Canta y no llores

Canta y no llores

Tomada de http://sillontecnico.com.mx
Emilio Coca

@cocabron

Soy una persona apasionada de la Selección Mexicana, soy de esos que intentan ver el lado positivo, sentir que cada partido es un día feriado, una fecha especial en el calendario e incluso, por qué no, me ilusiono en cada Mundial o torneo importante que juega el Tri. Soy de los aficionados que generalmente no se mete con el técnico: porque el futbol se juega dentro de la cancha y no fuera, sin embargo Osorio me ha complicado esta labor.

Primero pongamos un poco de contexto: después del Mundial de Alemania 2006, la Selección Mexicana ha sufrido por clasificarse a las Copas del Mundo. Primero con varios técnicos diferentes –Hugo Sánchez, Sven Göran Eriksson, Jesús Ramírez y Javier Aguirre– y después para Brasil 2014, cuando tuvimos al “Chepo” de la Torre, Luis Fernando Tena, Víctor Manuel Vucetich y al final “el Piojo” Herrera quien logró ponerle algo de dignidad a una selección que batalló contra rivales como Honduras, Jamaica, Costa Rica y Estados Unidos.

Sin embargo este ciclo mundialista fue diferente, bueno, como de costumbre hubo cambios en el banquillo, y es que Herrera, quien había sido el designado para llevarnos a tierras rusas, se vendió a partidos políticos en tiempo de veda electoral y se enfrascó en una pelea con los comentaristas de una de las televisoras que controlan la selección nacional: Tv Azteca. Salió con más pena que gloria, mentando madres, según su costumbre y llegó Juan Carlos Osorio, un técnico colombiano que pasó de noche en México dirigiendo al Puebla, club donde sumó dos victorias, dos empates y siete derrotas.

Pero bien, lo importante aquí no son los resultados, y es que si nos enfocáramos únicamente en eso, Osorio tendría todo a su favor, pues pasó “caminando” las eliminatorias, con seis victorias en 10 partido y sólo una derrota. Logrando el primer triunfo como visitante ante Estados Unidos en 44 años en eliminatoria mundialista y rompió el maleficio del “2-0” como visitante contra los estadounidenses.

Caeríamos en eso que muchas veces criticamos, en juzgar estrictamente a partir de los resultados sin tomar en cuenta el engranaje colectivo y sin atender a los merecimientos de cada equipo, es decir: la cantidad y calidad de ocasiones creadas.

Pero bueno, México no brilla en ninguno de esos campos, y para ejemplo los últimos dos partidos amistosos. Primero un empate aburridísimo contra Gales, donde lo más relevante fueron los 88 mil asistentes al Rose Bowl para ver a la selección y después contra Escocia, una selección rudimentaria, que jugaba al pelotazo, pero que logró sacarle uno que otro susto a la afición, pero que terminó con una victoria para los aztecas y un abucheo casi generalizado, bajo el título de “Fuera Osorio”.

¿Por qué la gente no quiere a Osorio?

Marcelo Bielsa, ex técnico de la selección argentina, durante una rueda de prensa con el Athletic de Bilbao señaló que “si no se premia un proceso que obtuvo menos de lo que mereció no hay mucho riesgo, pero si premia un proceso que lo que consiguió lo hizo de manera inmerecida sí hay mucho riesgo.” Y eso ha pasado con la selección, golpes de fortuna, esos que la cervecería patrocinadora del Tri con su eslogan «la suerte no juega” han señalado que no existe, pero que se convirtieron en una máxima de la selección.

Y es que en procesos anteriores existía incertdiumbre, esperanza, anhelos, pero nunca resignación, resignación creada por resultados clave en competencias importantes, como la derrota por 7-0 contra Chile en la Copa América Centenario, la derrota contra Jamaica en la Copa Oro y en el caso más reciente, la derrota por 4-1 contra Alemania en la Copa Confederaciones 2017.

Si bien, salvo Jamaica, los otros dos rivales eran de una jerarquía mayor, la selección se caracterizaba por sacar la casta contra equipos «grandes» y esta vez no metió ni las manos, siendo el punto de quiebre de todo este proceso; la falta de identidad, de un estilo. Porque se puede perder, pero mostrando tus cualidades, dejando todo en la cancha, como en aquel partido por octavos de final contra Argentina, donde México empujó hasta los tiempos extras y fue con un remate majestuoso de Maxi Rodríguez que el “Tri” fue eliminado, pero con Osorio nunca se ha visto nada cercano.

Osorio plantea sus partidos en base a las cualidades y defectos del rival, mas no en las capacidades de su equipo, lo que ha traído como consecuencia ganarle 2-0 a Curazao, con un equipo amateur superando a una selección mexicana con una infraestructura bárbara, pero que gracias a los errores contrarios se le pudo ganar. Como señala Bielsa: “(…)El equipo que gana a través de esperar el error contrario…no está más autorizado al éxito, está menos autorizado pues es menos probable que suceda.»

Después nos podemos pasar con otro tema que ha molestado a la afición y a los medios deportivos: las rotaciones, no sólo de alineaciones sino, de posiciones en el campo, pues ni un centro delantero, ni un defensa central se van a acomodar en las laterales, son funciones y recorridos completamente distintos, sí, hablo de Alanís y Raúl Jiménez o Chícharo, dependiendo el partido. Ha desperdiciado la calidad de estos jugadores e incluso, en el caso de los centrales mexicanos los exhibió de fea forma en casi todos los partidos que han disputado.

Esto nos lleva a otro punto: la lista de convocados, está bien, ningún técnico va a cumplir con todas las peticiones de la afición para llevar a sus jugadores pero si vas a competir con las mejores selecciones, debes llevar a especialistas en cada zona de la cancha, siendo consciente de las fortalezas y carencias de cada uno y dejar a jugadores como el “Gallito” Vázquez o Jesús Molina quienes, no solamente son fundamentales en sus clubes, sino, son de los pocos que controlan la recuperación del balón, no suena a una idea inteligente.

Al final el tiempo le puede dar la razón a Osorio, quien, por fortuna del aficionado, rechazó una ampliación de contrato con la selección mexicana. Pero por el momento el panorama pinta bastante desalentador, pues con uno de los grupos más complicados del Mundial, México necesita mostrar lo que no ha podido en tres años con el colombiano: jugar bien al futbol.

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