Las últimas prisioneras de los nazis en América Latina

Las últimas prisioneras de los nazis en América Latina

 

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’Paisaje con caballos’, obra del expresionista alemán Franz Marc, encontrada hace unos años en el apartamento de Cornelius Gürlitt en Múnich. (Wikimedia Commons)
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¿Se ha preguntado alguna vez por el origen y recorrido que ha seguido una obra de arte que se detuvo a observar, y lo dejó embelesado, en la sala de un museo de Europa, Estados Unidos o América Latina?

Alguna de ellas puede ser una de las protagonistas del robo de arte más grande de la historia, que se dio bajo la expansión del régimen nazi en Europa. Según expertos que han investigado este saqueo y la forma en la que se relaciona con el Holocausto, fueron más de 600.000 las obras que cambiaron de mano de forma irregular entre 1933 y el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945. El destino del 90 por ciento de estas piezas sigue siendo un misterio.

A partir de la década del 90 el tema ha adquirido especial notoriedad, especialmente en Europa y Estados Unidos. Pero hasta el momento un capítulo inexplorado de la historia es el que tiene que ver con América Latina, en donde hay varias claves que permiten comprender lo que pasó con el valioso botín.

La azarosa ruta que siguieron las obras de arte robadas por los nazis a través de la región mezcla historias de ambición, espías, contrabando, intrigas, listas negras de galerías, comerciantes y coleccionistas. Tiene como protagonistas desde un Presidente y prestigiosos museos, hasta ministros, delegaciones diplomáticas, profesores y cientos de refugiados que huyeron dejando todo o transaron con el enemigo por salvar sus vidas. También hay condesas y duques del pasado que hoy reclaman obras de arte que hicieron parte de una gloria que les fue arrebatada. Así se evidencia en cientos de miles de documentos desclasificados que incluyen interrogatorios, inventarios hechos por los mismos nazis y cruces de correspondencia. Documentos que por años se mantuvieron secretos y hasta el momento nunca se habían abordado desde una perspectiva latinoamericana.

Por ejemplo, la historia del ruso León Viasmensky, uno de los contrabandistas de arte robado por los nazis según la Oficina Federal de Investigación de los Estados Unidos (FBI), quien habría obtenido ayuda del entonces presidente de Panamá Arnulfo Arias para sus actividades. Según los documentos desclasificados, Viasmensky, gracias a contactos de alto nivel en el Istmo habría logrado un pasaporte de ese país bajo el nombre de Alfredo, lo que le permitió moverse sin mayor sospecha sobre él y su equipaje, en el que llevaba las obras. Estados Unidos veía con desconfianza a Arias por su cercanía con los nazis, por lo que no es descartable que los informes de inteligencia de la época estuvieran contaminados con ese prejuicio.

Gracias a los interrogatorios hechos por militares de los países Aliados a cargo de la recuperación del arte perdido, se ha comprobado que los contrabandistas usaron además ciudades de México, Cuba, Brasil, Argentina, Venezuela, Chile, Ecuador, Colombia, Perú y Uruguay, entre otros. Una vez allí, se establecían los contactos para las transacciones, la mayoría de las veces con prestigiosas galerías o museos principalmente de Nueva York, entonces el epicentro del arte en toda América.

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