El levantón no existe

El levantón no existe

En su columna El Malhablado, el periodista y escritor Federico Mastrogiovanni, autor del libro Ni vivos ni muertos (Penguin Random House, 2014) y El asesino que no seremos (Penguin Random House, 2017), explica cómo la palabra levantón, reproducida por el peor periodismo y por los medios comunicación, oculta la responsabilidad de los funcionarios públicos en la desaparición forzada de personas

Ilustración: Santiago Moyao | Tomada de perrocronico.com/
Federico Mastrogiovanni | Perro crónico

@Fedemast | @PerroCronico

Te agarran, te empujan, te inmovilizan. Tienes las manos atadas.

Te suben a un auto, te empujan la cabeza hacia abajo, con fuerza. Golpes en los riñones, golpes en el vientre. Una capucha. Oscuridad.

Tu cara tumefacta, no respiras. No respiras, carajo, no respiras. Todo es oscuridad. Todo te duele.

Tu boca seca necesita agua. Un trago de agua, aunque sea. Las voces, afuera de la oscuridad, te insultan, te humillan. Se acabó.

Levantón es una palabra que escribe el reportero en su nota en el periódico callejero de tres pesos con muertos y chichis en la portada. La reproduce con una media sonrisa el periodista de saco y corbata lleno de maquillaje en el noticiero estelar del canal de las estrellas. La repite con tono afectado el experto que habla de cosas sin saber de qué habla en el programa de radio que se escucha en el taxi entre un mal chiste machista y un reggaetón.

Pero el levantón no existe. Es una mentira. Es un engaño. Es un error.

Los hombres que te llevaron tienen nombre. Son una banda de secuestradores. Operan en la zona. Van a pedirle dinero a tus padres para liberarte. El jefe de la policía está enterado. Se mochan, le pasan su cuota. Él sabe, tiene su ganancia.

Se llama desaparición forzada. El levantón no existe.

Los hombres que te llevaron son militares. Te chingaron porque, te dicen, eres un criminal, eres parte de un cártel, porque vendes droga. Te torturan, te obligan a confesar delitos. Nunca vas a volver a tu casa. Se llama desaparición forzada. El levantón no existe.

Los hombres que te llevaron te venían controlando. Tú y tus chingaderas políticas, los movimientos sociales, la lucha por la defensa de la tierra, por la libertad de expresión, por la libertad sexual. Te avisaron muchas veces, tenías que saberlo, te pasaste de la raya. Al fin te tocó. Te dicen: “Ahora sí ya valiste madre, puto”. Te sueltan otro chingadazo. Te dicen: “ahora sí ya te chingastes”. Su uniforme es azul.  Se llama desaparición forzada. El levantón no existe.

Los hombres que te llevaron te han violado. Estás tirada en un rincón, golpeada, humillada, asustada. Son del barrio, es gente que ya habías visto. Te han agredido como bestias. Eran los que te chiflaban con sus guiños de cerdos, los que te decían “mamacitaaa” frente a todos, impunemente, sin que nadie se quejara.  Se llama secuestro, violación, feminicidio. El levantón no existe.

No existe porque no explica nada. Solo le echa la culpa al secuestrado. Hace pensar, implícitamente, que la persona que desapareció tenía “algo que ver”, que “en algo estaba metida”, que era “un arreglo de cuentas”.

El levantón, expresión inventada por el peor periodismo, excluye de la historia a los policías, a los militares, a los funcionarios públicos que muchas veces son los responsables, por acción directa o por omisión, de la desaparición de una persona. Y cuando eso pasa se llama desaparición forzada.

Se llama desaparición forzada para que quede claro desde su nombre que las instituciones estuvieron ahí, y en lugar de evitarlo, fueron responsables.

Las palabras son importantes.

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