“Puebla, que nos dé vergüenza”. Don Tomás: un soldado trotamundos que quería...

“Puebla, que nos dé vergüenza”. Don Tomás: un soldado trotamundos que quería ser vaquero

Juan Daniel Flores

Mi infancia fue muy rara. Pocas veces jugaba. Mi padre abandonó a mi madre cuando tenía cerca de 3 años. Desde pequeños mi abuelito nos ponía a hacer quehaceres. Una catequista de la escuela le dijo a mi mamá que nos sacara del colegio, porque ya venían los comunistas y esas ideas no comulgaban con la iglesia católica. Entonces mi mamá me sacó de la escuela y me preguntó “¿en qué quieres trabajar?” Yo quería ser vaquero, pues me llevó a un establo que estaba aquí por la colonia Remedios, pero no aguanté. Después entré a trabajar a una fábrica de carrocerías allá por la 9 Norte y la 10 Poniente. En ese entonces yo vivía en el Rancho de la Rosa, allá por Xonaca, ¡gané $1.50!, era una fortuna para mí, se lo llevé a mi mamá de inmediato. También fui paletero en el Cine Reforma, como me daban mi comisión llegué a ganar hasta $28 al día, mientras un maestro ganaba $3.00 al día. También llegué a ser director de una fábrica textil de los hijos de Gonzalo Bautista en La Calera.

Fui soldado a los 18 años, me recluté durante el periodo de la Segunda Guerra Mundial, allá por 1944, fui artillero en San Juan Teotihuacán en el regimiento de artillería. Ahí vi que el país estaba limpio y ordenado, las ciudades que viví como soldado estaban limpias, esto me inspiró para salir con mi pancarta a las ciudades.

Hace muchos años esta colonia Azcárate no estaba pavimentada, pero toda estaba limpia, pasaba el inspector y checaba que estuvieran limpias las calles.

Todo eso nuestras autoridades lo han ido despreciando, por eso recorro las calles. Hay cosas que no es tan agradables contarlas. Vi varias inundaciones antes de que se entubara el Río San Francisco, a la altura de Dolores había un puente,   ahí vi una inundación que se llevó parte de los barandales y otra inundación que se llevó el puente de la 4 que llevaba al estanque de los pescaditos.

Aquí en el Parque Ecológico hubo una posita de entrenamiento igual a las que se usaban en USA, donde está el Hospital Guadalupe hubo un campo de prueba de entrenamiento militar. Yo estuve en entrenamiento en el ejército 3 años.

Hace mucho tiempo que ya tenía  ganas de salir con un cartel pero no me atrevía, hasta que llegó el momento, pero me dije “me van a decir loco”, hasta que me animé y un domingo salí. Fue un 18 de mayo del 2008, tenía 84 años, me dije, pase lo que pase, en nombre de Dios salgo. Me acompañó mi nieto, un joven, salí de aquí la 11 Oriente, pase por La Luz y me paré frente al templo, ya que estaba saliendo la gente de misa, me paré con mi primera pancarta, mi cartel decía: Puebla ciudad sucia, observa el frente de la casa de tu vecino, que nos dé vergüenza. Les causó admiración. Después fui a San Francisco a la salida de otras misas, allí me abordó un señor que era antorchita, le dije que no pertenecía a ninguna organización ni a nada, pero que salía con la intención de no pertenecer a nadie. Mi nieto también llevaba una pancarta pero se cansó tanto ese día que ya no quiso salir conmigo.    

Foto: Juan Daniel Flores

Después me fui a San José, toda la 2 y al portal de la 2 Norte hasta el zócalo. Ahí me preguntó un muchacho que si no me daba miedo el andar con un cartel así, yo le dije: “¿Por qué me va a dar miedo? Es la verdad”. El primer día caminé hasta las 6 de la tarde. También fuimos a Televisa por la Juárez, pasé por el Paseo Bravo y el zócalo. Después de eso fui a parar a la estación de radio allá por Plaza San Pedro, coincidí con otros trabajadores que también pretendían que les abrieran las puertas de la estación para hablar. Nunca nos atendieron.

Más adelante fui a pararme afuera de TV Azteca con mi pancarta, pero sólo salió un fotógrafo a retratarme y nada más. Yo quería exponer las demandas de mi pancarta.

Otro día me fui a parar a la Fuente de los Frailes, allá en La Paz, y pasó algo muy raro. Vi cómo por atrás en la rotonda pasó un auto con las insignias de la televisora TV Azteca como rondándome. Salió un señor y me dijo: “pase usted que lo van a atender”, yo le dije que no, que aquella vez que me paré afuera sólo me vacilaron y ni me atendieron, yo estaba dolido, esa persona insistió que pasara, que el señor Juan Carlos Valerio me iba a atender.

Llego a la televisora y este señor me dice amablemente: “vamos a que conozca usted a la presidenta municipal, ella lo quiere conocer. Es una reunión con medios ¿quiere usted ir?” Yo le dije que sí, mi pancarta no es de ofensa, pero que yo me iba caminando y que ellos se fueran en su auto. Me insistió y total que me convenció y fui.

Llegamos allí a la Presidencia y al bajar todos me echaron montón, ¡muchos periodistas  y reporteros! Al entrar el policía me puso un pero: sólo que la pancarta la tiene que dejar aquí, deje la pancarta con el policía, ahí en una mesa.

Después me subieron mi pancarta, nos sentamos en una mesa y ya estaba allí Blanca Alcalá. Me escuchó, le dije que sí había leyes, sólo que faltaba aplicarlas. Más adelante sacaron una campaña para la limpieza, que nos volviéramos limpios si no nos multarían.

Hace poco andaba con mi pancarta en los portales y vi gente de traje sentada tomándose el café, que se para una señora,  me saludo y me dijo: “qué bueno que anda haciendo esto”, pero nada más, era una senadora que se apellida Saldaña, yo no creí que fuera senadora, pensé que era periodista.

Cuando salía a otras ciudades iba curioseando su entrada: San Luis Potosí, Dolores Hidalgo, Monterrey, Guadalajara, y lo primero que veía era que estaban bien sucias, por eso me decidí a salir con mi pancarta a otras ciudades. Nunca vi una ciudad limpia, acaso en el centro se ven limpias porque las autoridades quieren dar esa imagen, pero las periferias siempre están sucias, como aquí en Puebla.

Conozco todas las capitales de los estados. He visitado 297 ciudades, las más importantes, llevando en todas mi pancarta, pienso llegar a las 300 pero ya no veo, me siento cansado. Aquí conozco, pero en otra ciudad que no conozca y con la vista así como ya la tengo me es muy difícil andar en las calles. Me ha agarrado la tarde con mi pancarta en una ciudad desconocida.

Cuando llego a la terminal de autobuses de una ciudad nueva pregunto dónde está el centro, dependiendo de la distancia tomo un autobús o camino, por ejemplo, cuando voy a Guadalajara llego a Tlaquepaque primero y de ahí tengo que tomar un transporte a Guadalajara.

Cuando salgo aquí en Puebla, me puedo ir por la 25, la 24 o la 31 y llego al zócalo, camino por calles transitables, voy a los mercados, salgo a las 9:00 a.m. y regreso a la 1 o 1:30 a mi negocio; sábado y domingo salgo a las 9 y regreso a las 4 o 6 de la tarde. Si tengo programado ir a alguna universidad, salgo antes de las 7:00 de la mañana, voy y me paro afuera de la universidad elegida. Me he parado afuera de un preescolar y los niños se detienen a deletrear lo que dice, pero me paro afuera de C.U. o de otra Universidad y, ¿usted cree que se paran a leer? ¡No les interesa! Simplemente me ignoran.

No ha habido ninguna universidad que se interese en platicar conmigo para hacer algo por la limpieza.

Una vez unos muchachos se juntaron conmigo con sus propias cartulinas pero no aguantaron, me dijeron que estaban bien cansados. Fue la única vez que alguien se interesó en mi mensaje y en acompañarme.

La otra vez en la 9 y 2 estaba un bote para tirar la basura, pasó un muchacho y tiró algo a pesar de que estaba el bote de basura. En otra ocasión, en la 9 Oriente cerca de la 16 de septiembre, estaba un señor en su auto, abrió su cajuela y sacó toda su basura dejándola en la banqueta, así como si nada, eso sí, el señor de traje y toda la cosa, sólo le dije: “lastima de ropa, señor”.

Otra vez, cuando estaba con mi pancarta cerca del Paseo Bravo, un muchacho sólo me veía y me veía, le hizo la parada al camión y al subirse me gritó “¡loco!”.

Si yo tuviera poder, le haría ver a la población que es muy malo tirar la basura, si no es por la buena, pues por la mala, como alguna ocasión escuche que hacían en E.E.U.U., se ponía a barrer a la gente dos, tres calles, si tiraba la basura.

Hoy veo no sólo a la Ciudad de Puebla sino a las ciudades en general más grandes, modernas y atractivas pero también más sucias y desordenadas.     

Mi propósito es que la gente vea y entienda mi mensaje, que no es otra cosa que el no caer como ciudad en lo que dice aquel viejo dicho: cara bonita pero trasero cagado.

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