Prescindir del Periodismo por los hijos

Prescindir del Periodismo por los hijos

Susana Sánchez Sánchez

@multiplesvoces

Si ejercer el Periodismo es complicado, hacerlo siendo madre lo es todavía más. Hay un cambio radical en las prioridades entre las reporteras sin hijos vs las reporteras con hijos, la tarea de éstas últimas se torna particularmente titánica, sobre todo en las condiciones económicas en las que viven en general los reporteros, cuyos ingresos económicos mensuales oscilan entre los cuatro y seis mil pesos.  Durante la soltería, las reporteras pueden esclavizarse a tres trabajos distintos que les permitan cubrir sus gastos; pero una vez inicia el proceso de maternidad, las prioridades de las mujeres cambian radicalmente, todo lo vuelcan hacia sus hijos y si ello requiere prescindir del Periodismo, generalmente lo hacen (así cuenten con el “apoyo” de su pareja).

Claro, también en el gremio hay padres cuya prioridad también son sus hijos, pero usualmente los hombres tienen resueltos los tiempos domésticos, bien porque sus esposas son amas de casa o tienen horarios flexibles o porque están separados y les toca ver a los hijos algunos días. Los hombres del Periodismo no suelen hacer un sacrificio de tipo profesional, por ejemplo, dejar su trabajo por cuidar a los niños; en cambio las reporteras empiezan a vérselas negras desde el embarazo, a veces porque sus jefes (incluidas si éstas son mujeres) no tienen la empatía ni la prudencia de entender por qué una mujer embarazada no puede ir a cubrir eventos que la pongan en riesgo, al contrario, pareciera que hay una norma tácita de ponerle zancadillas (las mandan, por ejemplo,  a cubrir eventos policíacos o masivos) para que sean ellas mismas quienes renuncien o se aparten algunos años del gremio.

Si bien existen reporteras que son madres y se mantienen en el gremio periodístico, suele ser gracias al tiempo de otra mujer, cuya labor no es remunerada, es decir, la mujer trabajadora le delega los cuidados de crianza a otras mujeres, generalmente miembros de su familia (abuelas, tías o primas) y  quienes en apariencia no trabajan o tienen horarios flexibles y ello les permite (obliga) a tener una fuerte carga de trabajo, en nombre del afecto familiar.

Los hombres del Periodismo no suelen hacer un sacrificio de tipo profesional, por ejemplo, dejar su trabajo por cuidar a los niños; en cambio las reporteras empiezan a vérselas negras desde el embarazo, a veces porque sus jefes  no tienen la empatía ni la prudencia de entender por qué una mujer embarazada no puede ir a cubrir eventos que la pongan en riesgo

Lo ideal sería que los trabajadores dedicados a la crianza de sus hijos tuvieran la oportunidad de acceder a guarderías, pero en el caso de los periodistas que ni a prestaciones sociales básicas llegan, tener un hijo es toda una hazaña, pues los tiempos indeterminados de la profesión y la demanda de la crianza de los niños tarde o temprano se empalman, y en ese dilema son las mujeres quienes suelen instalarse de tiempo completo en la vida doméstica y si deciden reincorporarse 10 o 15 años después,  les resulta complicado por la falta de actualización en el gremio.

Ser una trabajadora y madre en medio de condiciones precarias ha orillado a las mujeres (mucho más que a los hombres) a declinar por sus ambiciones profesionales. Lo ideal sería que las reporteras, a pesar de tener todas las condiciones a su favor, decidieran optar cien por ciento por la vida doméstica y no que las estructuras sociales y las condiciones económicas encaminen a las periodistas-madres por rumbos poco óptimos para su desarrollo profesional.

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