Mi ramadán laico: Cliché

Mi ramadán laico: Cliché

Alonso Pérez Fragua

@fraguando

#MiRamadanLaico #MiVidaEnMarruecos

 

20 ramadán 1439 A. H. (5 de junio de 2018 d.C.)

Pimpón es un muñeco, muy guapo y de cartón. Se lava la carita con agua y con jabón. Se desenreda el pelo con peine de marfil, y cuando se da tirones no llora ni hace así, ¡ahora los dos juntos! A Malinali no le importan ni Pimpón, ni mi angelical voz, ni mi coreografía que sería la envidia de los Backstreet Boys y Tatiana juntos. A ella solo le importa meter sus pies con todo y calcetines en el chorro de agua que sale de la llave del lavabo. Hoy cumple 20 meses. Y sí, lo voy a decir: ¡cómo pasa el tiempo!

Durante los cuatro meses que ella y Marjorie estuvieron solas en Casablanca, viví dos momentos que, de manera extraña, me hicieron sentir que el tenerlas lejos era lo mejor: el feminicidio de Mara Castilla y el sismo del 19 de septiembre. Los fenómenos naturales generan muerte y destrucción, pero son incontrolables e impredecibles. El asesinato y la violación de otro ser humano son de una naturaleza muy distinta, diabólica incluso, que sigo sin comprender y que poco a poco minan el espíritu.

Aun hoy, leer una nota más que registra otro feminicidio u otro caso de mujer desaparecida en cualquier parte de México o de Puebla en particular, refuerza nuestra decisión de estar a casi 9 mil kilómetros de distancia de esa ciudad y ese país donde viví por más de tres décadas y que vieron nacer a mi hija. Y aunque entiendo ciertas preguntas y actitudes que puedan surgir cuando digo que vivo en un país musulmán, ante un panorama como el anterior hay conversaciones que me sorprenden.

Hace dos semanas, con el objetivo de difundir y obtener comentarios sobre este proyecto, envié la carpeta de prensa a diversas personas vinculadas a la escena cultural mexicana. La falta de respuesta en estos casos es algo a lo que me he acostumbrado. Por eso, la llegada del correo de una periodista del Estado de México fue ya un hecho extraordinario. El contenido preciso de su mensaje fue aún más extraño:

Ups, voy a ser franca, como mujer no me agrada el islam. Ni el catolicismo que me fue impuesto. Espero tu comprensión.

Atentamente: A.

Freud y mi mente quisieron que leyera “espero tus comentarios” en lugar de “espero tu comprensión”, por lo que, tan pronto pude, le escribí comenzando por esto: “Voy a ser franco: no me esperaba este tipo de respuesta”. Entiendo tu posición, le dije. Yo también llegué a Marruecos con el estereotipo de un islam patriarcal. Sin embargo, basado en un par de documentales y mi lectura de Creyentes y feministas. Otra mirada sobre las religiones, de Asma Lamrabet, le argumenté que la sumisión de la mujer no es exclusiva del islam, pero sí es, en definitiva, la que se explota más a nivel mediático desde el occidente como una forma de desacreditar a la religión de más rápido crecimiento en el mundo.

De acuerdo con Lamrabet, así como sucede con otras religiones, la escritura y/o interpretación de los textos sagrados o canónicos en el islam viene de la mano de hombres en su gran mayoría. Sin embargo, el Corán significó una revolución en cuanto a la posición de la mujer en la sociedad árabe del siglo VII, pugnando por una igualdad entre hombre y mujer que la autora defiende a través del análisis de diversos fragmentos del libro sagrado musulmán.

De 6 mil 233 versículos que contiene el texto, las interpretaciones a favor de una sumisión de la mujer se concentran en seis que, acepta, por su ambigüedad, se prestan a confusión y son usados en distintos países para crear leyes poco favorables a la mujer, olvidándose de todos los demás que demuestran un espíritu igualitario. Por ejemplo, todos los versículos que impulsan a la mujer a la participación social y política, o aquel donde, a diferencia del Antiguo Testamento de la Biblia, el diablo engaña a Eva y a Adán de la expulsión del Paraíso, repartiendo así la culpa y no condenando a todo un género.

Hay mucha tela de donde cortar y es cierto que los derechos humanos en general, y de la mujer en particular, son temas de discusión constante en el mundo arabo-musulmán. Marruecos no es la excepción. Para muestra, un interesante título, Palabra de honor, reportaje novelado con formato de cómic escrito por Leïla Slimani e ilustrado por Laetitia Coryn. En él, Slimani pone el dedo en la llaga de la problemática que viven las mujeres en el país magrebí: desde el estigma que puede sufrir una mujer soltera y sus dificultades para rentar un departamento ella sola, hasta la violencia física y emocional a la que puede estar sujeta, pasando por la prostitución y la homosexualidad, realidades invisibilizadas para dar una imagen positiva de un país inexistente, argumenta la autora.

Entiendo entonces el mensaje de A. Sin embargo, debo confesar que me parece una actitud que no contribuye a nada. En un segundo correo, le escribo: “Nunca imaginé vivir en un país musulmán, pero ya que estoy aquí, me parece importante entender lo mejor posible y desde las herramientas y metodologías que conozco, cuál es la experiencia de su gente, y la religión es un componente muy importante. Soy crítico ante el islam, como lo soy del catolicismo y lo puedo ser de cualquier otra religión con la que me tope, pero al final es importante, desde mi perspectiva, conocer todas las experiencias posibles.

“Yo no voy a cambiar lo que crean o hagan musulmanes o católicos, y si me niego a acercarme a estas creencias me estoy perdiendo la oportunidad de conocer a las personas que están debajo de estas creencias”. Luego de este mensaje, no escuché más de ella.

Respeto el silencio de A. pero, insisto, no le veo utilidad. Los textos y documentales que he consultado me confirman una cosa: el problema no son las religiones ni sus textos, sino las personas. Así de simple. Machos, asesinos, violadores y retrógrados hay en todas partes y en todas las épocas, aunque es cierto que determinados contextos se prestan más fácilmente a determinadas situaciones. Las siete mujeres asesinadas en México cada día no me dejan mentir.

*

Los correos de A. y su posterior silencio me mantienen inquieto. Como en otros momentos, busco la opinión de Toño, mi amigo que vive en Australia y quien ha estudiado el tema del islam y la destrucción del patrimonio por parte de ISIS. Si esto fuera una película, Marjorie sería productora general por sus contribuciones creativas y logísticas, y productora ejecutiva por aquello del financiamiento; mientras que Toño sería algo así como Primer asesor u otro título elegante que se acostumbra en esos menesteres. Antes de comentar sobre el tema, abre con algunas anécdotas de un viaje que realizó con su esposa a Jordania, país que mira que es súper laxo en estas cosas, no como Arabia Saudita o los Emiratos, dice.   

A pesar de esta laxidad, en los restaurantes, los meseros le tomaban la orden solo a él, mientras a ella la ignoraban. Además, debía usar velo y caminar atrás de él. El momento más incómodo fue tal vez cuando el viento, ¡oh impío!, le desacomodó el velo y un hombre que caminaba en dirección contraria a ellos, señalando de forma violenta a esa mujer que exponía su desnudez capilar, le hizo entender a Toño que debía, al instante, poner fin a esa escena impúdica.

“Entiendo entonces que esta periodista, mexicana, te haya escrito lo que te escribió, pero también creo que hay una miopía tremenda al reducir toda una religión a su relación con la mujer. ¡Hay mucho más que eso! En general, me parece que hay toda una reticencia de los latinoamericanos por acercarse al islam. En México, los árabes que emigraron en su mayoría eran cristianos maronitas de Líbano, los cuales se adaptaron fácilmente a comer cerdo y beber alcohol, por ejemplo.

“Pero también veo una falta de curiosidad por conocer al otro. Me refiero no solo a musulmanes, sino a otras culturas como los aborígenes en Australia o en Papúa Nueva Guinea. Tengo esta sensación de que en México seguimos pensando que ya tenemos bastante con las culturas que los españoles destruyeron y por eso ya no tenemos que ver hacia afuera; somo lo suficientemente globales porque los gringos nos visitan. Además, nuestros orígenes están en Europa, ¿o no? Entonces, en cuanto escuchamos islam decimos, ay, sabes, no estoy preparado para entenderlo”.

No solo en México veo una falta de curiosidad por conocer al otro. En mi contacto con franceses lo noto también. Franco-franceses que saben que sus vecinos y colegas son musulmanes y celebran ramadán, pero que creen que todo se reduce a no comer ni tomar agua, cosa que además encuentran inútil, irresponsable, peligrosa y otros adjetivos del estilo. ¿Por qué lo hacen? No les importa. Son los otros, los que llegaron a su país a trastornar su dinámica de vida europea, inamovible. Porque, claro, su cultura nunca se ha mezclado, tiene un origen único, dicen mientras comen un kebab y hacen planes para visitar las ruinas romanas de Nimes durante el weekend. ¡Por Tutatis, qué puros que somos!

Y no digo que todo mundo haga su ramadán laico, pero el ver más allá de clichés y ponerse en los zapatos del otros siempre ayuda. Y si con esta experiencia que comparto a través de estas líneas contribuyo un poco a todo esto, mi trabajo está hecho.

Y pues eso, que los clichés tienen algo de verdad, pero no son toda la verdad.

Con velo y sin velo. Foto: Alonso Pérez Fragua

Busca las crónicas de este proyecto lunes, miércoles y viernes en LADO B hasta finales de junio de 2018. Además, acércate a los materiales adicionales en Twitter e Instagram con los #MiRamadanLaico #MiVidaEnMarruecos

Instagram y Twitter: @fraguando

Podcast Ivoox: https://tinyurl.com/yccpbd6k

Oraciones laicas: https://tinyurl.com/y8pvwxv4

Lista de canciones en Spotify: https://tinyurl.com/yde69shc

Lista de videos en YouTube: https://tinyurl.com/yda9mm2l 

Alonso Pérez Fragua, gestor y periodista cultural poblano. Melómano y cinéfilo desde que tiene memoria; aprendiz de asuntos del arte desde los albores del siglo XXI. Desde enero de 2018 radica en Casablanca, Marruecos, donde vive su primer acercamiento a asuntos islámicos. Como gestor cultural ha trabajado en la Dirección de Espacios Culturales y Patrimonio Artístico de la UDLAP y como responsable de Exposiciones del IMACP, además de dirigir y fundar el despacho virtual Karakol Asesoría y Gestión Cultural. En medios ha colaborado con Lado B, La Jornada, Los Subterráneos, Radio BUAP, Puebla FM, Ibero 909 y Axocotzin Radio, entre otros. Autor del libro Melomanía (y otras rarezas): crónicas culturales del poblanishment (Fomento Editorial BUAP, 2017). Comunicólogo de formación, curioso de todo por vocación. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y maestrante en Comunicación y Medios Digitales, ambas por la UDLAP, posee un posgrado en Ciencias Antropológicas con área de concentración en Políticas Culturales y Gestión Cultural por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. Presidente y único miembro del club de fans del autor estadounidense A.J. Jacobs.

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