Hereditary: una nueva etapa en el cine de horror actual

Hereditary: una nueva etapa en el cine de horror actual

Héctor Jesús Cristino Lucas

De un tiempo para acá se ha venido haciendo costumbre, entre la crítica especializada y la comunidad de fans, nombrar cada año a la mejor película de horror por excelencia tras su estreno o relevancia.

Por ejemplo, en 2015 el título a la mejor película se la llevó el film independiente de David Robert Michell, It Follows, como un horror inspirado al cine de John Carpenter.

Para 2016 el título pasó a la aterradoramente atmosférica The Witch del debutante Robert Eggers.

Mientras que para 2017, la película de la Blumhouse Productions, Get Out de Jordan Peele, fue considerada como una pieza única en el género, ganadora incluso de un Galardón de la Academia a Mejor Guión Original.

Sin embargo, tras su estreno también es común que una poderosa campaña de marketing les acompaña atribuyéndoles títulos de lo más exagerados o atrevidos que no sólo molestan al público, sino que también lo predisponen.

Cuando la cinta francesa de Julia Ducournau, Raw, fue estrenada en diversos festivales allá por el 2017, tanto la crítica como los sitios especializados en el género comenzaron a llamarla como “Uno de los films más violentos de la última década”. Y aunque mucho en su manufactura era una poesía malsana de violencia y horror sublime como pocas en la actualidad, lo cierto es que este tipo de publicidad presuntuosa manchó la verdadera esencia de la película. No todo en el film es morbo. No todo en el film es sangre.     

Pasó también cuando la cinta austriaca de Veronika Franz y Severin Fiala, Goodnight Mommy, fue nombrada por muchos como “La The Shining de nuestro siglo”. Y pasa ahora cuando la película de Ari Aster, la polémica Hereditary que se ha vuelto la pieza de horror del año, fue nombrada por el crítico Joshua Rothkoff de la revista Time Out New York:

“Como el exorcista de esta generación, sólo que con las cabezas girando más salvajemente”.

Sin afán de caer en los molestos trucos de marketing diré que Hereditary no es un film de horror más. Es uno nuevo. Uno que intenta devolverle el respeto a un género que prácticamente ha ido decayendo en la última década. Y esto no es para exageración. Pasa que una de las productoras detrás de la película es nada menos que la casa cinematográfica A24 Films, que ha optado por financiar productos pequeños per significativos a los que se incluyen filmes tan galardonados como Lady Bird de Greta Gerwing o la ganadora a Mejor Película 2017: Moonlight de Barry Jenkins.

Sin embargo, en el campo del horror, prácticamente lo ha estado innovando con cada una de sus películas. No sólo fue pieza angular del éxito rotundo de piezas como The Witch en 2016 sino también parte importante de la creación de filmes psicológicos de talla Night Shyamalan con Split en 2017.

Mucho del horror tanto financiado como distribuido de la productora A24, no sólo es sinónimo inmediato de innovación y estilo único en el género, sino también una oportunidad para jóvenes talentos que debutan con filmes modestos pero de calidad envidiable. Y no tiene que ver con sus presuntuosas campañas publicitarias, sino con el enorme cambio que existe a partir de este horror, con base en su argumento y el básico susto repentino del The Conjuring o el Paranormal Activity hollywoodense.

El horror que nace en la productora A24, junto a varios productos de la galardonada Blumhouse Productions, son probablemente la evolución considerable que necesitaba el horror para producir nuevas y mejoradas experiencias. Estas películas no sólo son el parteaguas de alternativos productos que apuestan a lo innombrable, a lo tabú, a lo desinhibido, sino también piezas de culto obligadas para todos los entendidos del género. 

En el caso de Hereditary, que tanto ha llamado la atención en los últimos meses, nos encontraremos con esa calidad, con esa maestría. Con un nuevo concepto de horror que no habita en aburridos Screamers o en violencia gráfica desorbitante, sino en una historia sencilla pero más que efectiva. Su director, Ari Aster, puede ser nombrado a partir de ahora como una de las promesas más interesantes del género, junto a otros como Jordan Peele o la misma Julia Ducournau, que también han alcanzado este título.

Hereditary no es más que una deliciosa carta de amor al horror atmosférico. A ese horror malsano que aterraba a través del suspenso y el misterio de una historia muy bien armada. De aquella incertidumbre nacida entre las barreras de lo psicológico y sobrenatural, perdida en filmes como lo fueron alguna vez el The Sixth Sense de Night Shyamalan y el Rosemary’s Baby de Roman Polanski. O mejor aún, en libros que gestaron este interesante juego de thriller psicológico y horror como la Otra vuelta de tuerca de Henry James. 

Es apacible y silenciosa, pero escandaliza con una violencia exquisita a través de sus detalles. Sólo y únicamente a través de sus detalles. La violencia no es gratuita, aunque no teme presentarse cuando sea necesario y gran parte del horror que habita aquí radica en lo que no sabemos y en lo que difícilmente veremos. Además, por supuesto, de un correcto desarrollo de personajes y un desenvolvimiento de diálogos que abruman y hasta tensan.

La atmósfera de sus escenarios son prácticamente un personaje más. Actúan de manera eficiente y ayudan a la hora de transmitir cierto horror que no sólo queda en los tópicos más comunes del género, sino que también muda a otras perspectivas, como la mental y hasta la humana. Porque si hay que ser sincero, el principal horror que se vive en esta película no es el fantasmagórico, sino aquel que se ha humanizado con tragedia y hasta cotidianidad.

No necesitamos de las típicas casas embrujadas, ni de espíritus inmundos con rostros aterradores. Lo que se necesita es experimentar el dolor y la culpa tras la pérdida de un ser amado y el vacío inquietante, deprimente, que muchas veces nos deja esa experiencia y la impotencia de querer cambiarlo. Hereditary es la mancuerna correcta entre el thriller y el horror, pues juega con cada uno de sus elementos sin necesidad de volverla descafeinada y hasta predecible.

Así pues, a destacar que las actuaciones tanto de Toni Collette como de la actriz debutante Milly Shapiro han sido piezas indispensables para que la historia no sólo funcione, sino también mejore tras cada escena. Estas dos actuaciones han sido las adecuadas en muchos aspectos y logran transmitir no sólo el horror y la incertidumbre, sino también el miedo y el sufrimiento humano.

La fotografía, los escenarios y cada uno de sus detalles, como por ejemplo la pequeña casita de muñecas que funge como “un horror a escala” de todo lo que está pasando, son elementos que elevan el film a un miedo más poético y hasta existencial. Por ello es que menciono que los detalles aquí son imprescindibles.

Y esto se debe a una experiencia única del director, pues cuenta que, en su niñez, vio a escondidas la inquietante y barroca película de Peter Greenaway The Cook, the Thief, His Wife & Her Lover y quedó sorprendido a través del poder que los escenarios tienen a la hora de transmitir algún sentimiento en específico. Y aquel film británico no sólo le incomodó hasta en lo más mínimo, sino que también fue la inspiración angular para Hereditary.

Y aunque es cierto que en algunos momentos flaquea y parece no saber a dónde ir, sobre todo en su rebuscado tramo final, lo cierto es que Hereditary  conserva mucha genialidad por todo aquello que ofrece. Sin caer en los trucos de marketing que tanto distorsionan a un film, puedo decirles que es diabólica y violenta, astuta y psicológica. Es probablemente un cambio considerable del género que ha venido para quedarse. Una nueva experiencia en el cine de horror y probablemente un film de culto en los próximos años.

Sinopsis:

“Cosas extrañas comienzan a suceder en casa de los Graham tras la muerte de la abuela y matriarca, que deja a su hija Annie en herencia su casa. Annie Graham, una galerista casada y con dos hijos, no tuvo una infancia demasiado feliz junto a su madre, y cree que la muerte de ésta puede hacer que pase página. Pero todo se complica cuando su hija menor comienza a ver figuras fantasmales, que también empiezan a aparecer ante su hermano.”

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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