Mi ramadán laico: la vida sigue

Mi ramadán laico: la vida sigue

Alonso Pérez Fragua

@fraguando

#MiRamadánLaico #MiVidaenMarruecos

6 shawwal 1439 A.H. (20 de junio de 2018 d.C.)

Al primero lo vi saliendo del mercado Badr. Al segundo, una cuadra antes de llegar a nuestro nuevo edificio. Ambos tenían la mirada perdida, las ropas sucias y las ilusiones rotas. La figura es trillada, exagerada; moralina, incluso. Creo que a ninguno de los dos les importará: la “mona” los tiene en un estado tal que poco saben del mundo. Empujaba a Mali en la carriola y en ningún momento tuve miedo. Sospecho que no nos vieron, concentrados en conseguir más dirhams para monearse esta noche. Dulces sueños y hasta mañana.

En otro momento y lugar las preguntas que me haría serían sobre las circunstancias que rodean a alguien que busca perderse de esa forma. Aquí y ahora, mi reflexión tiene que ver con, ¡oh, sorpresa!, ramadán. ¿Son estos los pobres a los que nos acerca la experiencia del ayuno del mes santo?, ¿hay punto de comparación entre lo que viven ellos y mi experiencia o la de su vecino musulmán? ¿Alguna vez ayunaron voluntariamente? ¿Supieron que, hasta hace unos días, podrían haber cenado cada noche gratis en alguna de las decenas de carpas de asociaciones o colectivos que había por toda Casablanca? Sospecho que no en todos los casos.

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La mudanza fue más complicada de lo que pensábamos. Aunque el movimiento fue dentro de la misma ciudad, resulta que tenemos más cosas de las que creíamos y de las que nos gustaría tener. Como cualquier mudanza, nos ha agotado. Estamos ahora en un departamento de una sola habitación (que se agandalló Mali) en el céntrico barrio de Mer Sultan. Atrás quedaron Aïn Chock, Hay El Ousra y la imagen más ortodoxa con la que me recibió Marruecos en enero. Aquí, las culturas que habitan el país se mezclan a cada cuadra. Nuestra Señora de Lourdes, la iglesia católica donde se reúne la comunidad subsahariana cada domingo, muestra su fachada a la rotonda de Europa, punto donde confluyen el Boulevard Mohamed Zerktouni y el Boulevard de La Resistencia, cuyo nombre alude al pasado colonial, ya sea en referencia a la Francia de la Segunda Guerra o, quizá de forma más precisa, a la gesta del propio Zerktouni. Aficionado al futbol y pieza clave de la independencia marroquí, luego de colocar una bomba en el mercado central de Casablanca y matar a 19 colonos, el considerado mártir nacional es arrestado el 18 de junio de 1954 y, para no divulgar información sobre el movimiento insurgente, se suicida con una cápsula de cianuro.

En medio de este nuevo espacio, las preguntas y reflexiones se agolpan en mi mente. La primera tiene que ver con las mujeres. ¿Será por el inicio inminente del verano y el fin del mes santo que los atuendos femeninos no esconden ya las formas que hay debajo?, ¿o es que luego de reprimir pensamientos y actos sexuales cualquier cosa hace reaccionar mis hormonas? Comparto la duda con Marjorie, temiendo por el bienestar de mi hombro o mi nuca. Sin embargo, me dice tranquila, pues claro Alonso, es el barrio. Ya no estamos en Aïn Chock. Aquí las mujeres no usan burkas o nicab, hay menos velo en general. Le doy la razón: estamos más cerca de París que de El Cairo. 

Entonces, ¿cómo se visten estas mujeres durante ramadán?, ¿cubren sus hombros y buscan ocultar su piel a la vista de los demás? De mis nuevas vecinas no puedo hablar, pero sí de otras mujeres con las que he tratado. Durante todo el año visten a la occidental y solo sacan sus chilabas y caftanes durante el mes bendito. Dudo que estas prendas las acerque a dios, pero sí a sus raíces. Y si su cultura está irremediablemente ligada a la religión, al final estarán más cerca de Alá, al menos durante 29 o 30 días.

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Mohammed es cineasta. Lo conocí el domingo, Día del padre, mientras visitábamos Dar Bouazza, ciudad costera que sirve de comunidad de descanso para los residentes de Casablanca. Me compartió su visión sobre política y religión, temas siempre difíciles de abordar, sobre todo con alguien que se acaba de conocer. En Marruecos, además, he notado que se tocan poco de forma abierta. Nos faltaría hablar de futbol para contravenir todo lo que las abuelas indican que es de mala educación discutir. A pesar del ambiente mundialista, no lo hacemos. 

Después de la adolescencia tuve una etapa de duda, me dijo a los pocos minutos de sentarnos a su lado en un café a cien metros de la playa. Fui ateo por 12 o 13 años. Eran los setentas, la época del comunismo, de las ideas revolucionarias. Viví en Italia ese tiempo y trabajé como extra en distintas películas con Marcelo y Sofía, con la Cardinale. Durante un ramadán regresé aquí, a Dar Bouazza, a casa de mis papás. Había dos niñas que ayudaban en el restaurante de mi familia. No pasaban de los 12 años. Flacas ambas. Iban a ayunar. Entonces me dije, ¿cómo ellas, así de raquíticas, van ayunar y yo no? Ayuné entonces, no por fe sino para mostrarles y demostrarme que podía dominar una vez más mi cuerpo.

A mí no me interesa convertirte, continuó. Lo que tú creas o no me da igual. Lo que a mí me gusta del islam son sus beneficios materiales. La parte espiritual sabes si la crees o no, pero para cada uno de los cinco pilares vas a encontrar aspectos prácticos indiscutibles. Las cinco oraciones del día exigen que hagas tus abluciones, que te laves cinco veces. Qué fabuloso que una religión te pida estar limpio, ¿no crees? Además, al menos esas cinco veces, tu cuerpo se va a mover. Los movimientos que marca la oración son muy específicos. Y, para terminar, hasta tu cuello se estira cuando volteas a derecha e izquierda para decir assalamou’ alaikoum wa rahmatoullah, que la paz y las bendiciones de dios caigan sobre ti.

La limosna obligatoria te ayuda a desprenderte de las cosas, a no preocuparte por las posesiones terrenales y, por tanto, a relajarte si un día un incendio te arrebata todo lo que tienes; el ayuno es bueno para la salud y para aprender a dominar tus impulsos y todo tu ser. Y qué me dices de la peregrinación a la Meca: estamos hablando de viajar, y viajar siempre es bueno, te enseña cosas nuevas.

Me gusta la forma en que este Mohammed explica los pilares de su religión. Mientras lo escucho, pienso que ese tipo de conexión entre lo material y lo espiritual es lo que quería encontrar con mi ramadán laico. Aunque tuve casi un mes para prepararme, la realidad es que el tiempo se me vino encima. Cuando el sol del primer día de ramadán apareció, yo seguía sin tener listas muchas cosas. Así, muchos de estos cruces entre lo meramente práctico y lo estrictamente espiritual no los vi.

Es hora de comer y de estar solos, en familia. Nos despedimos y agradezco el haber conocido a Mohammed, no solo por la plática amena sino por darle orden a mis ideas y hacer un resumen de mi proyecto.

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Es mediodía y debería estar comiendo. Sin embargo, Malinali no deja de mover todo lo que acabo de acomodar en el nuevo departamento. El castigo de Sísifo en su versión postmoderna. Le preparo la comida y sigo limpiando todo a mi alrededor. No tengo un solo segundo de descanso. Cuando finalmente termino, como poco. Desde que terminó ramadán, casi a diario tengo la “tentación” de ayunar. ¿La causa? No la tengo clara. Quizá es para seguirme probando que lo puedo hacer, que sí soy capaz de gobernar mi cuerpo. Aún estoy lejos de caminar sobre brazas de fuego ardiendo, pero la próxima vez que me plantee un reto, podré recordar esta experiencia como aliciente para alcanzar la meta.

Sigo pensando que el ayuno de ramadán, actualmente y como lo viví, puede ser poco saludable. En todo el mes el verde estuvo ausente de mi plato. No sé cómo será fuera de Marruecos o incluso en ciudades distintas a Casablanca, pero, si bien agradezco la hospitalidad y sazón de las familias y asociaciones que nos acogieron varias noches para estas cenas, mi estómago hubiera agradecido un poco menos de grasas y almidones y un poco más de vitaminas. De acuerdo con la tradición, el Profeta rompía el ayuno solo con un sorbo de agua y un par de dátiles. Por las lecturas y videos que consulté, muchos musulmanes han olvidado esto, transformando el iftar en una práctica cultural más que religiosa.

Comparan sus beneficios a los del ayuno intermitente, aunque olvidan que éste no implica alteraciones al ciclo de sueño. No solo porque tu cuerpo necesita energía, sino porque el propio Profeta así lo instruyó, el suhur te saca de la cama a eso de las 3 de la madrugada y, salvo valientes excepciones, duermes de nuevo una hora después. Dos, tres, cuatro horas más tarde, inicias tu jornada. Poniendo a un lado la alteración digestiva que esto provoca, un mes de interrumpir el descanso de esta forma puede tener consecuencias.

¿Recomiendo entonces el ayuno? Sí. Te enseña mucho sobre ti mismo, como ya me lo había compartido Carlos. El privarte de alimentos por algunas horas es algo posible y no te manda al hospital. Si a eso agregas una convicción religiosa o no, es tu decisión.

Mi amigo René, por ejemplo, lo hizo por salud. Una vez durante nueve días solo tomé jugos verdes y esas jaladas, me cuenta a través de un mensaje de WhatsApp. Nada sólido, y de verdad cambió mi forma de relacionarme con la comida. Ahora entiendo que para mí la comida es un acto de amor. Por eso es tan importante el comer para mí. No importa si es una vez en el día o en el puesto de la esquina, me gusta darle su lugar a lo que como. Es una especie de comunión, aunque se oiga exagerado.

Y sí, suena exagerado, pero así fue para nosotros. Piensas y sientes diferente la comida. Y si no nos creen, inténtenlo.

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¿Qué significó mi ramadán laico? El ramadán en general no es solo privarse de cosas. Es llenarse de amor, de amigos, de tranquilidad, de conocimientos y experiencias. Si no fuera por este proyecto, no habría mantenido contacto con mucha gente en México que, al enterarse de esta odisea, pegaba en mi muro de FB artículos diversos sobre el tema, me sugería temas para una próxima crónica o me comentaba la anterior. En algún momento dije que para un musulmán es más fácil porque tiene el apoyo de su familia y de toda una cultura. Yo obtuve ese apoyo de Marjorie y Mali y mis padres, pero también de Virginia, de Pepe y Toño, de René, Poncho, el otro Pepe (siempre tenemos más de uno en nuestro círculo), Arely, Marce, Idalia, Christian, Gaby y un largo etcétera.

Me considero un ser político. El seguir las campañas presidenciales a la distancia fue difícil. Sin embargo, por un mes me liberé de esa angustia al no revisar redes sociales ni noticias. No creo que lo mejor sea la ignorancia o la desinformación, pero el descansar de los debates, de los ataques, de las simulaciones, del clasicismo de unxs y la intolerancia de otrxs, me ayudó a hacer esta distancia más llevadera.

¿Habrán servido mis oraciones pidiendo elecciones limpias y en tranquilidad, y líderes que trabajen por el bien de la gente? El primero de julio lo sabremos, pero me queda claro que por mucho pensamiento positivo que le metamos al asunto, las cosas no suceden por arte de magia. Ojalá que todo salga bien.

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Mi ramadán laico terminó el 14 de junio, pero el aprendizaje y la reflexión continúan para mí y mi familia. Aunque fui el único implicado directamente en el proyecto, Marjorie y Malinali fueron testigos junto conmigo de la solidaridad musulmana. Vieron, igual que yo, una cara distinta de esa religión que en México y en occidente en general, se reduce al terrorismo y a la sumisión de la mujer.

Hay terroristas que reivindican una interpretación particular del Corán, claro, de la misma forma que hay mexicanos que todos los días matan y desaparecen a otros mexicanos. Hay musulmanes en muchos países que reducen a sus esposas a amas de casa y a fábricas de niños, sí, de la misma forma que hay hombres católicos, protestantes, agnósticos y ateos violando, golpeando y acosando mujeres en distintas partes del mundo.

Pero hay también musulmanes que cada noche de ramadán ofrecen iftares a los necesitados de su comunidad, feministas con velo como Asma Lamrabet que luchan por cambiar la situación de la mujer en Marruecos, y musulmanes críticos con su religión, pero firmes en su fe, en su amor al prójimo y en sus ganas de ofrecer lo mejor de sí durante ramadán y cada uno de los días del año.

Aún me falta mucho por aprender de Marruecos y del islam, pero me quedan claras dos cosas. La primera, que nos falta mucha más curiosidad por conocer al otro, cualquier que éste sea, y superar los estereotipos que nuestras propias culturas nos han enseñado a reproducir; los clichés se basan en la realidad, pero no son toda la realidad. Y la segunda, que ni las religiones ni sus textos son la solución, pero tampoco el problema: somos las personas las que decidimos ayudar o voltear la mirada, hablar o callar.

Y pues eso, que ramadán terminó, pero la vida sigue.

Adiós Aïn Chock
Foto: Alonso Fragua
Hola rotonda de Europa y Nuestra Señora de Lourdes
Foto: Alonso Fragua

Mi ramadán laico llega a su fin con esta crónica, pero aún puedes acércate a los materiales adicionales en Twitter e Instagram con los HT #MiRamadanLaico #MiVidaEnMarruecos

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Alonso Pérez Fragua, gestor y periodista cultural poblano. Melómano y cinéfilo desde que tiene memoria; aprendiz de asuntos del arte desde los albores del siglo XXI. Desde enero de 2018 radica en Casablanca, Marruecos, donde vive su primer acercamiento a asuntos islámicos. Como gestor cultural ha trabajado en la Dirección de Espacios Culturales y Patrimonio Artístico de la UDLAP y como responsable de Exposiciones del IMACP, además de dirigir y fundar el despacho virtual Karakol Asesoría y Gestión Cultural. En medios ha colaborado con Lado B, La Jornada, Los Subterráneos, Radio BUAP, Puebla FM, Ibero 909 y Axocotzin Radio, entre otros. Autor del libro Melomanía (y otras rarezas): crónicas culturales del poblanishment (Fomento Editorial BUAP, 2017). Comunicólogo de formación, curioso de todo por vocación. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y maestrante en Comunicación y Medios Digitales, ambas por la UDLAP, posee un posgrado en Ciencias Antropológicas con área de concentración en Políticas Culturales y Gestión Cultural por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. Presidente y único miembro del club de fans del autor estadounidense A.J. Jacobs.

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