Las instituciones educativas frente a la nueva ecología del aprendizaje

Las instituciones educativas frente a la nueva ecología del aprendizaje

Mtra. Marisol Aguilar Mier

Nuestro mundo actual es muy diferente al de hace apenas unas décadas. Debido a las revoluciones tecnológicas que han tenido lugar en los últimos tiempos, se han reconfigurado los diferentes sistemas, generando cambios en los colectivos, los entornos, las interacciones y las dinámicas sociales. Ejemplo de ello es que hoy en día resulta casi imposible imaginar el trabajo, la gestión, los negocios, las compras, los medios de comunicación, las relaciones interpersonales, los sistemas económicos, la política, las instituciones educativas y hasta las actividades recreativas y de ocio, sin Internet, las redes sociales, los sistemas de información y comunicación o las plataformas virtuales de aprendizaje.

Se habla de “sociedades del conocimiento”, “sociedades digitales”, “sociedades en red” a aquellas en las que la información se genera y produce con un aceleramiento sin precedentes cambiando la manera en la que se busca, se trasmite, se comparte información y se intercambian y construyen conocimientos. Sin duda alguna, esto nos demanda un conjunto de competencias digitales para desenvolvernos en un entorno cuya principal constante es el cambio. Éstas -de acuerdo con la UNESCO- facilitan el uso de los dispositivos digitales, las aplicaciones de la comunicación y las redes para acceder a la información y llevar a cabo una mejor gestión, permitiendo crear e intercambiar contenidos digitales, comunicar y colaborar, así como dar solución a los problemas con miras al alcanzar un desarrollo eficaz y creativo en la vida, el trabajo y las actividades sociales en general.

Audrey Azoulay, directora general de dicho organismo internacional, afirma: “en nuestro mundo cada vez más conectado, las competencias digitales son un requisito previo para la inclusión económica y social…necesitamos políticas innovadoras e inversiones para colmar la brecha digital, dotar a todos los educandos de competencias digitales y aumentar considerablemente las oportunidades para adquirir estas competencias a lo largo de toda la vida”.

Ahora bien, ante este escenario cabe preguntarse, las instituciones educativas ¿qué tan rápida y acertadamente están logrando replantearse a sí mismas para prepararse, anticipar los cambios y actuar frente a ellos?; los docentes ¿están capacitados para desarrollar las competencias digitales y contribuir de manera sustancial a la formación de los nuevos ciudadanos y profesionistas que estas sociedades necesitan? Los sistemas educativos tal como están configurados ¿ofrecen a las personas las herramientas para afrontar estos desafíos?

Aunque son muchas y muy variadas las respuestas que podemos aventurar, queda claro que el futuro nos está ganando y no hemos terminado de comprender que la educación requiere un cambio radical: nuevas maneras de entender el rol del alumno y del docente, nuevas experiencias de aprendizaje y colaboración entre pares, nuevas formas de revestir y acondicionar las aulas, nuevas estrategias para integrar las TIC a los procesos educativos, nuevos  modelos de gestión escolar…en suma, nuevos entornos educativos.

La visión del aprendizaje como un fenómeno individual y lineal que sólo ocurre durante la vida escolar es ya totalmente caduca. El reconocido académico César Coll afirma que “se ha producido un cambio en las últimas dos o tres décadas en prácticamente todos los parámetros del aprendizaje humano: dónde aprendemos, cuándo, con quién y de quién, cómo, qué e incluso para qué aprendemos”. Evidentemente este cambio impacta en las escuelas que antes eran los únicos espacios donde sucedía el aprendizaje de contenidos social y culturalmente relevantes, pues –siguiendo con el autor-  “cada vez más aprendemos en un amplio abanico de contextos de actividad y en interacción con una diversidad de actores y agentes educativos”. Es por ello que el aprendizaje se mira ahora como un proceso dinámico, complejo y recurrente que sucede a lo largo de la vida, tanto en las aulas, pero principalmente fuera de ellas, en esquemas que, gracias a las TIC, incluso rompen las barreras del tiempo y el espacio. De este modo, adquiere un carácter activo y situado y se genera y construye socialmente como parte y producto de la actividad, del contexto y de la cultura en la que se desarrolla y utiliza.

Bajo estas lógicas, la manera de concebir a la educación debe ampliarse para revolucionar a las instituciones educativas orientándose hacia la búsqueda de prácticas innovadoras que realmente posibiliten que los alumnos logren la aplicación de lo aprendido, trabajen colaborativamente, reflexionen, analicen, tomen decisiones y resuelvan problemas, apoyándose en los ilimitados usos de las TIC para potenciar estos procesos.

Se dice que cuando se busca un cambio hay que empezar por dejar de hacer lo mismo y buscar alternativas que generen un resultado distinto. En este sentido, es tiempo de innovar y modificar concepciones y actitudes, transformar métodos e intervenciones y mejorar así, los escenarios, las prácticas educativas, la enseñanza y el aprendizaje.

Las instituciones educativas deben dar un giro de 180 grados para invertir buena parte de sus recursos y esfuerzos en lograr procesos educativos innovadores que efectivamente respondan a la nueva ecología del aprendizaje. Ello implica reconocer que el uso de las TIC demanda un cambio en los paradigmas educativos vigentes en el que es preciso romper viejas estructuras y aventurarse hacia otras vías resignificando el sentido de las prácticas educativas soportadas en la tecnología para aprovechar al máximo su enorme potencial. 

La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

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