos trayectos. Rumbo a Casablanca, el espectáculo fue muy particular. No había un solo vagón que no tuviera dispuesto un banquete de iftar, la mayoría de ellos a partir de comida rápida comprada en la estación del tren. Y si alguien olvidó empacar o comprar alimentos al último momento, eso no importó. Unos minutos antes de la ruptura del ayuno a las 7:35, personal de la ONCF, empresa gubernamental que opera los trenes marroquíes, pasó a cada compartimento para regalarnos una bolsa con tres dátiles y una botella de agua de 300 mililitros.

Una vez terminada la cena, las tabletas y celulares se iluminaron de nuevo para hacer el binge-watching de la serie en turno, y las pláticas con el compañero o compañera de al lado continuaron. A las 9:09, el hombre frente a mí hacía su oración del ‘isha. Permaneció en su asiento todo el tiempo, pero se quitó las chanclas, como si estuviera reclinado sobre su tapete. Con las palmas al lado de sus orejas, inclinaba el torso hacia adelante; su frente, en lugar de acercarse al suelo, rozaba la superficie de la mesita de viaje. Su cabeza giraba a derecha e izquierda mientras recitaba sus oraciones. Y cuando terminó, las chanclas volvieron a sus pies.

Pues eso, que este viejo pendejo hizo un iftar a bordo de un tren.

Foto: Alonso Pérez Fragua
Foto: Alonso Pérez Fragua
Foto: Alonso Pérez Fragua
Foto: Alonso Pérez Fragua
Foto: Alonso Pérez Fragua
Foto: Alonso Pérez Fragua
Foto: Alonso Pérez Fragua
Foto: Alonso Pérez Fragua

Busca las crónicas de este proyecto lunes, miércoles y viernes en LADO B hasta finales de junio de 2018. Además, acércate a los materiales adicionales en Twitter e Instagram con los #MiRamadanLaico #MiVidaEnMarruecos

Instagram y Twitter: @fraguando

Podcast Ivoox: https://tinyurl.com/yccpbd6k

Oraciones laicas: https://tinyurl.com/y8pvwxv4

Lista de canciones en Spotify: https://tinyurl.com/yde69shc

Lista de videos en YouTube: https://tinyurl.com/yda9mm2l 

Alonso Pérez Fragua, gestor y periodista cultural poblano. Melómano y cinéfilo desde que tiene memoria; aprendiz de asuntos del arte desde los albores del siglo XXI. Desde enero de 2018 radica en Casablanca, Marruecos, donde vive su primer acercamiento a asuntos islámicos. Como gestor cultural ha trabajado en la Dirección de Espacios Culturales y Patrimonio Artístico de la UDLAP y como responsable de Exposiciones del IMACP, además de dirigir y fundar el despacho virtual Karakol Asesoría y Gestión Cultural. En medios ha colaborado con Lado B, La Jornada, Los Subterráneos, Radio BUAP, Puebla FM, Ibero 909 y Axocotzin Radio, entre otros. Autor del libro Melomanía (y otras rarezas): crónicas culturales del poblanishment (Fomento Editorial BUAP, 2017). Comunicólogo de formación, curioso de todo por vocación. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y maestrante en Comunicación y Medios Digitales, ambas por la UDLAP, posee un posgrado en Ciencias Antropológicas con área de concentración en Políticas Culturales y Gestión Cultural por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. Presidente y único miembro del club de fans del autor estadounidense A.J. Jacobs.

NO COMMENTS

Leave a Reply