El PRI de los petroleros, sin voto y sin empleo

El PRI de los petroleros, sin voto y sin empleo

La caída en la producción petrolera, la falta de inversión en el sector, y los empleos que no llegaron con la Reforma Energética enflacan el voto duro del PRI, en uno de sus sectores fuertes: el de los petroleros

En los últimos tres años, la planta de trabajadores sindicalizados de Pemex en Poza Rica se redujo en 25%
Foto: Arturo Contreras
Arturo Contreras y José Ignacio De Alba | Elecciones2018 

@estenoesartur | @ignaciodealba

Poza Rica, Veracruz. La euforia no cabe en Leticia Guerrero. Después de esperar más de dos horas, tolerar empujones, filas y lluvia, logró tomarse una foto con quien considera que es la mejor opción para Poza Rica y para el país: José Antonio Meade.

Leticia lleva 22 años trabajando en Petróleos Mexicanos como empleada administrativa, y como muchos en Poza Rica, su padre, su abuelo y sus hermanos han dedicado su vida laboral al petróleo. Ahora, teme que, con la Reforma Energética, y que los empleos de Pemex se trasladen a empresas extranjeras.

“Claro que me da miedo, por eso queremos apoyar al PRI, porque sabemos que el PRI, Pemex y Pepe (Meade) nos van a ayudar, nos van a cuidar, porque él no va a permitir que compañías extranjeras vengan a quitar el trabajo de nosotros, los petroleros” asegura, como si su candidato no fuera parte del grupo que aprobó las reformas que le quitaron el monopolio de los hidrocarburos al gobierno mexicano.

Es el mediodía del sábado 5 de mayo. Leticia y su familia vinieron a la plaza cívica 18 de marzo a ver a Meade, al líder sindical, el senador priísta Carlos Romero Deschamps, y al candidato priista a la gubernatura del estado, Pepe Yunes.

Paradójicamente, estos priístas son los que más han mellado la vida de los  petroleros. El propio Romero Deschamps apoyó la Reforma Energética y marcó una nueva era para los trabajadores del otrora poderoso sindicato petrolero.

Hoy, Poza Rica como todas las ciudades petroleras del país se está quedando sin oficio.

En los últimos cuatro años, Pemex ha echado a la cuarta parte de su planta laboral, al pasar de 153 mil 185 trabajadores en 2014, a 116 mil en 2018.

Poza Rica es sede de la sección 30 del sindicato de petroleros, una de sus divisiones más fuertes, encabezada por Sergio Quiroz Cruz, ex presidente municipal y ex diputado federal, que ha sido acusado de participar en actividades delictivas.

Quiroz es uno de los hombres leales Romero Deschamps. Y el PRI sigue confiando en el voto duro que le proporcionan los trabajadores sindicalizados que, de acuerdo con las cifras más actualizadas, en esta ciudad suma poco más de 9 mil sufragios.

Pero el desencanto petrolero no sólo se muestra entre los pocos asistentes al mitin de Meade, cuyas imágenes son muy distantes a los despliegues de fuerza roja de las épocas de bonanza. En 2017, cuando se renovaron las alcaldías de todo el estado, la zona petrolera del norte de Veracruz resultó en estrepitosas derrotas para el PRI, que cayó al tercer lugar en ciudades como Tuxpan, Papantla y Poza Rica, donde ahora gobierna Morena.

“La situación económica está impactando mucho a la gente, no es lo mismo, la gente le piensa mucho, ya no es el corporativismo de antes que decía uno, pues vamos por aquí y de aquí vamos todos, ¿no? La gente ya le piensa más, ya analiza más”, dice Víctor Martínez, un trabajador petrolero que no forma parte del sindicato, y que resume lo que muchos de sus conocidos piensan.

Para trabajadores sindicalizados, como Víctor Humberto López, la Reforma Energética tuvo el efecto contrario al que el gobierno prometió.

“En Poza Rica había caído una derrama económica muy grande, llegaron compañías y había chamba en las compañías y en Pemex, pero ahora no”, cuenta López, otrora trabajador transitorio sindicalizado, lo que significaba que, por pertenecer al sindicato, de manera preferencial era considerado para empleos temporales en la paraestatal.

Los trabajos transitorios, si bien eran temporales, podían mantener a un empleado ocupado tres semanas al mes, y con una buena paga. Pero esos trabajos ahora escasean. Antes, dice el trabajador, se repartían de acuerdo con la especialidad del trabajador, así fuera ingeniero o técnico; hoy, lo único que hay son trabajos esporádicos cada tres meses, sin ninguna especialización, en una oficina y en algunas ocasiones, para fines partidistas.

Foto: Arturo Contreras
El sur se amorenó

El tiro de gracia para los petroleros sindicalizados llegó con la Reforma Energética. Pero el declive comenzó muchos años antes. En el sexenio de Miguel de la Madrid, cuando Carlos Salinas de Gortari, desde la Secretaría de Programación y Presupuesto, emitió un acuerdo en el cual se cancelaba la obligación de Pemex de dar contratos al sindicato cuenta el periodista Mussio Cárdenas, uno de los analistas del sur de Veracruz que mejor conoce al sindicato petrolero.

En una larga charla, Cárdenas reparte anécdotas de las buenas épocas sindicales, cuando la bonanza y los excesos del sindicato estaban condicionados a la obediencia al poder presidencial. Una época que comenzó a terminarse en 1988, cuando Joaquín Hernández Galicia, el legendario dirigente sindical conocido como La Quina apoyó la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas, en lugar de apoyar la de Carlos Salinas de Gortari, candidato del partido en el poder. Salinas nunca lo perdonó y Hernández Galicia pagó su desacato con cárcel y la pérdida de todo su poder.

A Carlos Romero Deschamps, el actual líder del sindicato, se le consagró la tarea de sacar a los cabecillas disidentes. Pero el hombre, ahora senador de la República, está más cerca del presidente que de los petroleros, y mantuvo los excesos del viejo régimen sólo para sí mismo, su familia y amigos.

Quizá por eso, el desencanto petrolero es más fuerte y más viejo con los petroleros del sur, donde Morena ya gobierna en Agua Dulce y Coatzacoalcos, y donde nadie tiene duda que los trabajadores petroleros votarán por Andrés Manuel López Obrador.

El PRI mantiene algunos cotos de poder en Poza Rica y Minatitlán, en la sección 10. Por eso hay secciones, como la 11, ubicada en Nachitán que son claras disidentes al poder que le queda a Romero Deschamps.

En la empresa paraestatal estuvo montado el desarrollo del país durante más de medio siglo, y no sólo fue un medio de control electoral del sindicato obrero. También fue como botín de gobernantes. El caso más reciente de corrupción es el de la constructora brasileña Odebrecht, que hizo obras de infraestructura en casi todo el continente gracias a dinero que pagó a diferentes gobiernos. En México, la información se clasificó a pesar de que Emilio Lozoya, ex director de Pemex, es señalado por recibir sobornos millonarios.  

Ahora, Didier Marquina, dirigente de la Unión de Técnicos y Profesionales Petroleros ubicada en Coatzacoalcos acusa a los gobernantes de desmantelar la empresa. Para él, “sólo hay dos caminos: ver cómo hacen a la empresa pedazos o abogar por el desarrollo interno de la empresa y por el desarrollo del país”.

 

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